Carlos López Torres
Con congresistas como Desfassiux, Jano y Romero Calzada en acción, uno no puede dejar de preguntarse: ¿será qué el instinto y el espectáculo terminarán sustituyendo a la maltrecha racionalidad y civilidad política?
La degradación de la política pareciera alcanzar niveles ya insoportables para una cansada sociedad, recurrentemente tratada como menor de edad, a la que se considera como incapaz de discernir entre las repetidas mentiras oficiales y la realidad cotidiana que la agobia.
Si de la vista nace el amor, como lo reitera el viejo adagio popular, lo cierto es que la añeja pretensión partidista de abarcar con su divisa colorante todo cuanto se pone en su vista, no sólo no genera más popularidad, sino que está resultando más desgastante y confrontante, amén de ser cada vez menos atendida por quienes exigen pocos desfiguros y más coherencia de los desdibujados gobiernos que malgastan el erario en los diferentes niveles de su mediocre actuación.
Más aún, cuando las preocupaciones ciudadanas tienen que ver con un verdadero alto a la corrupción, a partir de una administración honesta y transparente en el manejo de los recursos puestos a disposición de los funcionarios, que permitan la implementación de políticas públicas y legislaciones realmente tendientes a reglamentar la convivencia civilizada y la toma de decisiones mínimamente consultadas con los diversos sectores de la población, no dejan de ser distractoras las acciones realizadas por quienes dicen representar al electorado.
Por supuesto, no es suficiente la mera opinión condenatoria, si ello no va acompañado de acciones que irrumpan en el descompuesto escenario de la clase política y sus partidos, así como la elaboración de propuestas discutidas y armadas desde la sociedad, desde sus clases y sectores sociales mayoritarios que impidan la continuación de la imposición sistemática de leyes y actos de gobierno, contrarios al interés general y la dignidad humana.
Por estos días recibimos algunas lecciones sobre resistencia, unificación popular y lucha por un verdadero cambio en la relación gobernantes y gobernados que son atendibles.




