Renata Terrazas*

“Dentro de una gota hay un universo entero. Lo particular
nos dice más que lo general; nos resulta más asequible.”
Ryszard Kapuscinski

Hay autores que llegan a nuestras vidas para insertarse en lo más profundo y acompañarnos para siempre. Se convierten en autores a los que seguimos y leemos cada que podemos, se convierten en nuestros referentes y en nuestras guías. Así me sucedió con Kapuscinski.

El primer libro que disfruté de este extraordinario periodista fue Ébano –a la fecha, me parece uno de los mejores libros del mundo–. Su narrativa, la perspectiva tan particular de un hombre blanco europeo pero que entendía bien a los desposeídos –era polaco–; su singular entendimiento de las naturalezas humanas y su perspicacia. Ébano es la obra cumbre de un periodista en su máximo esplendor, concentra y desarrolla en este libro todo su conocimiento de una África que comenzaba a vivirse independiente.

Leer a Kapuscinski es vivir pedazos de la historia, de varios países en todos los continentes. Leer a Kapuscinski es conocer historias de grandes hombres y de la gente común que hacía a esos hombres grandes. Sumergirte en sus obras es un placer continuo que te permite abrir una dimensión en la que se viaja lejos, en distancia y en tiempo.

Cada año, desde hace diez años, leo un texto de este extraordinario periodista. En esta ocasión ha sido Estrellas negras el de mi selección; un libro publicado post mortem que reúne sus primeras impresiones de África.

Al tiempo que he leído Estrellas negras he realizado viajes de trabajo a varios estados de la República. En cada uno de mis viajes, a veces a ciudades ampliamente frecuentadas, otras por nuevas rutas, he tenido a Kapuscinski en mi mente. He visitado Tepic, La Paz, Culiacán, y Tijuana de la mano de este autor. Y no, Kapuscinski seguramente no visitó estos lugares, sin embargo cada relato suyo me hace pensar en los lugares a los que he viajado. Será por ver cada ciudad o país con tremenda curiosidad, buscando entender qué puede potenciar un cambio democrático y cuáles son los grandes obstáculos para lograrlo.

Estrellas negras concentra historias sobre Ghana y el Congo, ahí describe a sus líderes y la gente que los sigue. Leyéndolo, no dejo de pensar en la servidumbre, la de los mexicanos basada, no en un sistema colonial pero sí de desigualdad, en un clasismo recalcitrante que nos mantiene en una fragmentación social que impide su cohesión… Ahí un primer reto para la construcción de democracia.

Pienso también en la carencia de líderes, en comparación con los años convulsos de la década de los sesenta, cuando África comenzaba a liberarse del lastre europeo. La crisis de representación actual contrasta con las épocas de caudillos y quizá, sólo quizá, pueda significar otras formas de participación política, basado no en la figura carismática sino en la construcción de sociedades más maduras y democráticas. Es eso o una tremenda apatía la cual me niego a aceptar.

Recorro ciudades mexicanas, platico con la gente y en ocasiones veo esa misma desesperación que retrata Kapuscinski. Imagino cuáles serían las palabras que usaría para describir semejante sentir y las plasmo en una libreta negra que acompaña cada uno de mis pasos, así convierto esta práctica en un ejercicio continuo de comprensión –buscar entender a la gente desde la propia gente–.

Así paso los días en mis viajes, leo y observo. De las lecturas de este periodista polaco se desprende no sólo un grato momento de lectura sino una forma de observar y analizar la realidad. Porque este autor crea categorías que desde la descripción de un determinado momento le permiten a una analizar la propia realidad. Y es ahí donde observando a México se ve a África, a Asia y a toda la América Latina. Porque lo que persiste es el despojo, la desigualdad, la servidumbre, el clasismo y el racismo, los atropellos, la violencia.

Leo los diversos retratos de la ignominia y en ellos leo también a mi país. Las cicatrices del sur global son las de aquellos países que por años han servido a las potencias de occidente y se han desangrado; por eso se puede recorrer todo un mundo y varias épocas de la mano de Kapuscinski. Nos retrata la desigualdad, la guerra y las injusticias, al tiempo que deja ver las posibilidades de cambio, la personalidad de cada país y su gente y los caminos hacia la construcción de paz.

Desde un profundo entendimiento de cada situación, el autor polaco nos permite entender los momentos cruciales de los países más allá de la coyuntura. Retrata un momento pero en él nos describe su historia y por eso supera a tantos periodistas y analistas políticos. No nos impone una visión, nos permite ver la de todos.

Y así, intentando seguir a quien habló de África desde los africanos, quisiera hablar de México desde los mexicanos. Por eso, recorrer México de la mano de Kapuscinski se convierte no en una descripción de realidad sino la de una aspiración, aquella que da voz a quienes no la tienen.

* Investigadora de Fundar, Centro de Análisis e Investigación

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