Merry MacMasters
Para el trompetista cubano Arturo Sandoval (Artemisa,1949) el escenario es “mi iglesia, mi religión” y un medio para “penetrar en el alma del público” con el objeto de que “sienta sincero lo que uno hace”. En vísperas de su llegada a México para ofrecer actuaciones los días 23 y 24 de octubre en el Lunario, el afamado músico, ganador de 10 premios Grammy, conversó con La Jornada sobre este “feliz” regreso a un país que “quiero mucho” y con el que comparte afinidades por muchos motivos.
“Hay muchas cosas que nos ligan a México, por ejemplo, para mí como trompetista uno de los más grandes de la historia del instrumento fue un mexicano: Rafael Méndez. Este extraordinario músico fue un ejemplo, un ídolo para nosotros en el mundo entero”, precisa Sandoval. Recuerda cómo el Conjunto Matamoros llevó a México de invitado al “cantante más grande de la historia de la música cubana que fue Benny Moré, donde se quedó un tiempo”.
Luego, está el caso de Dámaso Pérez Prado que en Cuba “no tuvo ninguna aceptación, no pasó nada con su música, entonces, se fue a México y desde allí lanzó el mambo para todo el mundo y se hizo súper famoso”.
El pasado 1º de mayo Sandoval lanzó su más reciente álbum Sangú, al que se le ha referido como una “declaración viviente de la libertad artística, la herencia, el groove, la familia y la invención”. Temas del disco formarán parte del repertorio por interpretar en el Lunario junto con otras sorpresas.
“Hay cosas que he tocado por años que no pienso desechar del repertorio, sin embargo vamos a incluir, por supuesto, muchas canciones de Sangú y ver cómo responde el público.”
Respecto al momento en que está su carrera actualmente, asegura que “eso lo decide el público, no es una decisión mía, si le gusta lo que uno hace. Es nuestra dedicación, el tratar de penetrar en el alma de las personas para que sientan que lo que uno hace es sincero, de corazón. La experiencia de ver al público involucrado y respondiendo, resulta algo extraordinario”.
Con casi 77 años a cuestas, Sandoval no ha pensado en el retiro: “tengo una salud increíble, gracias a Dios. No padezco de nada, no me enfermo nunca. Mi energía es tal que a veces lo comentan los mismos músicos del grupo y el público. La música es una motivación tan grande que te hace hacer cosas que de lo contrario no haría a esta edad. Puedo brincar en el escenario, tocar la percusión y cantar, también tocar el piano, además de la trompeta”.
El cofundador del legendario grupo Irakere, llega con un acompañamiento de nueve músicos de diferentes procedencias y nacionalidades: “uno viene de una familia alemana, otro es argentino, el baterista es mexicano –Daniel Feldman–, el percusionista, cubano y uno de los dos saxofonistas es de padres peruanos. Todos compartimos la misma pasión por la música”.
–¿Cómo describiría su sonido o sello?
–Quiero ser recordado como una persona que amó profundamente la música. Escucho y trato de aprender de toda la buena música. Duke Ellington siempre decía que la música es solamente una, lo otro, no quiero ni saber de eso. Uno nunca puede pensar que se lo sabe todo porque ese día te conviertes en un perfecto cretino. Hay que estar hambriento por nuevas informaciones o influencias, porque hay mucha gente joven que también está aportando cosas muy profundas a la música y hay que aprender de todo.
Continúa: “como dije antes, escucho todo y trato de incorporar la mayoría de las cosas que quepan dentro de una canción. Las buenas influencias son importantísimas porque uno está expuesto a que penetren en tu mente y te incitan a incorporar diferentes cosas. Eso es bueno, porque al final uno trata de hacer del idioma musical lo más accesible posible y lo más internacional para que abarque diferentes tendencias que realmente puedan llegar al alma del público”.
Padrino espiritual
Una de las grandes influencias en la trayectoria de Sandoval fue el trompetista estadunidense Dizzy Gillespie (1917-1993): “él era mi ídolo por muchos años. En mayo de 1977 tuve la bendición y el placer de conocerlo y hacernos amigos. Después, se convirtió en mi padrino espiritual. A través de él obtuve el asilo político para venir a vivir en Estados Unidos. Le agradezco muchas cosas, pero, sobre todo, cómo me entusiasmó e inspiró para que continuara haciendo lo indecible por tener una carrera. Le agradezco infinitamente todo lo que hizo por mí”.
En cuanto al gusto actual por la música cubana comenta: “es parte de mi formación. Fue lo primero que hice cuando tenía 11 o 12 años hasta que ingresé al conservatorio para estudiar estrictamente música clásica. Sin embargo, es parte de mis raíces, está en mi sangre, mi espíritu, entonces, la defiendo. Siempre toco cosas que suenan a música cubana. Eso nuncava a desaparecer de lo que hago”.
Añade: “todos los estilos musicales pasan su etapa y su tipo de público. Por ejemplo, el jazz no tiene seguidores masivos, sin embargo son personas muy leales al estilo, que lo disfrutan y lo prefieren. Tratamos de incluir varias cosas en el concierto con la idea de penetrar en los diferentes gustos del público porque es casi imposible complacer a todo el mundo tocando un solo estilo musical. Por eso mezclamos cosas diferentes para tratar de llegarle a alguien con formas musicales diferentes”.
Arturo Sandoval se presentará los días 23 y 24 de octubre, a las 21 horas, en el Lunario del Auditorio Nacional.







