- Macartismo autóctono
- Bosta e infarto hepático
Carlos Fernández-Vega
No entiende nada de nada. Hizo lo mismo en el sexenio de AMLO y, de todas, perdió todas. Pero se aferra: la histérica ultraderecha autóctona (con todos los apoyos made in USA) está convencida de que, con una buena inyección de recursos, “ganará” la guerra contra el “comunismo”, con intensas cuan enloquecidas campañas mediáticas (encanales tradicionales y “alternativos”), que sólo promueven odio, clasismo y confrontación, y para ello utiliza y recicla plumas y “comentócratas” totalmente achicharrados, sin mínima credibilidad. Ni siquiera se toma la molestia de bajar a la calle, a ras de piso, para medianamente acercarse a la realidad social.
Y los “estrategas” que financian y acicatean esas campañas permanecen en la sombra, aunque todo el mundo sabe de quiénes se trata. Bueno, no todos permanecen en la penumbra, porque en esta feria de vanidades, igual de delirante que de abyecta, aparecen y se autopromueven impresentables, como el megalómano Ricardo Salinas Pliego, quien, de plano, no puede superar el trauma, el infarto hepático, y en el ego, que en él provocó tener que pagar multimillonarios impuestos caprichosamente acumulados a lo largo de los últimos 18 años del régimen neoliberal, en la creencia –sólo la suya– de que con el cambio de gobierno y dirigente (al que en un inicio le besaba las suelas, pero del “amor” convenenciero pasó al odio recalcitrante) se procedería de la misma forma que Calderón y Peña Nieto; es decir, fingir demencia, alargar la decisión y bajita la mano terminar por no cobrarle ni un centavo.
Entonces, además de una buena tajada de los recursos utilizados en las campañas sucias y el descarado uso de una concesión del Estado –regalada por Carlos Salinas de Gortari– para promoverlas (con todas sus marionetas al aire, que son incansables a la hora de regar basura por todas partes), ¿qué aporta el de los abonos chiquitos y los intereses de agio, el nuevo representante de Joseph McCarthy en México, para lo que él denomina “democracia”? (recuérdese que ésta sólo es “para los empresarios, por los empresarios y de los empresarios”, como decía Vicente Fox).
Nada en absoluto, salvo cualquier cantidad de insultos, violencia verbal, odio, racismo y clasismo por doquier, misoginia a más no poder, golpismo, mentiras en racimo y autopromoción digna del más ególatra entre los ególatras. Es cuestión de asomarse a su cuenta de X para conocer la cantidad de mugre que avienta por miedo de su muy bien aceitado insultómetro, lo que lleva a preguntar: ¿en qué momento trabaja?, porque vive pegado a esa red social –tal cual lo hacen sus ídolos Trump y Milei, quienes “gobiernan” celular en mano– para ingenuamente “impulsar” su candidatura con miras al proceso electoral de 2030.
En vía de mientras, ayer la presidenta Sheinbaum se refirió a él sin especificar nombre: “hay un empresario de una televisora ahora que todos los días saca cosas contra nosotros. ¿Qué pasó? ¿Por qué está tan enojado? Pues porque tuvo que pagar impuestos, porque nosotros no llegamos a un acuerdo con él en lo oscurito de decir: ‘a ver, habla bien de mí y te condono impuestos’, no. Está pagando más de 30 mil millones de pesos de impuestos que debía. Puede ser que esté enojado, pero tiene que pagar. Nosotros no hacemos acuerdos en lo oscurito en contra del pueblo de México. Pero durante 36 años hicieron acuerdos, en lo oscurito, en contra del pueblo de México, 36 años. Entonces, a partir de 2018 cambia el gobierno y se dice: ‘se separa el poder político del poder económico’. Pero no compramos conciencias, eso sí no; ni damos dinero para que estén con la Presidenta. Eso es del pasado. ¿Qué quieren ellos? Que regresemos a eso. Pues no. México ya cambió, ya no son los tiempos del pasado: ya no es el tiempo en que los gobiernos le servían a una élite. Entonces, ¿a qué estaban acostumbrados, medios de comunicación, muchos empresarios que fueron beneficiados en el periodo neoliberal?, a que ellos gobernaban. Ayer estaba viendo el libro ¡Gracias!, del presidente López Obrador. Hay una tabla ahí de la cantidad de impuestos que les condonaron a las grandes empresas. Esos impuestos ya no se condonan”.
Entonces, más que instalarse en la red social X, financiar campañas sucias y aventar boñiga todos los días en su concesión del Estado, al agiotista nada mal le caería tirarse al diván e intentar encontrar un poco de paz interior, aunque sea en abonos chiquitos. Y junto con él, tantos otros.
Las rebanadas del pastel
De plano, ni las peores telenovelas de Televisa –que son todas– alcanzan el ínfimo nivel del culebrón protagonizado por la gringa Maru Campos.
Twitter: @cafevega





