Carlos López Torres

Aunque los habitantes de Ciudad Valles y Tamuín llevan años padeciendo un clima de inseguridad permanente, hace unos días el pánico se dibujó nuevamente en sus rostros cuando las llamas consumieron algunos objetivos escogidos por los delincuentes, que hasta ahora ni las policías de los tres niveles ni el Ejército atinan explicar dada su diversidad y pese a la detención de los supuestos autores.

¿Se trata del calentamiento de la plaza o el cobro de facturas pendientes? Por lo pronto, ante los hechos que vienen a sumarse a los sucesos violentos que han aumentado conforme se adentra el sexenio, el gobernador Juan Manuel Carreras López asegura que “todo marcha bien”.

Sólo que esta vez no se trata de explicar algunos efectos del accionar sistemático de la delincuencia en la entidad. Tampoco es ya creíble la socorrida versión de que son forasteros los autores delincuenciales y que van de paso, toda vez que los supuestos detenidos a quienes se les atribuyen los incendios, son vecinos domiciliados en Ciudad Valles, según la información proporcionada por las autoridades.

Lo cierto es que declaraciones como esa de que “todo está bajo control”, lo único que hacen es despertar suspicacias y dudas entre la ciudadanía y algunos sectores representativos de la sociedad y la Iglesia, frente a una constante documentada con cifras relacionadas con el crecimiento de accionar delincuencial en lo que va del sexenio.

Por supuesto, los ciudadanos de a pie, quienes por los distintos rumbos del área metropolitana han sido testigos de algunos hechos violentos, donde han perecido algunas personas o se han suscitado balaceras, tampoco creen que el control del que hablan las autoridades sea tan efectivo como se dice.

Sólo hace unos días el gobierno federal y el estatal presumían que el operativo Tamaulipas era todo un éxito, pocos días después la violencia se ha disparado a niveles extraordinarios, al grado que la Secretaría de la Defensa Nacional ha recibido la instrucción de enviar varios cientos de militares a realizar funciones de policías, ante la incapacidad de los operadores locales y el mando conjunto con federales para detener la violencia y sus derivaciones delincuenciales, especialmente el secuestro de personas.

Todavía hay tiempo para atajar la dinámica impuesta hasta ahora por los delincuentes, algunos de ellos implantados desde hace tiempo en nuestro territorio por más que se pretenda negar. Así lo dicen el aumento del consumo de drogas y la proliferación de todo tipo de antros sin control, bajo disputa y en gran medida tolerados por la policía que brilla por su ausencia.

Sin embargo, no son ni el recurrente argumento de que los malos vienen de fuera, ni que no existen grupos arraigados en San Luis Potosí de la delincuencia organizada; como tampoco sirve el autoelogio de contar con una policía capacitada, profesional, que hace su tarea puntual, de manera eficaz y eficientemente.

¿Qué es lo que impide a los gobernantes reconocer la realidad?

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