José Cueli
“El México mayoritario” va a dar entrada a la Copa Mundial de Futbol 2026, con sus características. Nuevas migraciones de la interminable montaña.
Del lago de Neza y su bordo de Xochiaca, olor a gas envolviéndolo, la Luna sobre el lago, los enjambres de moscas sobre el lago alumbrado; olas negras en organizado vuelo, aprendimos a tocarlas, ¿recuerdan?, sin matarlas.
Cómo extraño el lago, cuando me hacías cariños en la mollera me llegaba tu calor, te quedabas con mis piojos en las uñas, adorabas tus uñas, te quedabas con mis piojos, su exudado de grasa chicharronera.
Hoy aquí, en el cerro citadino no hay lago, es la montaña pelona, venimos del campo, ya vamos de regreso a la ciudad, nos empuja al campo otra vez, ya no cabemos, pero, ¿qué nos importa? ¡Venimos de la montaña a ver el futbol! Estoy tan emocionado: ¡vamos a ganar!
Qué bonitas las olas negras, su ondular sobre el lago: su zumbido que se asemeja a Las cuatro estaciones de Vivaldi, escuchar esa música silenciosamente sin palabra. Es baile, es aserrar de carpinteros, de suave a lento, de grave a suave; la música te invade, te inunda: al decir adiós a nuestras casas en Chimalhuacán, qué bonito era Chimalhuacán, ¿verdad? El toque de sus artesanos al esculpir piedra.
Es siniestro nacer derrotado, sin pensamiento, sin conciencia, ubicado en el infierno del lago de Texcoco, el lago de un viejo rey llamado Nezahualcóyotl, en las afueras de la antigua capital azteca, no hay que quejarse, a nadie importa que no comas, que estés desnutrido, que comas tierra, que siempre estés atarantado por el hambre, ni que no tengas donde enterrar a tus hijos, muertos o abortados, por el hambre, debajo del lago quedaron los restos entre arañas, hormigas, moscas, charales.
Cállate, sepúltate, apréndete la palabra muchas veces, mil veces, un millón de veces, un billón de veces, un billón de billones de veces, un trillón de trillones de veces, deja vivir en paz a los de las Lomas de allá tras lomitas, que vivan de acuerdo a la ley, las normas, a quién sabe, nadie sabe si hay paz o guerra, si estás vivo o estás muerto.
Un recuerdo a la familia Villoro Ruiz Villán.




