Reuters y Ap

La inflación anual de Estados Unidos se mantuvo inesperadamente estable en julio, muy por encima del objetivo del 2 por ciento de la Reserva Federal por 65º mes consecutivo, y es probable que la pausa en el descenso desde el reciente máximo provocado por la guerra con Irán agrave el debate sobre si hay que subir las tasas de interés.

El índice de precios de los gastos de consumo personal (PCE) aumentó un 3.7 por ciento en los doce meses hasta julio, sin cambios respecto a junio, según informó la Oficina de Análisis Económico del Departamento de Comercio. Los economistas encuestados por Reuters esperaban un 3.6 por ciento.

El PCE se disparó en mayo a un máximo de tres años del 4.1 por ciento, después de que el presidente Donald Trump lanzó a fines de febrero, junto con Israel, ataques aéreos contra Irán, lo que provocó una espiral alcista de los precios de la energía, ya que el conflicto afectó a cerca de una quinta parte del suministro mundial de crudo.

Seis meses después, el conflicto no parece estar más cerca de una resolución definitiva, aunque los enfrentamientos han disminuido y los precios del petróleo —así como la ola de inflación más generalizada que provocaron— han retrocedido desde los máximos alcanzados a mediados de primavera.

El retroceso de la inflación en los dos últimos meses ha contribuido a reforzar los argumentos de la mayoría de los miembros del Comité Federal de Mercado Abierto que votaron a favor de mantener las tasas sin cambios en julio, en el rango del 3.5 y 3.75 por ciento, donde se han mantenido desde diciembre.

Sin embargo, es poco probable que el lento ritmo de mejora apacigüe a una minoría cada vez mayor de autoridades monetarias que defienden que se necesita una política más restrictiva, dado que la inflación está por encima del objetivo desde febrero de 2021 y no lo alcanzará sin nuevas medidas de contención.

La inflación medida por el índice PCE —que la Fed utiliza para fijar su objetivo— alcanzó un máximo del 7.2 por ciento en junio de 2022 y las alzas de tasas más pronunciadas de la Fed desde los años 80 contribuyeron a situarla de nuevo en la senda hacia el 2 por ciento.

Esa trayectoria cambió el año pasado después de que Trump desatara una oleada de aranceles a las importaciones a su regreso a la Casa Blanca, lo que provocó un aumento de los precios de una amplia gama de productos, presiones que se vieron agravadas con la guerra en Irán.

Es probable que surjan nuevas presiones provocadas por los aranceles, después de que las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y su segundo socio comercial, Canadá, fracasaran el viernes, abriendo la puerta a nuevos gravámenes sobre 20 mil millones de dólares en importaciones de productos canadienses.

Desde entonces, tanto Washington como Ottawa han anunciado medidas de represalia adicionales que entrarán en vigor en los próximos meses, a menos que se alcance un acuerdo para evitarlas.

En términos intermensuales, el PCE subió un 0.2 por ciento en julio —también por encima de las previsiones de los economistas— tras caer un 0.1 por ciento en junio, lo que había sido el dato más débil desde abril de 2020.

Economía creció a un ritmo de 1.5%

La economía de Estados Unidos creció a un ritmo lento del 1.5 por ciento de abril a junio. Pero el gasto de los consumidores se mantuvo fuerte.

El Departamento de Comercio informó que el crecimiento del producto interno bruto (PIB), que registra la producción nacional de bienes y servicios, se desaceleró con respecto a un ritmo del 2.1 por ciento de enero a marzo. La cifra de crecimiento del segundo trimestre no cambió respecto de la primera estimación del departamento.

Aun así, el gasto de los consumidores —que representa alrededor del 70 por ciento de la actividad económica de Estados Unidos— aumentó a un saludable ritmo anual del 3.4 por ciento, frente al 0.5 por ciento del periodo enero-marzo.

La razón del tibio dato de crecimiento fueron las importaciones. Se restan del crecimiento porque se supone que el PIB solo debe contabilizar la producción nacional de Estados Unidos. Las importaciones aumentaron a un ritmo anual del 12.5 por ciento de abril a junio, en parte debido a un repunte en los envíos de chips de computadora y otros productos que respaldan la inversión en inteligencia artificial, y recortaron 1.64 puntos porcentuales del crecimiento del segundo trimestre.

Más allá de las cifras principales, la economía de Estados Unidos ha mostrado una sorprendente resiliencia frente al conflicto bélico con Irán y el aumento de los precios de la energía que esto provocó. La inversión empresarial, excluida la vivienda, creció a un ritmo del 8.5 por ciento en el segundo trimestre, lo que refleja el auge de la inversión en inteligencia artificial. Y una medida de la fortaleza subyacente de la economía —que excluye el volátil gasto público y las cifras del comercio— creció a un sólido ritmo del 4.2 por ciento, frente al 1.7 por ciento del primer trimestre.

La inversión en vivienda aumentó, con un leve repunte por primera vez desde finales de 2024. El mercado de la vivienda se ha visto deprimido por las altas tasas hipotecarias.

El informe fue el segundo de tres análisis del Departamento de Comercio sobre el crecimiento del PIB del segundo trimestre. El tercer y último informe está previsto para el 30 de septiembre.

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