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Ciudad de México. El Estadio Azteca, escenario de triunfos de Pelé y Maradona, albergará en pocos días su tercera Copa Mundial . Sin embargo, existe otro recinto en México que se ha ganado de manera más discreta el nombre de “Campo de los Dioses”.
Ese apodo pertenece a un campo de futbol ubicado dentro del cráter de un volcán extinto, justo al sur de la Ciudad de México. El volcán Teoca sirve de espectacular telón de fondo para una liga amateur organizada en la localidad de Santa Cecilia Tepetlapa, en el municipio de Xochimilco.
Todos los domingos, decenas de familias de este pueblo de 10 mil habitantes —una comunidad predominantemente de clase media baja— se reúnen para sumergirse en la obsesión nacional de México.
“Para nosotros, es una forma de vida. Estar aquí los domingos es parte de nuestra rutina, y hay un ambiente fantástico en todos los torneos”, dijo Jorge Becerril, representante de la liga, a la Associated Press. “Aquí no hay altercados; la gente viene a socializar y los equipos a competir”.
La Liga Teoca cuenta con 10 equipos, cada uno representando a una familia. Gracias a estas profundas raíces, no hay límite de edad; generaciones enteras compiten codo con codo, desde patriarcas hasta adolescentes.
“El núcleo de cada equipo es una familia”, explica Becerril. “Cuando un jugador se retira, su hijo toma el relevo, luego su nieto, pasando así el testigo de generación en generación”.
Si bien las mujeres, quienes ya han ganado un espacio en el profesionalismo, aquí no salen actualmente al terreno de juego, sino que aún se mantienen como espectadoras y artífices de dar aliento desde las gradas.
“El futbol es mi pasión”, dice Isabel Madrid, esposa de uno de los jugadores de la liga. “No soy buena jugando, pero verlo me da una alegría que no puedo explicar del todo”, apuntó.
Desafío comunitario
La idea de construir un campo de futbol en un cráter volcánico surgió por necesidad, no por excentricidad. El terreno circundante de Santa Cecilia Tepetlapa es estrictamente montañoso, lo que deja a los residentes prácticamente sin espacios abiertos y llanos para practicar deportes. Ante la falta de infraestructura, la comunidad recurrió al volcán.
“Es fascinante jugar dentro de un cráter”, dice Jonathan Flores, jugador habitual de los domingos. “Es un campo exigente, pero las vistas lo hacen increíblemente hermoso. Se trata de llevar el futbol a espacios únicos para que la gente pueda disfrutar en un ambiente sano. Me encanta este deporte y vengo todas las semanas”.
Para un forastero, el campo de juego, con su césped irregular y su superficie de tierra compactada, podría parecer deteriorado. Sin embargo, su mantenimiento es motivo de gran orgullo local. Los habitantes del pueblo se encargan ellos mismos de todo el cuidado, rechazando deliberadamente la intervención del gobierno.
“Lo cuidamos lo mejor que podemos”, insiste Becerril. “La liga es totalmente autónoma. No pedimos apoyo municipal porque si el gobierno local invierte en ello, intentará apropiarse. Esta colina es comunal; pertenece a la gente, y la mantenemos porque es nuestra. Al mantener al gobierno al margen, conservamos el terreno para nosotros”.





