Iván Restrepo
Con excepción del calentamiento global, ningún evento climático ha recibido este año tanta atención en los medios científicos y en los de información. Se trata de El Niño, que se caracteriza por un aumento de la temperatura en el océano Pacífico. De acuerdo con los expertos, comenzó en junio pasado y se espera que esta vez sea el más potente en décadas. Abundan las predicciones sobre su impacto. Una destacada es que es probable que las temperaturas superficiales del mar superen los dos grados Celsius en la región del Pacífico debido a este fenómeno climático.
Y no solamente eso: las estimaciones de los expertos advierten que más de 450 mil personas habrán muerto entre junio pasado y julio del próximo año por el calor adicional provocado por el Súper El Niño. Agregan que hay 20 países que destacan como los más afectados: Nigeria, Indonesia, Sudán, India, Brasil y Estados Unidos, y otros ubicados en la región del Sahel en África y el sudeste asiático.
Pero el panorama negativo es mucho mayor, pues habrá más muertes por las sequías, los incendios forestales y las inundaciones que conlleva El Niño.
Puede afirmarse que ninguna parte del planeta se librará de sus efectos: desde Asia y Europa hasta América, África, toda Oceanía y Australia. No olvidar las muertes no esperadas que este año ocasionaron las temperaturas extremas fruto del cambio climático. En Europa fueron miles entre junio y agosto. No obstante, se prevé que las cifras elevadas de muertes por calor persistan hasta junio o julio de 2027.
Más noticias nada alentadoras: El actual Niño va camino de convertirse en uno de los más intensos registrados desde 1950. Se calcula que su mayor intensidad se dejará sentir en diciembre próximo, pero su presencia continuará hasta febrero.
Aunque se prevén más altas temperaturas, a la vez habrá cambios en los regímenes de lluvias, las cuales podrán ser mayores en el Pacífico ecuatorial central y oriental, el Cuerno de África, partes de Asia central y oriental, el norte de la península Arábiga, algunas zonas de Norteamérica y el sureste de Sudamérica. La Organización Meteorológica Mundial prevé en cambio que las lluvias estarán abajo de lo normal en el Atlántico ecuatorial, zonas del Pacífico sur, el subcontinente indio, el sur de Centroamérica, partes del Caribe, y el noroeste y extremo meridional de Sudamérica.
Por enésima vez, los organismos internacionales relacionados con los fenómenos meteorológicos y los desastres naturales han proporcionado todo el año información sobre los efectos nocivos de El Niño a fin de que los países y los grupos sociales que se verán más afectados tomen las medidas necesarias para enfrentar las temperaturas extremas, sequías e inundaciones.
Lo más preocupante es que ningún país cuenta hasta hoy con las estrategias adecuadas para enfrentarlas.
En el caso de México, durante la conferencia de prensa de la presidenta Claudia Sheinbaum del pasado 9 de julio, el Servicio Meteorológico Nacional y la Coordinación Nacional de Protección Civil dieron a conocer sus pronósticos sobre el impacto que ocasionaría en el país El Niño y algunas de las medidas para evitar sus efectos adversos.
Señalaron que este fenómeno traerá un incremento de las temperaturas y lluvias. Un factor clave es la prevención y contar con los recursos necesarios para enfrentar las posibles catástrofes. No olvidar que en el sexenio pasado hubo una notable reducción en ambos ramos.
Hay otra noticia nada alentadora de los científicos en torno al travieso Niño: es otro aviso de lo que nos espera a todos en el planeta si las temperaturas siguen aumentando los próximos 20 años.
Es una debacle anunciada desde el Protocolo de Kioto en 1997, pero los gobiernos y la sociedad como un todo siguen sin tomar las medidas para reducir al máximo la generación de gases de efecto invernadero. El petróleo y el carbón continúan reinando en el mundo.
Se imponen hasta en momentos políticos clave. Un ejemplo: Donald Trump acepta complacido que la Rusia de Vladimir Putin coloque enormes cantidades de diésel en el mercado, a fin de que el precio de este energético descienda en Estados Unidos. Así, el mandatario del vecino país presenta esto como un gran logro de su administración, a tres semanas de las elecciones intermedias. Pero además, muestra el poco aprecio y respaldo que le brinda a Ucrania en su lucha contra Rusia. A Putin y a Trump los une el penetrante olor de los hidrocarburos.







