Ángel Vargas
Ciudad de México. La curiosidad de José Emilio Pacheco (1939-2014) era omnívora, al extremo de que en alguna ocasión compró un libro sobre motores automovilísticos por si algún día se le ocurría escribir algo de un mecánico. Cuenta la leyenda, también, que escogía los libros por su aroma, aunque nadie lo descubrió haciéndolo.
Varios fueron los recuerdos y anécdotas que se suscitaron en torno del escritor en el homenaje que El Colegio Nacional le rindió este lunes con motivo de los 80 años de su nacimiento, cumplidos el pasado 30 de junio.
El organismo —del cual el autor fue miembro desde 1986 hasta su muerte, el 26 de enero de 2014– recordó la efeméride con la inauguración de una librería en sus instalaciones, el comienzo de su quinto Gran remate de libros y la mesa redonda Presencia de José Emilio Pacheco.
Coordinado por los escritores Juan Villoro y Vicente Quirarte, el homenaje reunió a amigos, estudiosos y admiradores de la obra de JEP —como se le conocía de forma cariñosa al escritor— en un acto en el que se evocó su conocimiento enciclopédico, su generosidad desmedida, su modestia extrema y su rectitud ética, así como el gran talante de su obra.
Con la presencia entre el público de su viuda, Cristina Pacheco, fue una mesa que reunió a especialistas en diversas disciplinas que abordaron la obra del escritor desde diversas perspectivas. Desde su compromiso con el conocimiento y las aportaciones de su columna periodística Inventario hasta su preocupación ecologista y su influencia en la cultura popular.
Juan Villoro habló de la erudición extraordinaria de Pacheco, la cual, dijo, nunca estuvo lastrada por la pedantería y se caracterizaba por convertir los conocimientos en una forma de la diversión y la sugerencia.
El autor José Ramón Ruisánchez, profesor en la Universidad de Houston, recordó el interés genuino de Pacheco por todos los temas, su preocupación por los problemas de su época y la manera en que se comprometía con el conocimiento, al extremo de que si quería estudiar un autor leía toda su obra.
El ensayista Álvaro Ruiz Rodilla mencionó que más que nadie de su generación JEP fue el maestro del homenaje, aunque no en el sentido institucional, solemne ni protocolario, sino de esos homenajes hechos de escritura.
En ese sentido aludió a la columna Inventario, “la aportación más importante del periodismo cultural mexicano y de las más longevas”, publicada desde 1973 hasta 2014: “Era una auténtica ocasión para revisitar a autores, preguntase por los juicios y prejuicios que tuvieron en su tiempo y lo que aportaron a la literatura”.
La bióloga Ek del Val de Gortari abordó un tema poco tratado en la obra de José Emilio Pacheco: su preocupación por el problema ecológico.
Mientras que el músico Joselo Rangel, integrante del grupo Café Tacuba, contó cómo nació la famosa canción “Las batallas”, inspirada en el libro Las batallas en el desierto, de JEP. Aclaró que nunca fue con la intención de promover la lectura.





