Por Blanche Petrich
Ciudad de México. Los cuatro ambientalistas mexicanos que fueron detenidos y aislados durante 48 horas por la policía nicaragüense en una comunidad del sur del país y expulsados en plena noche por un puesto fronterizo del norte, hacia Honduras, llegaron poco después de este mediodía de hoy a Tegucigalpa, acompañados por el cónsul de México en Honduras Ludwig Pedro Barragán.
Sólo entonces, los jóvenes Salvador Tenorio Pérez, Emmanuel de la Luz Ruiz, Eugenio Paccelli Chávez Macedo y Daniel Espinoza Giménez (quien detenta además la nacionalidad española), pudieron hablar con sus padres en México.
Desde el sábado, cuando fueron arrestados por la Policía Nacional en la comunidad La Fonseca, departamento de Nueva Guinea, las autoridades nicaragüenses negaron información sobre el lugar de reclusión de los cuatro mexicanos, un joven costarricense, Byron Reyes Ortiz, y Ana Laura Rodríguez, una chica argentina, a sus respectivas embajadas y a las familias.
Diversas organizaciones de activistas de derechos humanos y el medio ambiente presionaron por conocer el paradero de los seis detenidos, que fueron acusados directamente y a las pocas horas de su arresto por el presidente Daniel Ortega Saavedera de haber “manipulado explosivos”.
Una dirigente de esta organización, que se opone activamente a la construcción de un canal interoceánico en Nicaragua que atraviese por el Lago de Managua, Francisca Ramírez, fue detenida, pero ella fue liberada a las pocas horas.
Ayer, alrededor de las nueve de la noche, la abogada contratada para defender a los detenidos, Mónica López Baltodano, alertó a los familiares y a las organizaciones populares que se movilizaron de inmediato que dos de los jóvenes fueron expulsados de Nicaragua por la frontera sureña con Costa Rica, mientras que a los muchachos mexicanos los obligaron a cruzar todo el país, hacia el puesto fronterizo del Guasaule.
A ellos se les permitió recuperar el camión que utilizaron para hacer su recorrido como parte de la Caravana Mesoamericana para el Buen Vivir, que viajó por todo Centroamérica durante meses para ofrecer capacitación a las comunidades en tecnologías ecoamigables. Los cuatro, todos de 25 años, son egresados de la carrera de Ciencias Medioambientales, del campus de la UNAM en Michoacán.
Haciendo el recuento de los daños, informaron que durante su virtual secuestro les fueron robadas herramientas y material de trabajo que utilizan en sus cursos y también los despojaron de los chips de sus teléfonos celulares.
Por su parte, el embajador de México en Nicaragua, Miguel Díaz, se mantuvo en todo momento en contacto con las familias en México.
A él, al igual que a los otros representantes diplomáticos –de España, Costa Rica y Argentina—les fue negada en todo momento información y comunicación con sus connacionales. Sólo se les informó de su paradero cuando ya los seis habían sido expulsados, sin cumplir los trámites mínimos de protección, de territorio
Como parte del recorrido de la caravana, los jóvenes estaban de paso en La Fonseca, departamento de Nueva Guinea, de donde partirían de regreso a sus respectivos países en los próximos días.
Luego de un incidente en el que explotó uno de los hornos que fabricaban, sin provocar mayores daños, se apersonó una patrulla de la policía nacional y arrestó a la dirigente campesina y a los seis extranjeros.
Por su parte, el diario digital nicaragüense Confidencial entrevistó desde Costa Rica al joven ambientalista tico, Byron Ortiz, quien explicó que durante las 48 horas de su desaparición estuvieron encerrados en un “cuarto bastante insalubre” en la sede de la Dirección de Migración y Extranjería, en Managua. Las autoridades jamás les explicaron por qué estaban encerrados.
Los jóvenes fueron llevados a Migración y Extranjería donde los interrogaron en repetidas ocasiones. “¿Qué organización los financian? ¿Qué información tienen del Canal?”, eran las preguntas lanzadas por los oficiales de migración. Los privaron de todas sus pertenencias, excepto los pasaportes. A la joven argentina la separaron del resto del grupo.
“Nos intimidaron con las declaraciones, pero no nos golpearon. Les decíamos que no nos financia nadie, porque nos auto gestionamos”, declaró Ortiz, quien pertenece a una comunidad indígena de Costa Rica, al diario que dirige el periodista Carlos Fernando Chamorro. Pero la insistencia de los oficiales los llevó a las amenazas. “Si no hablan los vamos a llevar un lugar donde la van a pasar muy mal”, añadió.
Detalló además que la noche del sábado que llegaron a Migración no les dieron comida, hasta el domingo por la mañana. “Estábamos como en un albergue bastante sucio”. Las autoridades nunca informaron a los jóvenes extranjeros sobre la razón de su encierro.





