Federico Anaya Gallardo

Caí en estas reflexiones que hoy te comparto, lectora, al escuchar el debate entre Leo Zuckermann, Renata Turrent y Pablo Majluf en la emisión de “Es la Hora de Opinar” del pasado miércoles 6 de septiembre de 2023 (Liga 1) adonde abordaron la decisión tomada en el proceso de designación de la Coordinación Nacional de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación en Morena. Las ideas que se expresaron en ese análisis las han avanzado muchas otras personas, pero esa mesa es un buen ejemplo. Te recomiendo verla y escuchar con atención los argumentos.

En las dos entregas anteriores en este espacio recalqué la importancia de las élites partidistas en la designación de liderazgos y candidaturas (backroom politics); así como la inevitable incertidumbre en la que esas élites deben tomar sus decisiones. Hoy quiero abordar el enredado tema de “lo que creen esas élites”.

En el minuto 06:36 del debate, Pablo Majluf afirmó: “No, yo en el fondo no veo ninguna sorpresa: es Claudia. Como todos lo habíamos anticipado. López la escogió hace mucho, hace dos años. Es importante entender esto porque en ella encontró al sucesor más leal, más fiel, más obediente, que le garantizara no solo la continuidad de su proyecto sino, acaso, y posiblemente, gobernar por interpósita persona. Entonces el dedazo no fue hoy, ¿sí? El dedazo fue hace dos años y luego se arregló un proceso aparentemente democrático para favorecerla; en el que ninguna de las corcholatas realmente nunca tuvo chance.”

Fuertes afirmaciones, que forman parte de una narración normalizada hace mucho entre quienes critican al obradorismo hecho gobierno como una restauración del régimen de presidencia imperial priísta. Sin embargo, Majluf cerró su aportación diciendo (minuto 07:21) que “sin embargo, creo que el proceso se le salió un poquito de control a López Obrador. Recordemos que Morena no es un partido propiamente. Es un templete armado un poco artificialmente para llevar a López Obrador al poder. Está compuesto de muchos grupos antagónicos que sólo se unieron alrededor del caudillo. Entonces –naturalmente– cuando el caudillo ya se va a ir … pues esos grupos se pelean.”

Interesante contradicción. Un dedazo anunciado hace dos años y pérdida de control de quien lo realizó. Majluf se lo explica por la existencia de grupos antagónicos hacia dentro de Morena. Es decir, que dentro de ese partido-movimiento hay una poliarquía. Por lo mismo, hay pugnas, puyas y negociaciones. Por lo mismo, hay backroom politics. Por lo mismo, hay incertidumbre.

En el minuto 08:47 Leo Zuckermann recoge el punto de Majluf: “Yo también he dicho que es un dedazo, y que los dados estaban cargados”. En ese punto, Zuckermann cometió un error y en lugar de “dados cargados” dijo “dedos cargados”… se rió de sí mismo y apuntó que la frase le gustaba. Yo coincido, es ingeniosa. Pero anoto, lectora, que la equivocación de “dados” a “dedos” nos permite descubrir lo íntima que es la creencia de Zuckermann en el dedazo. Parecería constituir un “presupuesto de trasfondo” (background assumption): algo que necesariamente es verdad para quien habla. La incertidumbre aterra y la lucha de facciones incrementa nuestro pavor. Nos tranquiliza la idea de que alguien controla el proceso de designación más allá de cualquier problema.

Ante las afirmaciones de Majluf y Zuckermann, Turrent respondió en el minuto 09:10 que “No. No coincido. Como decía yo la semana pasada, ante-pasada: no dudo que haya una afinidad política entre el presidente y Claudia Sheinbaum. La existe. Es normal y que por lo tanto ésta permee al movimiento; incluso a funcionarios públicos que han estado acompañando al presidente. De ahí a que haya un dedazo, a mí me sigue sin quedar claro cómo es que funciona ese dedazo.”

Fue en este punto adonde me decidí a reflexionar sobre este tema. Agradezco a Renata por señalar el punto. A mí tampoco me queda claro cómo es que funciona ese dedazo.

