Iván Restrepo
Pero ¿qué mal hemos hecho los ciudadanos de la capital del país y sus miles de visitantes para soportar el enorme daño que las autoridades locales hacen a la infraestructura urbana, a la ecología? ¿A qué “expertos” les encargó llenar a su mobiliario de colores? Y para promocionar el Mundial de futbol, pintar en avenidas, muros y puentes de todo tipo la figura del ajolote, especie en peligro crítico de extinción por la destrucción de su hábitat natural: las diezmadas áreas lacustres de Xochimilco. El uso del ajolote como marca y mascota se contradice con los escasos esfuerzos para su conservación. Una “ajolotización” que despertó el rechazo de la población vía las redes sociales y los medios de comunicación.
Una de las personalidades más destacadas de México en el tema de las ciudades es el arquitecto Felipe Leal. Integrante de El Colegio Nacional, su fama trasciende nuestras fronteras. Un pequeño, pero visible ejemplo de su trabajo fue la rehabilitación de la Avenida Juárez desde su cruce con la de Reforma hasta el Eje Central Lázaro Cárdenas. La llevó a cabo durante el gobierno de Marcelo Ebrard.
En ese espacio destacan la Alameda, donde le devolvió su esplendor a andadores, áreas verdes, fuentes de agua, el kiosco, a bancas y esculturas. El monumento al Benemérito, reluciente, así como la plazoleta frente al Palacio de las Bellas Artes. La acera del trayecto citado, ampliada y reconstruida con materiales adecuados. Pero a la Alameda y sus áreas adyacentes las invadió el comercio ambulante. Las bancas deterioradas las ocupan con mercancía; los árboles les sirven como tendedero de ropa para la venta. El kiosco en estado lamentable; grafitis y basura por todos lados. Parte del piso de los andadores, sin loseta.
El arquitecto Leal refiere algunos de los atentados que comete ahora la administración local como parte del llamado “urbanismo táctico mundialista”. En una entrevista con el comunicador Enrique Acevedo, califica de absurdo pintar el concreto de la infraestructura urbana, el cual lucía muy bien. Ahora lo cubrieron indiscriminadamente de colores rojo, morado y amarillo, los cuales se utilizan en el mundo para señalar vialidades, no como adorno. Aquí, dice, semeja fiesta patronal de pueblito, un gasto innecesario, nada estético. El amarillo de cadmio, además, es la pintura más costosa y contaminante. Quitarla, tarea difícil. Y por si fuera poco, ese alud decorativo compite visualmente con los colores de señales establecidas en semáforos, cruces y demás dispositivos viales utilizados en las ciudades del mundo.
Leal igualmente critica la cromática urbana referente al alumbrado público. No debe ser tan encendido. Lo correcto es que prevalezca el verde oscuro, el gris o el verde botella, como el que tuvo la ciudad durante décadas. Además, pintan rejas, puentes para peatones de color morado, el cual choca con la estética urbana. En cambio, están despintadas las cebras para el paso de los peatones, los accesos al Metrobús y cruceros importantes; en sitios que requieren atención, como escuelas y hospitales. Con el paso de los días, ese muestrario caótico de pintura se deteriorará por la humedad, el agua de las lluvias y la contaminación que origina el parque automotriz. Mejor y más provechoso hubiera sido sembrar árboles.
Otro aspecto en el que el arquitecto Leal coincide con la opinión generalizada de la población es la falta de arreglo de las aceras, la reparación de los baches, los cuales abundan por doquier; el tener en buen estado el sistema de captación de las aguas de lluvia, liberándolo de basura. Las inundaciones que la semana pasada afectaron severamente al oriente de la urbe, mostraron la carencia de una estrategia para afrontar los aguaceros, que serán en el futuro más intensos.
Agrego otro vacío fundamental: programas para retener al máximo en la ciudad y en la Cuenca de México el agua de las lluvias a fin de recargar el manto freático, sobrexplotado al máximo desde hace décadas. Se extrae más líquido del que recibe vía las áreas verdes y forestales. Es una de las causas del hundimiento de la ciudad. Un elemento vital para la vida se desperdicia y se mezcla con las aguas negras de las poblaciones. Cuando termine el Mundial de futbol, nos quedan, agravados, los problemas de tránsito, agua, transporte público, seguridad y equipamiento urbano.





