Juan Pablo Duch

El acuerdo que anunció el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tras hablar por teléfono el viernes anterior con su colega ruso, Vladimir Putin, para comprar antes de las cruciales elecciones de noviembre 300 mil toneladas de diésel y, después, un millón 500 mil toneladas más –cantidad que en el medio plazo podría llegar a 3 millones de toneladas mensuales, según el vicepremier ruso Aleksandr Novak a cargo del sector energético– indignó al gobierno ucranio, que seguirá atacando refinerías en el interior de Rusia, y sorprendió a muchos rusos ante la escasez del combustible que se observa en las gasolineras, incluso de la capital rusa.

El presidente Volodymir Zelensky criticó de inmediato que Trump, al pactar con Putin la compra de diésel al margen de las sanciones que el propio Estados Unidos estableció, no contribuye a la causa de la paz “al financiar la guerra”, aunque lo que más molestó en Kiev fue la forma en que se hizo el anuncio: el mismo día que llegó a Miami una delegación ucrania para conocer las “nuevas ideas” de la Casa Blanca para facilitar el reinicio de las negociaciones trilaterales de un arreglo político del conflicto entre Rusia y Ucrania.

Horas después de la conversación “altamente exitosa” de los presidentes estadunidense y ruso, Ucrania atacó una terminal de carga de petróleo en cisternas de ferrocarril en la región de Rostov, que procesa 3 millones y medio de toneladas anuales procedentes de la refinería de Novoshajtinsk. Las imágenes satelitales, reproducidas en canales de Telegram como el ucranio Exilnova+ y el ruso Astra, muestran un fuerte incendio en la terminal.

Desde septiembre pasado, las refinerías de Kirishaj, Volgogrado y Nizhny Novgorod, tres de las seis más importantes que producen diésel en Rusia, quedaron fuera de servicio por ataques ucranios.

Desde mucho antes, el Kremlin prohibió exportar diésel y, ahora, el vicepremier Novak informó que se procederá cuanto antes a levantar la restricción para poder cumplir el acuerdo de los presidentes y Rusia, después del millón 800 mil toneladas de diésel pactado, “estaría en condiciones de suministrar al mercado 3 millones de toneladas al mes, si las condiciones lo permiten”. En otras palabras, cuando termine la reparación de las refinerías dañadas y otras no son atacadas.

A diferencia de la versión oficial del Kremlin en el sentido de que el acuerdo con Trump va a incidir positivamente en el mercado internacional, expertos independientes expresaron este sábado su asombro.

Así el economista Serguei Aleksashenko, quien se desempeñó como vicegobernador del banco central de Rusia y tuvo que irse al exilio, recordó que Estados Unidos consume entre 3 millones 800 mil y 3 millones 900 mil barriles diarios de diésel, mientras Rusia prometió mandar en octubre 2 millones 200 mil barriles, poco más de la mitad de la cantidad que necesita en un solo día.

“Y lo más gracioso –escribió en Telegram– es que Estados Unidos no necesita el diésel ruso. Estados Unidos es uno de los principales exportadores de derivados de petróleo en el mundo, y el elevado precio del diésel se debe ahí a que las compañías estadunidenses lo venden en Europa, donde el precio es más alto. Cada día exportan entre un millón 500 mil y un millón 900 mil barriles de diésel”.

Para Aleksahenko, el acuerdo entre Trump y Putin “en realidad, sólo va a permitir que las compañías estadunidenses compren el diésel ruso en Ust-Luga y lo vendan en Róterdam con gastos mínimos en transporte, aprovechando que está vigente la prohibición de la Unión Europa para comprar diésel ruso”.

Para Aleksandra Filipenko, especialista en Estados Unidos, y Mijail Krutijin, experto de materia de mercados de energéticos, Trump únicamente busca hacer creer a los electores estadunidenses que los precios del diésel subieron por culpa de los ataques de Ucrania a refinerías rusas, y no por el desastre que él causó en el estrecho de Ormuz al iniciar su ilegal guerra con Irán.

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