
Federico Anaya Gallardo
Querida lectora, quiero hacer un recuento de tres crisis que México ha sufrido frente a Donald Trump en la última década. La primera crisis trumpiana estalló en mayo de 2018 cuando EU impuso aranceles al acero y aluminio provenientes de México. (En otras palabras, la crisis de nuestros días es casi un dejá-vú.) A esta medida unilateral (violatoria del acuerdo de libre comercio vigente) la Administración Peña Nieto respondió con aranceles-represalia dirigidos a los sectores estadunidenses más dependientes del mercado mexicano –que resultaron muy efectivos, por lo que explicaré más adelante. (Liga 1.) Esta crisis llevó a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y a crear el nuevo TMEC en 2018.
Para entender esta crisis y lo que hizo México frente a ella, debemos entender cómo se organizan los poderes nacionales (federales) en EU. Agrego a este artículo un mapa de los resultados de la elección presidencial estadunidense de 2016 por municipio. Los condados en rojo intenso son aquellos en los que ganó el Partido Republicano y Trump con un margen alto. Los azul intenso, los que ganó el Partido Demócrata y Hillary Clinton con buena ventaja. Rojo (Republicano) y Azul (Demócrata) se presentan menos intensos adonde el partido correspondiente gana pero con menor ventaja. En otras palabras, adonde veas rojo (republicano) de baja intensidad es probable que, en la siguiente elección, ganen los azules (demócratas) –y viceversa.
Importa recordar que la población de EU se concentra en las grandes ciudades de las dos costas (Atlántica y Pacífica) y que allí es adonde vemos concentradas las victorias azules-demócratas. En este punto, agrego un detalle relevante en materia comercial: la economía de los populosos estados atlánticos está muy ligada a la Unión Europea, la de los populosos estados del Pacífico a las grandes naciones de Asia y la de los menos poblados estados centrales, a México y Canadá. Por lo mismo, es de esperar que industria, comercio y factores reales de poder en el centro de EU prefieran alinearse con sus proveedores y compradores mexicanos y canadienses.
Las regiones estadunidenses interesadas en mantener las buenas relaciones mercantiles del nuevo Septentrión Americano nacido del TLCAN son el Medio Oeste (Las Dakotas, Nebraska, Kansas y Missouri); el Cinturón Maicero (Corn Belt) formado por Ohio (también rust-belt), Indiana, Illinois, Iowa, Wisconsin y Minnesota (tal vez Michigan); y finalmente la inmensa Texas y la pequeña Oklahoma. Esto nos lo explicó Luis de la Calle en su entrevista con Gideon Rachman del Financial Times, el jueves 20 de marzo de 2025. (Liga 2, mins. 18:00 & ss.)
Las victorias rojas-republicanas se concentran en el área central de la Federación –adonde hay menos pobladores. Los republicanos y Trump pueden ganar elecciones presidenciales porque en EU (al contrario que en México) la elección del Poder Ejecutivo Federal es indirecta. Cada estado es un “distrito electoral” separado en la elección presidencial. Y en cada “distrito/estado” hay una cantidad de “electores”. Quien gane la mayoría del voto popular en un estado se lleva TODOS los electores de esa entidad. Y aunque la población de cada entidad federativa es la que determina cuántos electores tiene, este mecanismo permite que el Partido Republicano junte muchos estados con pocos electores y con eso contrapese las victorias demócratas en estados con muchos electores.
Ese arreglo se conoce en la ciencia política estadunidense como El Problema del Colegio Electoral (la asamblea de los electores designados en cada estado). La Presidencia la gana quien tenga la mayoría en ese colegio (electoral vote) y no necesariamente quien gane la mayor cantidad de votos de ciudadanas y ciudadanos a lo largo y ancho del país (popular vote). México tenía un sistema similar hasta 1911. Desde la elección que ganó en ese año Francisco I. Madero, quien gane más votos en el popular vote gana la Presidencia (aunque sea debajo del 51% del total). En EU, desde 1788, han ocurrido 60 elecciones presidenciales. Si la elección hubiese sido directa (como es en México hoy en día) en 20 ocasiones (¡una tercera parte de los casos!) el ganador habría sido otra persona. En los últimos tiempos, los dos casos más sonados fueron (A) la derrota del demócrata Al Gore, quien pese a tener 48.4% del voto popular, perdió ante el republicano George Bush II quien sólo tenía 47.9% del apoyo ciudadano (una diferencia de 0.5%); y (B) la derrota de la demócrata Hillary Clinton (48.2%) frente al republicano Donald Trump (46.1%), una diferencia de 2.1%.
