Luis Ricardo Guerrero Romero

Un hálito de desesperación sudaba por la mirada de Esther, jamás me hubiera gustado verla así, pero las cosas pasan como para el amorío entre la abeja y las flores, entre la mosca y la mierda. Son comparables las experiencias frente al corazón de Esther. Yo sólo hacía el oficio de escuchar, demasiado trabajo para mí, más de lo que necesariamente imaginaba hacer algún día, puesto que, de todos los emprendimientos humanos el de escuchar nunca me ha favorecido, pero ella lo solicitó y allí estaba yo, cómplice y confidente, verdugo y salvador. ¿Cómo decirle, cómo hacerle saber que fui yo mismo quien promovió ese devaneo?, ¿de qué manera confesarme ante el confeso? Ese momento era su momento, y sigue siendo, todavía sigue estando, bajo las trémulas esperanzas que tiene hacia su pareja, aunque ésta ya muera.

Platicar al lado de un cuasi cadáver no es nada común, porque no es como que uno esté entre cadáveres a diario, pero ese devaneo despertó la ira de Esther y entonces llegó el ocaso a su alma. Sin embargo, recuerdo bien que mientras desangraba a la implicada la dejé ir oyendo de mi voz aquellas letras de la monja: “Este amoroso tormento/ que en mi corazón se ve,/ sé que lo siento, y no sé/ la causa por que lo siento/. Siento una grave agonía/ por lograr un devaneo/ que empieza como deseo/ y para en melancolía. (fragmento de sor Juana: “Este amoroso tormento”).

Nada más espeluznante que el oficio de escuchar, si fui yo, yo incentivé el engaño entre mis dos amigas de años, que por el devaneo una de ellas ya no tiene vida aquella. Ahora ya lo puedo intentar.

Como ya se ha de suponer, divagaremos sobre del devaneo, y para iniciar enfatizaré en que tal como indica el título, esta palabra es grave, por su acento tónico en la penúltima silaba, pero también es grave por su acción, pues, aunque para un porcentaje de la población sea un cuasi cadáver, es decir un arcaísmo, aún significa y más aún se lleva a cabo el acto de devanear.

Tal voz tiene como significado el hecho de un amorío, de una situación pasajera de placer, como lo son todos los placeres, es una distracción; aunque no sólo se limita a los hechos concupiscibles, sino también a las actividades transitorias y fútiles. Podemos decir que el estar horas frente al celular en redes sociales es un devaneo. El devaneo es una palabra que según entendemos puede componerse a partir de las palabras: δε [de]; y βαινω [baino> bano> vano> vanear] devanear y su conjugación devaneo. Cabe destacar que la trasmutación de /β/ por /v/ está sujeta a los mismos rasos distintivos de hoy. Ahora bien, que, δε es una partícula pospositiva de significado: en cambio, sin embargo. Mientras que [baino] significa lo pasajero, transitorio, echar el paso, es decir: mientras pasa, lo que sucede, lo que sin embargo sucede. Pues el devaneo es así, un suceder, un paso transitorio de acciones inclinadas a un amorío muchas de las veces, una pequeña aventura, un paso en falso, un desliz, el desacierto con carácter de conquista. No es una infidelidad, sino más bien, un “por mientras”, un “amigo con derechos”, una pérdida de tiempo.

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