Carlos López Torres
Contrario a lo prometido cuando se legisló la reforma laboral, las y los trabajadores de nuestro depredado país padecen hoy condiciones cada vez más precarias en sus empleos; los salarios reales han ido a la baja y la desigualdad de sueldos entre hombres y mujeres se mantiene; las pensiones son objeto de presión y la tendencia a su disminución es cada día mayor.
Como si trabajar en las condiciones laborales de este país durante más de 30 años fuera algo así como un día de campo, el presidente de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar), durante su comparecencia ante el Senado sostuvo que “la edad de 60 años es muy joven, muy temprano para que una persona se jubile”.
No conforme con lo anterior, el burócrata manifestó su convicción por elevar los montos de aportaciones de los trabajadores. Sólo le faltó al funcionario decir que apoyaba decididamente la propuesta de la OCDE de bajar las pensiones a quienes se jubilen o se pensionen en lo sucesivo.
En entidades como la nuestra donde se celebra la existencia de bajos salarios, atractivo explotado por los gobernantes neoliberales que, como Juan Manuel Carreras, han buscado la inversión extranjera aunque las condiciones de contratación de los inversionistas sean precarias, a partir de considerar que existe baja capacidad competitiva de los empleados a contratar y el exclusivo control sindical charro, que permite esas condiciones de contratación.
El remedio de impulsar la educación tecnológica para supuestamente satisfacer la demanda de mano de obra barata calificada, lejos de favorecer el desarrollo como lo sostiene Eduardo Kassis Chevaile, ex presidente de la Coparmex, no es sino una mera ilusión, sólo que el empresario considere el crecimiento económico como desarrollo, entonces habría que aportar elementos contundentes. La llegada de empresas como la General Motors y otras, no se ha traducido en desarrollo del estado, por ejemplo.
Sin embargo, se justifica la existencia de bajos salarios a los operarios, incluyendo a los ingenieros y otros profesionistas a quienes además de mantenérseles por años bajo contrato se les obliga a rolar turnos, con la expectativa de que si mejoran su productividad, y por ende, la calidad de la producción, entonces merecerían mejores salarios.
La explotación de que son objeto las mujeres operarias que conforman más de 40 por ciento de la fuerza de trabajo en San Luis Potosí, no sólo se ve reflejada en el hecho de que perciben salarios más bajos que los hombres, sino que son víctimas de abuso laboral y acoso sexual muchas de las ocasiones.
Una vez más, desde el exterior se ve más objetivamente a México, ahora con motivo de la desigualdad salarial, según lo advierte Moodys Analyticas en una nota de La Jornada: “la disparidad en México no es el resultado de que los ricos sean más productivos, sino la consecuencia de un sistema político integrado por un reducido grupo de privilegiados y la clase política”.





