david pérez
Aún con la resaca mundialista, el Tour de Francia vuelve a ocupar las portadas deportivas. Son tres semanas en las que el ciclismo parece condensar todas las virtudes que admiramos de un deporte. Para México esta edición tiene un atractivo especial. Isaac del Toro, con apenas 22 años, no sólo disputa la carrera más importante del mundo, sino que lo hace con el UAE Team Emirates, probablemente la escuadra más poderosa del pelotón internacional. Es apenas el tercer mexicano en participar en esta competencia después de Raúl Alcalá y Miguel Arroyo.
El triunfo de «El Torito» en una de las primeras etapas y su protagonismo junto a Tadej Pogačar confirman que el ciclista mexicano ha dejado de ser una promesa para convertirse en una realidad y aspira a repetir la hazaña de Raúl Alcalá en 1987 cuando ganó el premio al mejor joven de la competencia. Pero mientras las cámaras siguen a Del Toro, Pogačar o Evenepoel, existe otro equipo del que casi nadie habla. Y que, paradójicamente, quizá sea el que mejor representa uno de los significados más profundos de montar una bicicleta.
No aparece en la lista oficial de los 23 equipos que disputan el Tour. No pelea por el maillot amarillo ni por una victoria de etapa. Sin embargo, existe. Se llama UCI Refugee Cycling Team y está integrado por ciclistas que huyeron de la guerra, de la persecución política o de la violencia. Masomah Ali Zada, Zahra Ali Zada, Frozan Rasooli, Amir Arslan Ansari, Ahmad Badreddin Wais y Mohammadreza Entezarioon, son sus nombres.
Entre sus integrantes hay mujeres afganas que desafiaron la prohibición social de practicar deporte; un ciclista sirio que escapó de la guerra; corredores iraníes obligados a abandonar su país. Todos comparten una característica, antes de perder una carrera, perdieron un hogar. Antes de preocuparse por una clasificación general, tuvieron que preguntarse dónde dormirían al día siguiente.
La Unión Ciclista Internacional creó este proyecto para ofrecerles acceso al alto rendimiento, apoyo técnico y la posibilidad de seguir compitiendo bajo la condición deportiva de «refugiados». Es un gesto deportivo, sí, pero también profundamente político, porque recuerda algo que se olvida cada vez más, que los derechos humanos no terminan cuando una persona cruza una frontera.
El deporte suele vender la narrativa del mérito individual. «Si te esfuerzas, llegarás». El equipo de refugiados introduce por lo menos una pregunta que cuestiona esa idea: ¿qué ocurre cuando el talento no basta porque el lugar donde naciste decidió tu destino? Hay millones de personas cuyo principal rival no es una montaña de categoría especial, sino la persecución y la violación de sus derechos fundamentales; cuyo cronómetro no mide segundos, sino años esperando asilo; cuya meta no es París, sino un sitio donde puedan volver a sentirse seguros.
Quizá por eso el UCI Refugee Cycling Team no necesita estar en la salida oficial del Tour para interpelarnos. Su sola existencia denuncia una verdad que el deporte de alto rendimiento tampoco puede ocultar, no todos comienzan la carrera desde la misma línea. Competir supone aceptar reglas compartidas, sobrevivir significa intentar conservar la propia existencia cuando las reglas han desaparecido.
El deporte celebra la igualdad de condiciones en la línea de salida porque sólo así el mérito tiene sentido. Sin embargo, los refugiados nos recuerdan que esa igualdad es una excepción, no una constante de la experiencia humana. Quizá por eso una bicicleta puede ser mucho más que un instrumento para ganar una carrera, también puede convertirse en la prueba de que la dignidad también se reconstruye avanzando, incluso cuando la historia te obligó a empezar el recorrido varios kilómetros detrás de todos los demás.
Cada mes de julio admiro a quienes son capaces de subir los Alpes o los Pirineos sin ayudas de substancias. En medio de esa actividad deportiva asombrosa que dura 21 días, el equipo de refugiados me ayuda a recordar que hay personas cuya etapa más dura empezó mucho antes de subirse a una bicicleta. Y esa etapa, a diferencia del Tour de Francia, todavía no tiene punto de llegada.
@davidperezglobal





