Juan Manuel Vázquez

Un trío formado por una japonesa que huyó a Nueva York en busca de libertad creativa y unos gemelos italianos con pelo blanco forman Blonde Redhead, una banda con más de tres décadas de vida y una discografía más que respetable.

Este lunes, Kazu Makino y los hermanos Amedeo y Simone Pace iniciaron su gira en el Teatro Metropolitan, en la que recorrerán una pequeña parte de Sudamérica, pero arrancan en la capital chilanga porque aquí ya son viejos conocidos.

Desde su primera presentación en el Teatro Esperanza Iris, hace casi 20 años, han creado un público que ya debe integrar a un par de generaciones: adultos canosos, como los hermanos Pace, y una legión de jóvenes que conoció al grupo en la era del revival de Instagram o Tiktok.

En el foro de la calle Independencia, en el Centro Histórico, los escuchas maduros que encontraron en esta banda un refugio para la nostalgia, tras la ausencia de las bandas históricas del dreampop y el shoegaze, celebraban junto a adolescentes que los descubrieron por la serie de animación Rick and Morty, que utilizó el tema For the damaged coda de 2000.

Cualquiera que haya pasado alguna madrugada en vela dándole con el dedo a la pantalla para mirar los cortos de Instagram o Tiktok seguro reconocerá ese piano triste que da pie al coro dulce de Makino, que suele musicalizar memes en los que se hace burla a la soledad o a la decepción, ya saben de qué hablamos. Pues esos son, aunque muchos no lo sepan, los Blonde Redhead.

En este tipo de presentaciones todos conocen muy bien el repertorio. Los más veteranos porque quizás vieron nacer a esta banda en los tempranos 1990, cuyo sonido en sus inicios fue moldeado en el estudio por Steve Shelley (Sonic Youth), pero la transición a este sonido melancólico y de paisajes con guitarras, curiosamente, estuvo a cargo de Guy Picciotto, cerebro de la banda punk Fugazi, quien ayudó a pulir esas melodías oníricas y un poco oscuras.

Los paisajes melodramáticos con las guitarras saturadas de Amedeo, quien no le quitaba la vista a los pedales, en honor a esa etiqueta de shoegaze que hicieron famosa los jóvenes con sudadera y la mirada clavada al piso en los años noventa, siguen rindiendo réditos entre los nuevos escuchas.

Había un poco de sorpresa en el público, porque siempre quiere los viejos temas conocidos, pero esta noche el repertorio no era tan obvio. Aunque ni hizo falta.

Después de una introducción de mariachi –y vaya qué buen gusto para elegirla, porque se trató de un fragmento muy dulce y profundo–, que parecía como si Blonde Redhead hubiera pasado una noche de desamparo en Garibaldi, dio entrada al tema que popularizó Rick and Morty, For the damaged coda, y todos se emocionaban y se reían culpables al mismo tiempo. Quién no la haya escuchado en algún reel que arroje el primer meme.

Luego se sucedieron piezas oscuras y delicadas de gran parte de su discografía. Uno de sus discos más bellos se llama Barragán, en honor al arquitecto mexicano que los deslumbró en una visita que hicieron a la Ciudad de México.

Casi dos horas de inmersión en ese dulce arrullo de capas de sonido y la voz encantadora de Makino, quien, por cierto, no omitió hacer declaraciones de solidaridad con los mexicanos por la situación política hostil en Estados Unidos.

La vocalista, guitarrista y tecladista del trío es una activista incansable de varias causas, entre ellas la del pueblo palestino.

Al final todos estaban conmovidos de verdad. Se abrazaban de contentos. Casi a la salida, una chica le dijo a sus compañeros de concierto que había faltado tal y/o cual tema, pero que aun así había sido hermoso. Otra chica del grupo le respondió con el coro de For the famage coda: ah, aaaah, ah, aaaah. Y todos nos reímos.

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