Luis Linares Zapata
Uno tras de otros muchos se han sucedido los tropiezos geopolíticos del señor Trump. La culpa debe recaer en la desmesura de sus ambiciones. Comenzó su mandato confiando –sin pizca alguna de madurez– en la solidez de sus objetivos. Desparramó su mirada de uno a otro confín del mundo, sin recato que valiera meditación precisa y sosegada. Tan pronto como acusaba a Europa de blandengue e incapaz, urgía a esas naciones a incrementar sus inversiones en armamento. Si fuera adquirido, claro está, a sus fabricantes, ¡qué mejor! Para sorpresa de todos, uno a uno, esos países se fueron subordinando y aceptaron obedecer. Aunque pocos o, mejor dicho, casi ninguno, entró de lleno a tan exigente regla. La consecuencia derivada fue su pensada expulsión del club de mandones (OTAN). En esencia, sólo fue el país del tirano que ordenaba terminar con la guerra de Ucrania a una Rusia que nunca hizo caso a sus urgencias. Y de esta forzada manera siguió lanzando sus consignas y órdenes perentorias, que ahora esperan flotando en el frío aire y suelo de Groenlandia. Todavía más provocadora fue la broma de hacer de Canadá un estado más de su “América”. Poco se diga del renombramiento del Golfo de México que, sin chistar, ha salido en los mapas con sus aguas a salvo.
La guerra de los aranceles fue su primera gran tentativa de aleccionar al mundo de acuerdo con sus intereses. Atemorizó a sus socios, rivales y clientelas sin distinción. Cualquier retobo sería penado con incrementos que llegarían al absurdo. El caso chino fue ejemplar: unos días después tendría que recular sin mediar pena alguna. Los aranceles de 100 por ciento impuestos de mañana se achicaron por la tarde cuando topó con los chinescos metales y tierras raras. Y así ha ido fluctuando el trastabilleo, con el veloz paso de los días y las consecuencias no pensadas ni saboreadas.
Los millones de billones de ingresos presumidos no aparecieron, al menos con la transparencia debida a los ojos y bolsillos de sus conciudadanos. Empezó entonces una agresiva y hasta criminal política de persecución a inmigrantes. Y eso apuntó al origen de una tragedia electoral que se concretó con millones de votantes en la calle al grito de ¡No Reyes!
El declive de simpatías no se hizo esperar. Lento, pero consistente ha seguido hasta rayar en cifras de alarma. Lo que ha sido inesperado para un Trump energético, insultante de seguridad y éxito ha recaído en su política guerrera. Las muchas amenazas se concretaron en una Venezuela ya asfixiada por los castigos y penalidades económicas impuestas.
El cártel de los Soles fue una patraña inventada sin mediar seriedad. Pero se blandió para medio encubrir su inevitable y acariciada invasión. Los venezolanos tendrían que pagar por el irredento fuelle imperial de Washington. Sobre la gran abundancia petrolera de los sudamericanos recala la ambición trumpeana. Un tesoro que apuntaron a su mañoso haber, una vez capturada la dirigencia de Maduro.
La grandilocuencia discursiva recayó a cargo de chinos y rusos por el uso de sus monedas para compras y ventas. El dólar parecía desplazado. Impensable táctica deun país que se supone subordinado. Las consideraciones de sentirse y ser un imperio global no aceptan esa clase de manoseo. La operación militar se llevó a cabo sin pérdida de vidas gringas. Aunque los cubanos, allá destacados, resintieron las numerosas suyas. Poca cosa para el orgullo de un líder trascendente. Cualquier ¡asunto menor! en este episodio petrolero. Trump salió envalentonado y presto a lanzar sus improperios y amenazas ante cualquier escollo que le estorbara. Ya había evitado que los chinos se posesionaran de las abundantes reservas de crudo y otros muchos metales venezolanos. Se requería salvar un punto adicional: uno dónde China se surte de otras gigantes reservas: Irán. Así comenzó otra invasión. Ésta, empero, tan mal pensada y apresurada que tiene enfangado a Trump y a buen parte de la economía mundial. Crudo, gasolinas, gas y fertilizantes,quedaron atrapados en un estrecho paso de consabida historia marítima. Y ahí va quedando enjaulada parte sustantiva de la grandilocuencia trumpiana. El espectro de su derrota electoral lo tiene entrampado, y su renovado “atentado” reciente no lo aliviará de penas varias.
Lo cierto es que, el reciente descubrimiento de sus aventuras encubiertas en México no es para nada inocente. Tampoco circunstancial y menos ha sido y será una excepción. Saben, los espías norteños que cuenta con numerosos voluntarios prestos a ofrecer sus servicios y traiciones. No resisten la tentación de añadir en tales operaciones encubiertas sus tristes intereses personales y partidarios. Este episodio no puede quedar en la simple renuncia de un fiscal enfangado con mentiras. Hubo graves violaciones constitucionales que saldar con penas. El escándalo ha sido mayúsculo y no se desvanece con timorato arreglo. La gobernadora debe salir, como entró: manchada por su aventurera postura.





