• Líderes contra agentes de derecha
  • Entre demócratas y genocidas

Carlos Fernández-Vega

El ejercicio es por demás que plausible (aunque tal vez tardío, ante las crecientes barbaridades imperiales y su embate autoritario en contra de la democracia), sin duda, pero el punto es: ¿qué tan efectivo, si en realidad lo es, resultará el cónclave de presidentes, primeros ministros y representantes de 20 países reunidos en Barcelona? ¿Alcanzará para enfrentar los embates de un enloquecido Donald Trump, quien, como el caballo de Atila, por donde pasa todo destroza?

Loable, también, el llamado de la presidenta Claudia Sheinbaum para consensuar una declaración conjunta contra una intervención militar en Cuba (la siguiente aventura guerrera, aún en lista de espera, del esperpéntico personaje de la Casa Blanca), pero ¿alcanzará esa proclama para evitar una agresión más a la mayor de las Antillas? (especialmente cuando entre los potenciales abajo firmantes aparecen ex mandatarios que, como Gabriel Boric, han calificado a la isla como “una dictadura”, o Pedro Sánchez, quien no es muy “apapachador” de la causa cubana, al tiempo que en su mandato fingió demencia en el genocidio de Gaza, permitió el uso de los puertos españoles para el trasiego de armas a Israel y avaló que la industria armamentista de su país nutriera las bodegas sionistas para asesinar palestinos, aunque al final de cuentas se pronunció en contra de todo esto; o el propio presidente uruguayo, Yamandú Orsi, que ha sido extremadamente crítico con respecto al modelo cubano).

Así, en la Cumbre en Defensa de la Democracia se reunió una mezcla de dirigentes de chile, dulce y manteca, todos con pancarta de la democracia, pero a la hora de la hora la mayoría de ellos terminan por doblar las manos ante las nada sutiles presiones y chantajes de Washington. Queda claro que en ese pequeño universo sólo tres de los actuales líderes latinoamericanos históricamente han mantenido una posición nítida sobre Cuba: Claudia Sheinbaum, Lula da Silva y Gustavo Petro. El resto de la región es dominada por agentes de la ultraderecha al servicio de la Casa Blanca e Israel (oficialmente, Javier Milei, José Antonio Kast, el narco platanero Daniel Noboa, Rodrigo Paz, Najib Bukele, Rodrigo Chávez, Nasri Asfuera, Luis Abinade, Kamla Persad y Santiago Peña; ninguno fue autorizado por sus respectivos congresos).

Esos agentes, y algunos más (quienes por obvias razones no asistieron a la Cumbre de Barcelona), de inmediato y sin chistar atienden las órdenes de Trump, por ejemplo aquella (marzo pasado) de “sumarse” a uno de sus inventos: el Escudo de Américas, una “alianza militar” regional oficialmente destinada a “combatir las organizaciones criminales trasnacionales” en Latinoamérica y el Caribe, aunque en los hechos no es más que una carta en blanco para que Washington meta las narices y sus tropas donde se le pegue la gana.

De cualquier suerte, ya en el plano optimista y sin obviar que la diplomacia dejó de ser algo útil ante el autoritarismo de la Casa Blanca, es de esperar que la Cumbre de Barcelona trascienda los discursos, los ceremoniales y los comunicados conjuntos para que por lo menos parte de sus enunciados se lleven a cabo, especialmente para evitar el asalto a Cuba. En esto, por lo menos, no hay duda del proceder y el compromiso de tres grandes naciones latinoamericanas: México, Brasil y Colombia. Sin embargo, América Latina y el Caribe se compone por 33 países.

En vía de mientras, en tal foro la presidenta Sheinbaum pronunció un discurso muy bien elaborado y con mensaje claro: “vengo de un pueblo que reconoce su origen en las grandes culturas originarias, aquellas que fueron acalladas, esclavizadas y saqueadas, pero que nunca fueron derrotadas, porque hay memorias que no se conquistan y raíces que nunca se arrancan. Vengo de la Pirámide del Sol, vengo de Tláloc, de Huitzilopochtli, de Coatlicue. Vengo de una historia milenaria que no es pasado, es presente vivo en nuestras comunidades, en nuestras lenguas, en nuestra forma de mirar el mundo. Vengo de un pueblo con valores espirituales profundos que sabe que su historia es sagrada, porque en ella encuentra la fuerza para levantarse, resistir y seguir tejiendo con dignidad su destino”.

Vengo, pues, dijo “de un país que abrazó al exilio (como el español) y convirtió la solidaridad en acción” y que, en soledad, no ha dejado de reivindicar el derecho de Cuba a la autodeterminación.

Las rebanadas del pastel

Entonces, ¿qué porción de “te partimos toda tu madre” no ha entendido Trump en su desaforada agresión contra Irán? Va por la vida como pato salvaje, no da una, se contradice permanentemente, le pegan por todos lados y todavía exige.

X: @cafevega

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