Carlos López Torres
Como el juego de la pirinola, a la que cándidamente le apostábamos cuando niños con la ilusión de ganar algunos pesos, si acaso nos favorecía la cara de toma todo, los millones de causantes seguimos esperado que la apuesta hecha año tras año con el pago impuestos, cada vez más a fuerza que con ganas, se vea compensada algún día con la devolución de obras de buena calidad.
Empero, a diferencia del juego de azar de marras, en el que a veces se ganaba, todos ponían o de plano se perdía, la apuesta de la ciudadanía año tras año, sexenio tras sexenio, no deja de registrar pérdidas cada vez más frecuentes, estratosféricas, y, lo que es más grave, cada vez con mayor cinismo.
No se trata sólo de los escandalosos casos en que se han visto envueltos recientemente los llamados cinco fantásticos: Javier Duarte de Ochoa, gobernador de Veracruz; Roberto Borge Angulo, de Quintana Roo; César Duarte Jáquez, de Chihuahua, los hermanitos Moreira, Rubén actual gobernador de Coahuila y Humberto, ex gobernador. Todos ellos del PRI.
Aunque se menciona que en total son 13 los presuntos acusados por uso indebido de la función pública, peculado y lavado de dinero, entre otros delitos, no dejan de ser relevantes las acusaciones que pesan también sobre el ex gobernador panista de Sonora, Guillermo Padrés Elías.
Con la sola apuesta de toma todo… el erario se maneja con tal laxitud que no hay reglas que no sean violadas, incumplidas o puestas en práctica a medias, todo depende del dueño del cargo y sus allegados o protegidos.
Así las cosas, los famosos moches o comisiones, cuya costumbre se ha convertido en fuente de derecho e ingresos personales, de los funcionarios que además de recibir sus sueldos por mal administrar, no dejan de exigir su parte por otorgar alguna obra, concesión o dar alguna autorización o permiso.
Ahí están los bochornosos casos de algunos de los integrantes de la administración priísta de Victoria Labastida Aguirre, a sólo unos pasos de ser exonerados, o de otros, ex funcionarios del trienio de Mario García Valdez, prácticamente ocultos mientras la Auditoría Superior del Estado, en medio del desbarajuste que se trae, turna los expedientes a la Procuraduría General del Estado, para que esta a su vez inicie sus propias investigaciones con los resultados donde todos ganan, menos los afectados que le siguen apostando.
Otros casos, como el de los diputados, de plano van a la segura toda vez que la pirinola de la politiquería que padecemos, siempre les favorece por estar siempre del lado del gran ganador.





