Armando G. Tejeda
Julian Barnes, el escritor británico nacido en Leicester en 1946, recibirá el próximo viernes el premio Princesa de Asturias de las Letras, uno de los galardones más prestigiosos que le han otorgado a lo largo de su prolífica trayectoria literaria. En un encuentro con los medios de comunicación en Oviedo, la capital de Asturias, el autor de libros de El loro de Flaubert o Hablando del asunto, entre otros, reconoció que “es difícil no estar preocupado por el retorno del autoritarismo” en el mundo; “no puedo ser optimista”, afirmó.
Barnes publicó su última novela, Despedidas, hace sólo unos meses, en lo que fue un relato autobiográfico con el que cerraba una carrera de autor de ficción después de 15 novelas bajo su nombre real, una decena de ensayos, tres colecciones de relatos y algunas historias de detectives firmadas con el seudónimo Dan Kavanagh, tomando el apellido de su primera mujer, la agente literaria Pat Kavanagh. Por eso, durante el encuentro con los medios de comunicación, una de las inquietudes más presentes fue si era real su decisión de dejar la literatura de ficción, si efectivamente esa será su última novela. Barnes, con su habitual humor inteligente y mordaz, explicó que “cuando uno es un escritor de ficción, todo el mundo sabe que se lo inventa todo. He dicho con claridad que este es mi último libro, pero nadie me cree. Y es verdad, ya he dicho todo lo que tenía que decir. No quiero ser el tipo de autor que sigue dándole vueltas cada vez a historias más flojas sólo para vender. Eso sí, seguiré haciendo ensayos y artículos sobre arte y otros aspectos. Es una necesidad, como decía Maupassant, de poner negro sobre blanco, y voy a seguir haciéndolo, aunque sea en periódicos y revistas”.
Barnes recordó la timidez crónica que tenía de niño, que era incapaz de pronunciar una palabra en presencia de una persona ajena. Y que fue la escritura y las lecturas de su infancia, como Crimen y castigo, de Dostoyevski, lo que le permitieron superarla. “Recuerdo cómo leía sobre un estudiante ruso que por una razón desconocida asesina a una señora mayor en una tienda. Todo eso sucedía en Rusia en el siglo XIX y yo nunca había estado allí, pero yo encontraba que esto era la realidad y la verdad de la vida. Esta broma pesada de parecer un soldado y asegurar que iba a defender a mi país era una tontería. Aún sigo pensando en mi corazón que la literatura es lo que cuenta la verdad humana, del corazón y del espíritu”, relató.
Además narró una anécdota que le permitió comprender la fuerza de la literatura: “Fue después de publicar mi primer libro, que salió en 1980 y transcurría en los suburbios de Londres. Recuerdo que estaba de viaje en China y que en el grupo había una señora 20 años mayor que yo, criada en Alemania, en la Selva Negra. Me dijo que lo que describía en mi libro era exactamente lo que ella había vivido. Pensé: qué extraño y, al mismo tiempo, qué maravilloso que un libro que recoge la experiencia adolescente de un chico británico pueda encontrar eco en las vivencias de alguien de la Selva Negra. Fue el primer momento en que comprendí que no sólo vendes libros, sino que tienes lectores”, explicó.
Barnes después abordó algunas cuestiones de actualidad política, como sus impresiones tras la salida del Reino Unido de Europa después de la consulta ciudadana conocida como el Brexit, que fue provocada en parte por el auge de la extrema derecha en su país: “El Brexit me pareció un desastre económico, político y moral. He estado deprimido los últimos 10 años, porque estaba seguro de que no viviría para ver a Gran Bretaña de vuelta en Europa. Por eso me ha sorprendido, y me ha alegrado enormemente, que el nuevo primer ministro (Andy Burnham) haya dicho que una de sus prioridades es estrechar lazos con Europa. Y puede que esto acabe llevando a un referéndum. Pero no sé si Europa quiera que volvamos, ni en qué términos. Soy más optimista ahora que hace 10 años, pero depende de los europeos y bajo qué circunstancias nos quieran de vuelta. Es como cuando te divorcias y pides volver a casarte otra vez. El instinto te lleva a decir que no. Espero que no sea una buena analogía”.
Una locura, ley sobre el terrorismo
El literato británico también se refirió al caso de la escritora irlandesa Sally Rooney, que él mismo apoyó con la firma de un manifiesto en su defensa a raíz de que sus novelas –Normal people e Intermezzo– se dejaron de vender en Reino Unido tras anunciar que destinaría sus ganancias a la organización que denuncia el genocidio en la franja de Gaza, Palestina Action. “Parece una locura, pero cada vez vemos más casos así en nuestro mundo. Con la ley sobre apoyo al terrorismo, basta con llevar una pancarta que diga ‘Apoyo a Palestina’ para que te detengan. Y la ironía es que la mayoría de los detenidos hasta ahora son ancianas de unos 70 años con una pancarta. Viene la policía y se las lleva. Lo de Sally Rooney es curioso. Es irlandesa. Nada de lo que hace o dice es ilegal en Irlanda, pero, por la manera en que está redactada la legislación británica, sus editoriales no pueden pagarle, porque eso supondría apoyar a alguien que defiende el terrorismo. Yo, claro, no creo que Sally Rooney apoye el terrorismo. Es un gran desbarajuste, es cuestión de que el gobierno entre en razón y reconozca que esto es un lío enorme”.
Finalmente, Barnes ofreció su visión de la actual situación en el mundo: “Es difícil no preocuparse por el regreso del autoritarismo. A veces me acuerdo del 1984 de George Orwell, con sus tres bloques de poder, todos autoritarios y más o menos indistinguibles entre sí. Y pienso: ahora tenemos a China, Rusia y Estados Unidos gobernados por autócratas que no respetan las normas democráticas. Y el resto, simplemente tenemos que convivir con ello. Me parece una situación fascinante en lo esencial. Y la retirada de Estados Unidos de tratados y de viejas amistades es vergonzosa. Y también está la cuestión de si habrá más autoritarismo en Europa.. Y no soy optimista. Lo siento, no puedo”.







