Luis Ricardo Guerrero Romero

Las sonrisas de Caroline y Helen eran una de las fuentes más frecuentes de felicidad de a quien denominamos: ella. Las risas y los lances que ella comparte con Caroline y Helen son efectivamente el más puro de los boatos que entre las tres mujeres disfrutan. Habrá aquellos que desde lejos distinguen la felicidad en los rostros de un terceto de mujeres, un par de niñas que expolian tiernamente su corazón y una joven y hermosa tía quien tiene sus instrumentos para: medir, pesar, cantar, suavizar, sancionar, cortar, comer, limpiar y ordenar, tanto como para el caos que anticipa la paz. De quien hablamos es de ella, la tía bonita con muchos instrumentos, podemos llegar a pensar que su mismo corazón es instrumento y ejecutor para con las personas que ama, por ejemplo: Caroline y Helen.

Conocimos al par de doncellas que admiran con entusiasmo a su tía, conocimos que de Helen, que como su nombre lo indica, es tenaz y recelosa, es herencia de los helénicos su carácter impetuoso, custodia cual heroína mitológica el corazón indiviso de ella; y sabemos de Caroline, quien desde su melódico nombre nos sonó a caramelo, aunque además Caroline tiene realmente el sentido de fuerza, fuerza misma con la que la pequeña cuida y suele ser más blanda en la exclusividad del encanto de ella.

Las tres damas de quienes se ha hablado gustan de ser felices, al par de señoritas las tratamos una vez, pero las conocemos en la narración de ella; y, a ella, la hemos vivido con una sonrisa súbita, instrumentando nuestras vidas en un abrazo al suspírale.

La costumbre de nuestras líneas es explicar sucintamente una de las palabras más reiterativas que se hayan dicho, es por demás distinguir que esta vez la suerte fue de: instrumento, un sustantivo por demás y de hecho usado, —literal—. En el relato anterior supimos que, a ella, le sobran los instrumentos, quizá no sólo es buena en algo, sino que es muy buena en casi todo. —O al menos eso habrá que creerle—.

Cierto que los instrumentos nos ayudan a desempeñar mejores tareas que de modo primitivo no lo haríamos tan práctico. Le llamamos instrumentos a un millar de cosas, es absurdo sólo decir instrumento a los musicales, a los de una escuela de belleza, a los de algún taller; pues incluso en las áreas administrativas y legales se emplea el instrumento, sin ser éste una herramienta bromosa o de difícil manipulación.

La palabra instrumento nos es herencia latina: instrumentum, que lacónicamente es aquello que ayuda a hacer algo. A partir de su raíz: struere: equipar o bien montón de cosas, es como surge la voz, luego de su prefijo in, entiéndase: en. Más el sufijo: mentum: medio o modo. Lo cual sería aquello que nos da el modo de hacer o equipar algo. Por eso ella (la tía agraciada), tiene muchos instrumentos con los cuales hace pasar un rato pletórico de felicidad a las simpáticas sobrinas. Palabras como: monumento, rudimento, tormento, alimento, son ejemplo del sentido de medio o modo. Instrumento es desde luego el medio o modo para ejecutar algo, es el equipo, es el utensilio, nuestro cuerpo repleto de instrumentos está.

Su trasformación a la idea de instrumentar, instrumentando, instrumentador y etcétera, nos dice que ese sujeto fomenta y crea con su genio, y por qué no, con su corazón al estilo natural de ella.

l.ricardogromero@gmail.com

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