Luis Ricardo Guerrero Romero

También se me había pasado contarte lo que me hizo pasar la semana anterior el Sr. Ramírez; ya lo conoces, a veces en su afán de ser agudo en pensamientos uno termina por no entender nada, es un híbrido entre la filosofía, el sentido común y la soledad. Me salió con la idea de que para poder ser una buena secretaria debía de limar con él. Al principio del diálogo pensé que me albureaba o se iba a propasar, aunque no es uno de esos, aquí en las oficinas del gobierno uno nunca sabe qué esperar. De todos modos, no me hubiera disgustado, ya en casa mi marido actual tiene una semana sin observarme con concupiscencia, y, debo de confesarte, uno como mujer tiene sus necesidades de orden no sólo amatorio sino fisiológicas. Pero, en fin, para no hacerte el cuento más largo el Sr. Ramírez se refería a otro tipo de limar; y es que, con esto de las palabras y los contextos, las formas de expresar y las situaciones casi todo lo que no se aclara al momento es proclive a malinterpretarse. Por lo menos para mí sí lo es, no sé si para todas, pero si alguien se acerca y te dice algo así, y le sumas un poco buen perfume, una voz atractiva, dinero en la cartera y un par de ojos penetrantes, quizá es probable tener otra visión de tu emisor, en este caso del Sr. Ramírez.

No me importa que sea yo una septuagenaria y el Sr. Ramírez un sexagenario, yo me sumo a la idea de Octavio Paz, en aquel verso de “Piedra de sol”: el mundo cambia si dos se miran y se reconocen. También cambia si dos liman.

Pulir, alizar, perfeccionar, suavizar, debilitar, también desbastar; son algunas de las ideas que hace una lima frente o en la ejecución de limar. Como dijo la señora secretaria en el texto anterior, puede tener otros sentidos, pues con mayúscula se habla de una ciudad: Lima, pero como verbo tiene otros sentidos y a la vez como fruto (sustantivo), otros sabores. Aunque la lima fruta es herencia de otra lengua, la lima herramienta que pule o suaviza tiene su origen más próximo en la lengua latina: limatulus, aquello que queda exquisito luego de ser pulido, sin embargo, la voz lima se rastrea sin cambios morfológicos, puesto que, así como hoy escribimos lima, así también se decía y graficaba en la antigua Roma: lima- ae, de la primera declinación latina, que quiere decir: corrección, no en cuestión de material sino de escrito. El poeta limaba sus escritos, es decir los afinaba antes de ser expuestos. Hasta hoy limar es casi un sentido idéntico, aunque se emplea más en oficios o técnicas que en el sentido de los textos o relaciones sociales, no por ello habrá que eliminar el dato, es decir, quitar el dato. Pues eliminar y lima son parientes que se suavizan si se miran y se reconocen.

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