Luis Ricardo Guerrero Romero
Implacable ley de Herodes “o te chingas o te jodes”, practicada ley del abusivo “el que no traza no avanza”, devota ley del peor “o tu pellejo o el mío”. Esas era las frases que se dejaban sentir en la oficina del Lic. Agustín Peralta del Valle Montejano. Frases con las que él no podía vivir, puesto que el sujeto solidario, emprendedor y amigable nunca apostaba por ser taciturno. Sólo el taciturno con la vida podía llevar a cabo estas leyes del pueblo infectado por las malas costumbres de chingar al prójimo. Pero como les decía, para Peralta del Valle Montejano, estas costumbres eran por demás soslayadas de su actuar.
En la oficina de gobierno en la que él laboraba se podía escuchar de todo, incluso en algunos días de convivio dentro de las horas laborales se oían gemidos de dedicadas secretarias que sucumbían ante las propuestas del juez amante, del perito adulador, del ministerial amenazante. Por esas anomalías y otras más que las letras no soportan describir, fue que Agustín Peralta del Valle Montejano decidió acometer contra todos.
Fue un viernes de botana en donde usualmente se reunían los funcionarios con los empleados de confianza y otros agregados en donde Peralta del Valle Montejano llevó a cabo su venganza ante la ley, la de Herodes y las otras más que él aborrecía. Sacó revólver ruger 38, justo cuando el juez levantaba su tarro, jaló tres veces el cañón y luego desvanecía junto con su sangre caliente y desdichada. Pocos sabían de su historial, pero el juez embriagado y arrepentido, confesó entre lágrimas que lo amaba, y que no quiso lastimarlo cuando éste lo violó.
La ley se representó por la basura de aquel cabildo, pero también por la pureza de Peralta del Valle Montejano. “Más vale sufrir una injusticia que cometerla” (Sócrates) fue la frase que se encontró escrita en su mano izquierda y que se logró leer mientras su cuerpo se enfriaba.
Denso es el intentar hablar sobre la ley, pues desde antiquísimo tiempo ha sido un motivo para pasar horas y horas pensado, interpretando y comprendiendo a ésta. Así que pido una disculpa por lo que vaya a omitir, y pongan más atención de lo que no prescindiré.
En la literatura por antonomasia es decir la Odisea, se habla de la ley del cuerpo y del alma, también se dice de los que no la siguen, los cíclopes, estos, son los “sin ley que, confiando en los eternos dioses, nada plantan con sus manos […] y no se preocupan de los otros”. Aquí ya se entiende que la ley es preciada al preocuparse por los otros pues los “sin ley” no lo hacen pues no son hombres y la ley es propia del hombre. Partiendo de que la ley es propia del hombre no cabría la pregunta con la que Santo Tomás inicia su tratado de la ley: “la ley ¿es obra de la razón [o de la voluntad]?”. El teólogo por excelencia menciona en este mismo tratado que: “la ley dirige al hombre en sus acciones” y él mismo, en la cuestión segunda menciona las clases de leyes: ley eterna, ley natural, ley humana, ley divina. Imposible dejar al margen otro gran aporte de la ley como la de Hobbes en su obra Leviatán, en donde para lograr entender la lex naturalis (ley de la naturaleza), habrá que conocer sobre la jus naturale; en grandes rasgos el apartado de la ley en Hobbes se resume (atrevidamente) en que, el hombre tienda a la paz. Pero no es de sorprenderse este atrevimiento, pues la ley desde los israelitas es la “instrucción”, este es el significado de la palabra Torah, no como ley o reglas a seguir estrictamente, sino como una instrucción para poseer una vida plena.
Y bien que este sustantivo ley, como ya se notó al hacer mención del Leviatán; viene del latín lex, legis, Ley. Es importante hacer mención que, aunque el concepto de ley es uno, se llega aplicar hasta en casos bastante curiosos como el de la ley seca. En la Física es sensato decir que se encuentran tres leyes principales: la ley de la gravedad, ley de la inercia y Segunda ley de la Termodinámica. Una admirable abogada me enseñó otra idea más de la Ley, pues al escuchar en voz de un tercero decir que, la Ley es corrupta y sólo beneficia a unos pocos, ella replicó diciendo que la Ley es buena y virtuosa, lo que no existen son personas que la apliquen con rectitud, salvo el occiso Agustín Peralta.
Una ley que por sentido común es aplicable a nuestro comportamiento es aquella trillada locución latina: quod tibi fieri non vis alteri ne feceris, lo que tú no hagas no quieras que otros lo hagan, o dicho coloquialmente, no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti. Pronto será la venganza de Peralta del Valle Montejano.





