Luis Ricardo Guerrero Romero

La estaba viendo otra vez, cada escalón que bajaba admiraba la senectud que se apoderaba de ella, pero también, cuando sube los escalones se contempla cómo el tiempo le afecta, el tiempo la consume con la misma voracidad que a mí. En casa hay unos 83 escalones juntando las entradas que a la vez son las salidas, al mismo tiempo que sucede así con las escaleras, las mismas que me ayudan a subir, me invitan a bajar. Probablemente la vida es un constante ciclo monótono en el cual cada peldaño es proporcional a cada fracaso. Por eso es por lo que la veo envejecer descalza por las escaleras, y me veo en la senil escena a la cual pertenezco cada mañana nueva, nueva para mí, y vieja para mí. ¿Subo una escalera o subo un escalón?, ¿bajo un escalón o bajo una escalera? Todo se contrapone, todo pide ayuda, se complementa, grita.

La gente que tiene un gran peso: emocional, físico, y los tísicos, los desnutridos le arrancan a la vida más espíritu para llegar a la cima, al último escalón, aquellos que gozan de salud, o son más o menos estables, se sienten vitales al subir escaleras y juegan al bajarlas. Las escaleras nunca suben, ni nunca bajan, sólo el hombre es el que asciende y desciende, una banqueta es un escalón, una piedra entre los charcos un peldaño, un grado que sobresale del plano de la superficie. Herramientas que nos acercan a la cumbre y luego nos devuelven a la realidad, estar abajo para subir, subir observar panorámicamente dónde vamos a pisar. La primera escalera creada todavía está en pie, dentro de cada mente humana.

El sustantivo que ahora nos atañe tiene representaciones icónicas, la que es más relevante es aquella pintura Nu descendant un escalier, de Marcel Duchamp, pero hay escaleras que por su importancia histórica son dignas de un tratado como: la pirámide de Kukulkán, La torre del Mangia en Siena, El pozo de Chand Baori en el pueblo indio de Abhaneri. Escalones hacen escaleras que para poder subirlos habrá que estar abajo.

Tal palabra nos remite a la idea de helénica βαθμος (bathmos), que generó: αναβαθμος (anabathmos) tales palabras con el sentido de base, peldaño, escalinata hacia arriba, pero también un grado, una dignidad. No obstante, la voz escalera llegó a nuestro lenguaje por medio del latín: scalae: grado. En sí, cada escalón es un grado, por eso en instrumentos de laboratorio decir graduado es hablar de escalonado, asimismo, quien obtiene un grado en el área laboral o académica, ha subido de nivel, pisa otro escalón, que le obliga ver desde más arriba, pero también le exhorta a descubrir que pude subir y bajar con licencia de hacerlo, y que, al mismo tiempo puede ayudar a subir a otros, aunque también puede bajar con ellos. Subir y bajar, es la bina eterna de todo hombre, es el quehacer de cualquier persona pensante, o emocionalmente pensante, no basta tener una escalera, sin siquiera saber escalonar…

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