Daniel López Aguilar
El Festival Internacional Cervantino (FIC) no se entiende sin teatro. La disciplina que abrió el camino para su fundación mantiene su peso en la edición 54, entre creaciones documentales, nuevas lecturas de los clásicos y trabajos comunitarios.
En 1953, los Entremeses cervantinos, dirigidos por Enrique Ruelas, llegaron a la Plaza de San Roque. Aquellas sátiras sobre la vida cotidiana forjaron en el estado una tradición escénica anterior al FIC. El Teatro Universitario de la Universidad de Guanajuato los devolverá a ese espacio.
El programa amplía las maneras de ejercer el oficio. La vida secreta de los viejos, de Mohamed El Khatib, reúne a personas de entre 75 y 102 años para hablar de amor y sexualidad. Sus testimonios cuestionan la idea de que el deseo caduca.
La experiencia personal adquiere otro sentido bajo las reglas de la ley y la medicina. Asuntos familiares, de Émilie Rousset, parte de entrevistas sobre violencia sexual, incesto, gestación subrogada y derechos de la población LGBT+ para examinar la distancia entre el lenguaje jurídico y la vida privada. En la pieza Addicto, el director francés Thomas Quillardet lleva a escena las confidencias que escuchó entre pacientes y trabajadores de una unidad de desintoxicación.
Desde el ámbito local, la compañía Ojo Negro aborda en Rastreadoras la desaparición de personas y la lucha de quienes buscan a sus familiares. Teatro de sombras, danza butoh y música en vivo muestran lo que las palabras no alcanzan a expresar.
El vínculo entre cuerpo y relato reaparece en Sea of Silence (Mar de silencio), de Tamara Cubas. Sobre un suelo cubierto de sal, siete mujeres narran viajes por desiertos y mares mediante canciones, textos y rituales. La violencia que enfrentaron y sus recursos para sobrevivir sostienen la creación.
Los clásicos aportan otras formas de mirar el presente. Sardegna Teatro participará con Tragùdia: El canto de Edipo, creación del autor y director italiano Alessandro Serra, quien sitúa al rey de Tebas en una ciudad en ruinas. Interpretada en grecanico, lengua que conserva rastros del griego antiguo, la tragedia plantea la pérdida de la comunidad y la búsqueda de la verdad.
A ese repertorio se suma Misanthrophías, obra del dramaturgo mexicano Héctor Mendoza inspirada en El misántropo, de Molière. Luis de Tavira dirige este montaje de la Compañía Nacional de Teatro sobre una agrupación que puede perder su sede porque su responsable se niega a negociar con un mecenas al que desprecia.
San Roque también recibirá la vertiente comunitaria. El Proyecto Ruelas reunirá allí dos producciones desarrolladas con pobladores guanajuatenses: niños de San Ignacio participarán en Siete lagartos sospechosos tosiendo debajo de un paraguas y Teatro Comunitario Cabras retomará El príncipe feliz, de Oscar Wilde.
En total serán 14 propuestas y 23 funciones en el Teatro Principal, el Teatro Cervantes, las Catacumbas del Mesón de San Antonio y la Plaza de San Roque. Los boletos cuestan entre 170 y 450 pesos; las funciones comunitarias son gratuitas.







