Renata Terrazas*
Mi formación de politóloga me hace proclive a emocionarme con los debates entre candidatos a algún cargo público, de manera muy similar a como cuando veo a mi equipo jugar una final. Sin embargo, en esta ocasión había decidido no ver los debates entre los candidatos presidenciales de Estados Unidos; la razón principal era la poca calidad como político del candidato republicano.
Ayer, en un largo trayecto en esta gran urbe me dio por sintonizar el debate mientras conducía por nuestro caos particular. Entre cláxones y cerrones de carros escuchaba a Hillary Clinton y a Donald Trump debatir –y evadir– los asuntos más relevantes de nuestro vecino país del norte.
Bien sabemos que un debate presidencial no permite la lectura final de las posturas ya que, como ha venido sucediendo desde hace varias décadas, lo principal es hablarle al electorado de centro, al indeciso, al que puede significar la diferencia en los resultados.
El pueblo estadunidense, como casi cualquier otra sociedad democrática en el mundo, tiene información precaria sobre el quehacer gubernamental y basa sus decisiones y posturas más en valores morales y religiosos que en un conocimiento de su comunidad política y de sus problemáticas.
Por eso resulta altamente peligroso que candidatos a puestos públicos hagan un mayor esfuerzo por reducir mensajes políticos a campañas descalificatorias o propuestas absurdas como la construcción de un muro en la frontera. No es nuevo y Estados Unidos no es el pionero, en México hemos vivido campañas políticas donde la apuesta política queda relegada por la difusión de mensajes pegajosos contra los adversarios.
Lo que observamos en el debate de esta semana, así como lo que cada día constatamos en los foros públicos de las democracias del mundo, es un intento de desinformar y mermar las capacidades ciudadanas de sociedades cada vez más retraídas al espacio privado. Desinformaron los candidatos desde que manejaron temas complejos de política con negligencia, mermaron las capacidades ciudadanas desde que construyeron un puente entre ellos y la gente donde la información queda del lado de los políticos.
Ejemplo de ello es el tema migratorio; complejo en extremo y que fue tratado desde una perspectiva limitada y con el sólo objetivo de atraer votantes. Resulta peligroso este reduccionismo maniqueo cuando se inserta en una sociedad cada vez más ignorante y miedosa del otro. Aún si ambos candidatos conocen del tema y tienen claridad sobre sus acciones en caso de llegar a la presidencia, el gran problema es que el electorado tiene muy poca información sobre las verdaderas posturas de ambos.
Trump ofrece la construcción de un muro, sin un plan real para realizarlo dados los costos de construcción y mantenimiento del mismo, además del simplismo de una medida que atraería más muertes para quienes migran. Clinton habla de un plan integral sin dar detalles de cómo funcionaría y con serias dudas de los expertos en el tema dado que los presidentes demócratas suele realizar más deportaciones que los republicanos.
Es decir, en este tema en particular, el contexto marca la postura de ambos candidatos más que su visión sobre las cosas, por lo que sus posturas reales son más hacia el centro que lo que vemos en televisión. Por ello, cuando sus votantes lleguen a las urnas para decidir qué gobierno quieren, lo harán basados en una verdad a medias… nada más antidemocrático que eso.
Desinformar para manipular, ya sea para llamar a votantes indecisos a que apoyen proyectos que detestan o para hacer que sociedades temerosas acepten medidas violatorias de derechos humanos. Desinformar para mantener el control.
Se acercan las elecciones presidenciales en México, hacia ellas deberemos exigir información real y posturas claras de los futuros candidatos sobre las mayores problemáticas que aquejan nuestro país. Ponerle motes a los candidatos no es informar, así como tampoco lo es un debate lleno de acusaciones; para 2018 queremos discutir los planes de crecimiento económico, sobre la garantía de derechos y la eliminación de la inseguridad. Para 2018 queremos información real y oportuna para tomar mejores decisiones.
* Investigadora de Fundar, Centro de Análisis e Investigación





