Renata Terrazas*
A Aruna Roy y Nikhil Dey, sus palabras
son semilla, su presencia es un mar de luz.
Esta semana tuve la fortuna de asistir a un evento organizado por la Universidad McGill de Canadá sobre democracia participativa. Dos días de intensas reflexiones nos llevaron a entablar un diálogo entre practicantes y teóricos de la participación.
Con el objetivo de identificar los retos entre la teoría y la práctica de la participación, activistas de varios países alrededor del mundo compartimos nuestras experiencias participando en la esfera pública.
Como parte de un programa en el cual la Universidad McGill invita profesores practicantes, este año Aruna Roy formó parte de este interesante proyecto. Aruna es una activista de la India que desde hace más de tres décadas comenzó un largo recorrido para transformar la vida de las personas en la rural Rajastán, India.
En 1990, junto con dos entrañables amigos, funda la organización de base Mazdoor Kisan Shakti Sangathan (MKSS), con el principal propósito de generar un cambio positivo en las condiciones de vida de quienes viven en la pobreza en la región. Sus dos grandes áreas de trabajo han sido sobre la redistribución de tierra y el salario mínimo de los trabajadores.
La historia de Aruna y del MKSS es bien conocida alrededor del mundo por su incansable lucha y por lograr fusionar una exigencia de derechos sociales mediante el ejercicio mismo de derechos civiles; lograr exigir el pago de salarios mediante el ejercicio del derecho de acceso a la información.
Un programa público en la región daba empleo a personas en pobreza, sin embargo, los habitantes de Rajastán comenzaron a identificar que no se daba el pago completo. Ante la demanda del pago al que eran merecedores, la respuesta del gobierno señalaba que no habían trabajado las horas determinadas por lo que recibían menos paga; así constaba en los registros.
El paso subsecuente fue solicitar los registros, sin embargo mencionaron que estos no eran públicos. Tal respuesta dejaba sin salida a quienes exigían el pago justo de su trabajo ya que no tenían otra forma de probar que habían trabajo sus horas.
En este punto, para muchas y muchos de nosotros no sería fácil pensar en el camino que tomaría tal demanda en nuestro propio país. Se haría una exigencia directa al gobierno para cumplir con lo mandatado en ley y se buscaría realizar una negociación más de tipo corporativo.
La gran apuesta del MKSS fue enmarcar esta demanda social en un ejercicio democrático. Exigir el acceso a los registros para poder entonces demandar directamente al gobierno la falta de pago y con ello, exigir un diálogo con el gobierno desde la esfera pública y el ejercicio mismo de los derechos civiles.
En la década de los noventa, cuando gran parte del mundo entraba en una ola democratizadora, el discurso democrático abría la puerta para la garantía de derechos que anteriormente no se mencionaban, como el del derecho de acceso a la información.
En este marco, el MKSS en Rajastán comenzó con una campaña para exigir el acceso a los registros que derivó en una amplia campaña para exigir una ley que garantizara el derecho de las personas a conocer la información que el gobierno produce.
Se llevaron a cabo miles de asambleas públicas para señalar el problema de la falta de pago a los trabajadores y señalar la necesidad de acceder a documentos públicos. Cada villa se organizó alrededor de la demanda por acceder a la información pública ya que colectivamente se reconoció el valor tan alto que tiene la información en una democracia.
Un movimiento que aglutinó a miles de personas alrededor de un tema que, al menos en México pareciera estar limitado a unos cuantos, permitió la construcción de un marco normativo que más allá de lo bueno o malo que sea, es el resultado de una lucha desde abajo por el ejercicio de derechos.
Si comparamos la calidad de las leyes de México y la de Rajastán, claramente la nuestra es muy superior, sin embargo, hay dos elementos que en Rajastán hacen la diferencia y aquí parecen estar ausentes: 1) aquella ley nació desde abajo, desde zonas rurales pobres, y obedeció a sus necesidades, y 2) lo que ha creado que el ejercicio del derecho de acceso a la información en esa parte de la India esté más vinculada con verdaderas transformaciones en la vida de las personas.
El MKSS y su lucha vencieron en este caso, crearon una ley, accedieron a los registros y los salarios fueron pagados. Pero más importante que todo eso, nacieron ciudadanos dispuestos a defender sus derechos dentro del marco institucional.
En México tenemos mucho que aprender, sobre todo, que nuestros derechos debemos ejercerlos.
* Investigadora de Fundar, Centro de Análisis e Investigación