Zuckermann –a quien hay que reconocer el esfuerzo por explicarse racionalmente en términos de ciencias sociales– saltó de inmediato y reviró a Turrent: “Te contesto cómo… por ejemplo: la fotografía de septiembre del 21 donde está López Obrador diciendo ‘Es ella’, donde la ponían… cómo se refería a ella… En fin, creo que el presidente dio señales de que era ella, y la clase política morenista siguió las señales del presidente. Un presidente que es tremendamente popular frente… en Morena.”

He conservado las pausas y cortes de la intervención de Zuckermann porque reflejan que la pregunta de Turrent le hizo dudar de su creencia.

Analicemos lo que el comentócrata de Televisa afirmó. El presidente López Obrador da señales de su preferencia personal por Sheinbaum. Es un presidente tremendamente popular. Por lo tanto, el resultado de la encuesta estaba previamente anunciado. Sin embargo, lectora, cuando Zuckermann mencionó la popularidad presidencial duda y dijo “frente… en Morena”. ¿Frente a Morena? ¿En Morena? Son dos cosas distintas.

En el primer caso, importan los grupos antagónicos al interior del partido-movimiento. La preferencia del presidente se plantea frente-a las preferencias de esos grupos –que probablemente desean aumentar su poder e influencia; no importándoles si eso es congruente con el proyecto político del obradorismo.

En el segundo caso, se presume que el presidente está dentro del partido y que, por lo mismo, tiene influencia suficiente para avasallar a todas las otras opiniones. El problema es de nuevo lo que señaló Majluf: Morena no es aún un partido y sus estructuras internas de poder siguen en flujo. Apenas el año pasado se reformaron los estatutos para que los oficiales electos formen parte de sus órganos. (Los estatutos originales no preveían el tema, porque no había casi ningún funcionario electo morenista.) Peor: las oleadas de nuevos conversos y conversas al obradorismo en los estados significaron la entrada de nuevos grupos regionales en el partido-movimiento.

Turrent correctamente señaló a sus contrapartes que “suponiendo sin conceder que estas señales [presidenciales] hubieran sido suficientes, entonces creo que –en todo caso– se hablaría de una ‘cargada’, no necesariamente de un ‘dedazo’. Que … son conceptos distintos” (minuto 10:17). Muy cierto.

Yo agregaría aquí que el argumento del dedazo, pero también el de cargada, hace agua. ¿Por qué? Porque las encuestas que se levantaron en el mecanismo morenista fueron a población abierta. Es decir, no sólo respondieron morenistas (o no sólo se tomaron en cuenta las respuestas de quienes dijeron ser morenistas). Este punto fue, desde siempre, una de las exigencias de aspirantes como Monreal y Ebrard. Aparte, que la encuesta fuese a población abierta beneficiaba a los aspirantes de los partidos aliados (F. Noroña del PT y Velasco del PVEM) –cuyas militancias son muy pequeñas.

Por lo mismo, el argumento de Zuckermann debe corregirse. Sí, el presidente López Obrador dio señales de su preferencia personal por Sheinbaum. Sí, se trata de un presidente tremendamente popular. Pero quienes deciden –mediante las cinco encuestas a población abierta– son todas y todos los mexicanos… incluidos aquellos que no simpatizan con el presidente.

El argumento de Zuckermann se reducía a una foto de septiembre 2021, en la que se ve a AMLO levantándole la mano a Sheinbaum. La foto fue llevada a Twitter por el inefable Luis Carlos Ugalde (@LCUgalde) y Turrent la re-tuiteó con el siguiente comentario: “Se requiere de demasiada confianza en el presidente para pensar que le bastó con una foto para manipular la preferencia electoral de una mayoría. O se piensa que la gente es tonta. Y que Claudia no construyó popularidad por su propia trayectoria.” (Liga 2.)

