Luis Ricardo Guerrero Romero

Hace aproximadamente un lustro una prestigiosa y poderosa compañía de trasportes llegó a la capital Sujumi, allá en el país de Georgia, con la firme intención competir con otras líneas de mensajería que comenzaban a crecer de modo exponencial. La compañía financió la estancia de  un grupo de ocho personas mexicanas (cuatro mujeres y cuatro hombres) que tuvieron la encomienda de ir a realizar una tarea algo extraña, por la cual iban a ser remunerados el resto de sus vidas, la tarea consistía en ir a poblar Sujumi de modo arbitrario, es decir que, a estas ocho personas se les había encargado procrear sin miramientos ni moral, sencillamente debían ganarse la confianza de muchos oriundos georgianos y ser los amantes, parejas, frees, cementales o conejeras de cuantos pudieran. A las mujeres mexicanas por ser las que iban a parir todos hijos que pudieran con la cantidad mayor de parejeras que lograran tener, además de darles aquel sueldo perpetuo, también se les proporcionaría educación a dos de sus hijos –cosa redituable en realidad, puesto que los hombres de Sujumi suelen ser padres solteros muy responsables–. A los hombres en cambio se les ofreció la posibilidad de regresarlos a México luego de haber embarazado por lo menos a 15 mujeres georgianas –también muy provechoso el negocio, pues de los cuatro varones, sólo uno se quedó a radicar allá, debido a que se enamoró perdidamente de la amante número 18–. La cosa era sencilla para estos ocho compatriotas, comentan que lo más complejo fue aprender lenguas kartvelianas (caucásicas meridionales), lo demás fue cosa de ganarse la confianza.

Confianza, este sustantivo femenino tiene mucho que ver con los tiempos del hombre, incluso es tan importante que nuestro lenguaje pide ganársela, aunque a veces eso no significa algo positivo, puesto que habrá quienes como el conventículo ya mencionado, ganan la confianza con propósitos ventajosos. No obstante a ese tipo de personas, sabemos que la confianza se lleva a cabo segundo a segundo, de modo casi imperceptible, por ejemplo salimos de casa confiados, alguien nos tiene confianza y nos mira como su semejante,  confiamos en quien nos saluda y confiamos en quien no conocemos y nos mira indistintamente. Conjugamos con la vista mientras caminamos por las calles: yo confío, el confía, ella confía, etcétera. Del latín confido, y fiducia (arcaísmo aún empleado) se generó nuestro sustantivo femenino, la palabra que atendemos es generadora de otras más que conservan su esencia como creer, esperanza, seguridad. Así encontramos: confidente, confianzudo, confiable, entre otras.

La acción de confiar es tan elemental como pertinente en cada acto que hacemos. Aseguran que la baja autoestima es dañina, sin embargo tener baja confianza es peor. Si hay una idea-acción reinante en nuestras personas y el mundo, esa es la confianza. Los mexicanos somos muy confianzudos, habrá que agregar, confianzudos en lo que nos conviene, pero al mundo le conviene desconfiar en lo que convenga, tener confianza es más bien, dejarla ir.

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