david pérez
Hay quienes todavía repiten que el deporte y la política no deben mezclarse. Lo dicen mientras observan un Mundial organizado por tres países, vigilado por miles de policías, patrocinado por corporaciones transnacionales y utilizado por el gobierno de Donald Trump. El futbol siempre ha estado atravesado por la política. Lo único que cambia es qué causas logran hacerse visibles.
En este Mundial 2026 una de esas causas ha sido Palestina. Las imágenes más claras llegaron precisamente desde Estados Unidos. En el partido entre Austria y Jordania, aficionados jordanos y palestinos mostraron en el estadio banderas palestinas. En el encuentro entre Irán y Nueva Zelanda también se reportó la presencia de banderas palestinas en las gradas. Además, antes de algunos partidos se realizaron manifestaciones relacionadas con la guerra en Gaza y con la situación del pueblo palestino.
No se trata de un fenómeno aislado. Tampoco de una ocurrencia de algunos aficionados. Es la expresión futbolera de uno de los movimientos de solidaridad civil internacional más amplios de nuestro tiempo.
Resulta significativo que estas expresiones hayan aparecido en EU, pese a los constantes intentos de reducir la tragedia palestina. Las banderas que aparecieron en los estadios recuerdan que detrás de las estadísticas de guerra, de los comunicados diplomáticos y de los debates en Naciones Unidas existen seres humanos cuya situación sigue generando empatía alrededor del mundo.
En ese contexto ocurrió un episodio que un usurario de internet involucrado en los hechos intentó presentar como una prueba de antisemitismo. Un aficionado israelí denunció que personal de seguridad le impidió mostrar una bandera de Israel dentro de un estadio mientras otras personas ondeaban banderas palestinas. La acusación merece ser examinada con cuidado.
El antisemitismo es una forma de discriminación contra las personas judías por el hecho de ser judías. Es una ideología racista que ha provocado persecuciones, expulsiones y genocidio. Precisamente por la gravedad histórica del antisemitismo conviene no vaciar el concepto de significado. Retirar una bandera estatal no constituye automáticamente un acto antisemita.
Hay que decir lo obvio las veces que sean necesarias. Las personas judías no son una bandera. No son un gobierno. No son un ejército. No son una política exterior. Confundir deliberadamente al pueblo judío con el Estado de Israel termina siendo una forma de negar la diversidad política que existe dentro de las propias comunidades judías.
Criticar a un gobierno no es odiar a un pueblo. Cuestionar las acciones de un Estado no es discriminar a una religión. Y retirar un símbolo nacional, en un contexto específico, no equivale por sí mismo a una agresión étnica o religiosa. La bandera palestina se puede exhibir en los estadios del Mundial, a pesar de que la FIFA prohíbe las manifestaciones políticas —según su concepto de política— porque Palestina es miembro de dicha federación internacional. Israel también lo es, pero en ese contexto específico en el que sucedieron los hechos, las autoridades del estadio interpretaron el hecho como un acto de provocación. De ninguna manera piense usted que los oficiales que retiraron la bandera de Israel estaban tomando partido por Palestina.
Mientras en algunos estadios estadunidenses aparecieron banderas palestinas y manifestaciones de solidaridad, en México no existen hasta ahora reportes sobre una presencia significativa de esos símbolos dentro de los estadios mundialistas. Tal vez eso dice algo de las prioridades de quienes asisten a los partidos mundialistas.
En las calles mexicanas solemos afirmar que somos un pueblo solidario con las causas de los oprimidos. Nos gusta recordar nuestra tradición diplomática de asilo, refugio y apoyo a quienes sufren persecución. Sin embargo, el Mundial organizado en nuestro propio territorio ha mostrado muy poca visibilidad, dentro de los estadios, hacía una causa que moviliza a millones de personas en otras partes del planeta. ¿Cómo descifrar ese nacionalismo en las gradas de los estadios que hace llorar a quienes cantan el Himno y poco se acuerdan de quienes padecen una invasión? ¿Esa tierra profanada por el enemigo —no extraño sino bien identificado— no importa tanto si no es nuestra tierra?
Mientras algunos aficionados ondean banderas palestinas en los estadios en EU, otros prefieren que el futbol sea únicamente fútbol. Mientras unos convierten el torneo en una tribuna para expresar solidaridad, otros buscan refugiarse en la ilusión de que los goles —aunque sean regalados— pueden aislarse del mundo. Pero el mundo siempre encuentra la forma de entrar al estadio.
Parece que unos pocos de los miles que asisten a los estadios mundialistas se niegan a permitir que la tragedia palestina desaparezca de la conversación pública. Y eso, les guste o no a los guardianes de la neutralidad deportiva, también forma parte de la historia de este Mundial.
@davidperezglobal




