Ana Mónica Rodríguez
En el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, no sólo hubo canto, zapateado, rimas, sino que resonaron con alegría las jaranas, el requinto, la leona, algunas percusiones, entre otros instrumentos, que demostraron la vigencia, el espíritu, las raíces y la riqueza del son jarocho.
Con la presencia de los reconocidos Son de Madera, así como del grupo femenil Son Ellas y la participación de Lucía Gutiérrez, Erika Suárez y El Meduso, el recinto del Centro Histórico, fue el espacio donde convergieron reconocidos intérpretes y nuevas generaciones de músicos, quienes sobre un mismo escenario, celebraron la diversidad y la vigencia de este género.
La noche del jueves, el concierto Jarocho SON, combinó además del género protagonista, tradiciones del Sotavento y la Huasteca con jazz, flamenco y otras expresiones contemporáneas, delineándose una velada de esparcimiento y reflexión para quienes asistieron convocados por el mágico encanto de este sonido musical y del golpeteo rítmico del baile sobre una tarima de madera, que a la vez, los pies se convierten en otro instrumento de percusión que se integra a la música.
Son de Madera, con 35 años de trayectoria e infinidad de reconocimientos, corroboró que su música mantiene vivo el espíritu del son jarocho y continúa explorando nuevas posibilidades para su interpretación; con su rasgueo y mezcla rítmica los asistentes disfrutaron, inmersos en un fandango, donde todos fueron invitados en la noche de Jarocho Son.
Acompañados por la voz y el baile de Lucía Gutiérrez, Son de Madera fue recibido con calidez por su audiencia, al abrir su participación con Jarabe gatuno, donde una interpretación templada se transformó en alegre zapateo cuando se escuchó un fragmento de la letra: “Yo soy marinero de amores y rimas, soy el aguacero entre la neblina, claro jardinero de la flor divina; agua del venero que nunca termina, que nunca termina agua del venero, de la flor divina claro jardinero. Entre la neblina soy el aguacero de amores y rimas yo soy marinero”.
Son de Madera fue fundada en 1992 en Xalapa, Veracruz, por Ramón Gutiérrez Hernández y el grupo ha llevado su música a escenarios y festivales de México, así como a otros países, manteniendo vivo el espíritu del son jarocho. Se ha presentado en el Zócalo de la Ciudad de México, así como en encuentros internacionales como el World Music Festival, el Festival Afrocaribeño, el Blues and Roots Festival y el Smithsonian Folkways Festival.
Al abrir la fiesta musical, Son Ellas tomó el escenario con nueve mujeres, cuyas voces, instrumentos y reflexiones reivindicaron la posibilidad de mantener vivo el legado de generaciones anteriores sin renunciar a la transformación del presente.
Son Ellas aportó una perspectiva en la que la tradición jarocha se convirtió en un espacio de expresión y reflexión desde las voces femeninas; mostraron que su música y composiciones originales dialogan con sus raíces y cuestionan problemáticas como sobre la discriminación, el racismo, el machismo, cuestiones ambientales y de historias migratorias.
La agrupación femenil con su estilo alegre y rítmico propició que el público acompañara con aplausos su música. “Estamos emocionadas de compartir. Este proyecto nació con la intención de visibilizar a las mujeres y al son jarocho; además recordar a aquellas que ya han sido visibilizadas, pero que de pronto se nos olvida que han estado ahí, que nos inspiraron para tocar, bailar y cantar”, expresó Karen García, originaria de Tlacotalpan, Veracruz.
“Nosotras iniciamos cantando desde una voz que antes no tenía representación en la versada jarocha desde el sentir de la mujer; nuestra música es para todos, pero ahora desde Son Ellas”.
Y las intérpretes, continuaron con La guanabana, “en homenaje a las abuelas y a todas las mujeres latinoamericanas, pasando por la reconstrucción de la memoria y recordando que estamos presentes en todos los ámbitos de la sociedad y, en todos ellos, necesitamos vasos comunicantes para transitar amorosamente”.
Dentro de la tradición jarocha, la novena femenil, también interpretó sones de nueva creación como Nuevo amanecer, además de Sobreviviendo, que “es una bitácora de viaje que habla sobre la migración, de quienes buscan una esperanza“; siguieron con La quemazón y una versión de El cascabel.
El encuentro sonero también contó el trío de Luis García Ireta, conocido como El Meduso, compositor, arreglista y guitarrista, cuyo trabajo se caracteriza por la exploración de cruces entre la música mexicana tradicional, los sonidos afroamericanos, el jazz y el rock.
El concierto Jarocho SON, que se realizó en el contexto de la 19 edición de la Bienal Internacional del Cartel en México, donde Veracruz es invitado de honor, acercó al público a los ritmos, las voces y los instrumentos que mantienen vigente una de las tradiciones más representativas de México, en un encuentro donde la herencia y la experimentación compartieron escenario.