Frente a la foto de Zuckermann, yo agregaría aquí que, el 24 de mayo de 2022 (es decir, ocho meses después de la foto multimencionada) Nexos publicó un artículo de Rodrigo Castro Cornejo en el que ese investigador del CIDE analizaba las complejidades de la aprobación presidencial de AMLO. (Liga 3.) En un contexto de encuesta abierta a toda la población, no es claro cómo la preferencia mostrada por López Obrador a favor de Sheinbaum se traduce en una preferencia mayoritaria. Es decir, no estamos ante un dedazo –al menos no en el sentido tradicional. Y si hemos de adaptar el término a la muy cambiada realidad, como hizo Gustavo Gordillo al hablar de dedazo unipersonal, grupal, electrónico, espiritista, o inmanente, el término deja de ser útil para describir lo que está ocurriendo. Eso sí, quienes lo siguen alegando se sienten tranquilos/as porque suponen que entienden lo que está ocurriendo.

Como el “favor presidencial” no se tradujo en dedazo, la preferencia mostrada por la ganadora en las cinco encuestas realizadas en el mecanismo de Morena no superó el 50%. Sheinbaum obtiene en promedio simple sólo el 39.4% de las preferencias. En el mejor de los casos (de las Heras) tiene 41.1%. Los defensores de la teoría del dedazo dirán que el “arreglo” consistió, precisamente, en permitir que en el proceso jugaran seis aspirantes. (Si sólo hubiesen participado “los punteros” las cosas podrían haber sido distintas, dirían los marcelistas.) Pero ¿en qué beneficiaba esto al supuesto “dedo presidencial”?

En la Presidencia Imperial mexicana (1952-1994) la lógica del sistema era mostrar un presidente todopoderoso que sería quien al final designaría a su sucesor. (La segunda parte del ritual de la sucesión imperial era el “vaciamiento” del presidente saliente y el “engrosamiento” del candidato como nuevo emperador sexenal.) La lógica era concentrar el poder para transferirlo completo. No dispersarlo. En el mecanismo morenista de este año, lo que vimos fue a tres excolaboradores del presidente argumentar a los cuatro vientos que eran el mejor sucesor imaginable. Y cada uno de ellos tenía quiénes le apoyasen. Fernández Noroña, desde el PT y su muy personal leyenda parlamentaria, decía lo mismo. En otras palabras, el poder-legitimidad presidencial se dispersó en lugar de concentrarse.

A mí me sorprendió el entusiasmo que causó Adán Augusto en algunas regiones. Tengo anécdotas de esto en Tamaulipas y Veracruz. Muchos creían allá que Adán era “el bueno”. Y leían con toda seriedad “las señales” de que el suyo era el verdadero “tapado”. Del mismo modo que Zuckermann o Ugalde leían una foto de 2021 a favor de Sheinbaum, mis contactos leían la cercanía personal entre los dos tabasqueños. En otra de las esquinas de este proceso, alguna compañera que había colaborado con Ebrard temía seriamente que “el fiel de la balanza” (de nuevo, la leyenda de el dedazo) buscase imponer al exsecretario de Gobernación. Más que las otras, la pre-pre-campaña de López Hernández aglutinó a su alrededor nuevos periodistas y comentaristas que se comportaban como si “el verdadero dedazo” favorecería a su gallo.

¿Recuerdas a Guillermo de Okham, lectora? La explicación más sencilla suele ser la más cercana a la realidad. No podemos pichicatearle a Majluf respecto de los grupos antagónicos dentro de Morena. Existen y cada uno tenía su gallo. Jugaron dentro del mecanismo y se repartieron las preferencias de la población abierta en cinco encuestas. De manera natural, las preferencias se dispersaron, pero quedó claro que una de las seis opciones tenía una ventaja razonable sobre las demás. A mí en lo personal no me gustaba la idea de encuestar a población abierta, pero hacerlo nos indicó que Sheinbaum tiene mejores posibilidades de competir y ganar en las elecciones generales de 2024.

Porque, aunque les pese a los conservadores que viven más tranquilos en la leyenda de la “restauración”, los comicios del año que viene serán democráticos.

agallardof@hotmail.com

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://www.youtube.com/watch?v=dQ5zF3elFeY

Liga 2:
https://twitter.com/rturrent/status/1699941383560196270

Liga 3:
https://datos.nexos.com.mx/esta-muy-mal-la-situacion-pero-apruebo-el-trabajo-del-presidente-aprobacion-presidencial-afectiva-en-mexico/#_ftnref11

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