Con estos datos, podemos ver que la Administración Presidencial del Primer Trump (2017-2021) era más débil que la actual (2025-2029) cuando el republicano ganó el 49.8% del voto electoral frente a 48.3% de la demócrata Kamala Harris (una diferencia de 1.5%). Pero lo más importante es entender que, en EU, la política a nivel estadual es mucho más importante que los movimientos de opinión y apoyo a nivel nacional. El diseño constitucional original está intacto desde 1788: las entidades federativas (todas, las muy pobladas y las poco pobladas) tienen mucho poder al momento de conformar los poderes federales. Desde ellas se forman las bancadas de las dos cámaras federales y tanto sus gobernadores como sus legislaturas estaduales son poderosas.
Conviene recordar que desde 2015, al inicio de su primera campaña presidencial, al tiempo que Trump denunciaba la “sangría” de fábricas estadunidenses que migraron a México, el nuevo líder del Partido Republicano había asumido una posición neo-nativista en contra toda inmigración ilegal –incluyendo expresiones racistas, discriminatorias y vejatorias para las y los mexicanos en EU. Lo más alucinante en aquella ocasión fue la cuestión del muro. Ese que México supuestamente iba a pagar.
Pero en la práctica la crisis estalló menos por el muro que por los aranceles. La contraofensiva mercantil mexicana (coordinada por el secretario de Economía peñista, Ildefonso Guajardo) fue eficaz. Al apuntar aranceles-represalia de entre 15% y 20% para los productos estadunidenses como carne de cerdo, quesos, manzanas, papas, arándanos y whisky –que son producidos en regiones que apoyaron electoralmente a Trump, en la parte central de aquel país– el gobierno mexicano debilitó el apoyo parlamentario del Primer Trump y se ganó como aliados a gobernadores y legislaturas de los estados afectados por los aranceles trumpianos.
México logró contraatacar eficazmente, pero en medio de aquel zipizape el presidente republicano logró sentar a México y Canadá en una mesa que renegoció el TLCAN-NAFTA. La paradoja es que, contrario a las negociaciones de 1990-1992 aquella de la que nació el TMEC en 2018 parecía tener dos socios “a disgusto”. Uno –obvio– era el estadunidense Trump quien deseaba salirse del tratado. Pero el otro era México, adonde la izquierda obradorista –que históricamente se había opuesto al TLCAN– estaba por ganar la elección presidencial. La paradoja es que Andrés Manuel, ya como presidente electo, colocó a un observador suyo en la parte final de las negociaciones (Jesús Seade Kuri, n.1946) quien recomendó seguir adelante con lo negociado. Más adelante, los senadores de la coalición obradorista ratificaron el TMEC.
Por supuesto, la inesperada aquiescencia del obradorismo con el TMEC fue mucho más que una simplona conversión al librecambismo –que es como Leo Zuckermann quiere interpretarlo. (Lo ha repetido un día sí y el otro también en su programa Es La Hora de Opinar en las últimas semanas.) Lo cierto es que: Primero, la izquierda mexicana nunca ha sido ciega a las ventajas de una integración económica. Pero, segundo, esta izquierda siempre ha subrayado la necesidad del Comercio Justo. Y bien sabemos que Free Trade no es exactamente lo mismo que el Free Trade de los neoliberales. Recordemos: en 1991, Claudia Sheinbaum levantó una pancarta demandando Just Trade durante una visita de Salinas de Gortari a California. Malicioso y despreciativo, Zuckermann se ha burlado de esa pancarta pidiéndole a sus comentaristas que “por favor” le expliquen que es eso del Comercio Justo. Es increíble que el comentócrata no lo sepa: miles de cooperativas de café –por ejemplo– lo han demandado y practicado con sus compradores en EU y Europa desde los 1980. Pero, tercer asunto, más importante: la izquierda mexicana siempre ha desconfiado de la buena voluntad de un socio que no necesita disciplinarse a las exigencias nacidas de un tratado.
Y esto último es la República Imperial llamada EU. Lo repito para que quede claro. Es un socio demasiado poderoso como para confiar en él. Trump es sólo el amargo recordatorio de esa realidad. A Zuckermann, que hoy se lamenta tanto del incumplimiento de la palabra dada debemos preguntarle: ¿ante qué tribunal hemos de ir a demandar el breaching of contract trumpiano? Por eso es que debemos empezar a debatir geopolítica en serio.
El mapa que agregué al principio nos muestra que al norte de la región central de EU, la que más depende de que la zona de libre comercio norteamericana funcione, había muchos condados adonde la ventaja republicana no era tan fuerte. Por eso, los aranceles-represalia de la Administración Peña Nieto tuvieron éxito. Un desgaste en las economías locales de esa región, provocadas por la escaramuza arancelaria con México, podría darle a los demócratas una victoria en la siguiente elección. Esta sería una de las razones por las cuales el Primer Trump prefirió abandonar el ataque y sentarse a renegociar el Tratado. ¿Cómo han cambiado estas condiciones en diez años?
Ligas usadas en este texto:
Liga 1:
https://www.bbc.com/mundo/noticias-44378982





