Luis Ricardo Guerrero Romero
Se propagaba ya la luz nocturna que avisaba al cerebro: el descanso aún no ha llegado, era de cualquier manera admonición del despertar más, todavía un poco más, el ejercicio laboral del día no fue suficiente. Es pues, el presente del 2030.
Pantallas en distintos dispositivos coloreaban con led (Light Emitting Diode) las habitaciones de los niños, ellos tampoco debían descansar aún, el post meridiem saltó de hora tras hora según avanzaron los años civiles, y pocos son los extraños individuos que pretenden descansar 6 horas al caer la noche -es el año del: carpe noctem-. No me refiero entonces a que no cesen las actividades capitalistas, sino que ya en la cama, cómodos y exhaustos aún hay esa pretensión del no descanso, no, porque el “cortisol artificial” es nutrido por las centenas de redes sociales e información que hay que revisar antes de sí, efectivamente dormir.
Ya con el sueño meciendo en los párpados, terrestres animales racionales que aún no duermen, pretenden despertar con ánimo para soñar despiertos.
Es el séptimo mes del 2030 y con el agotamiento en el rostro, inerme y marcesible la gente escribe notas digitales encabezadas con las siglas: S. V. E. E. V. (si vales, bene est, ego valeo; si tú estás bien, también yo lo estoy) para indicarle a su receptor, seguidor o suscriptor que pretende vivir aún más, aunque sólo sea por una noche más.
La visión futurista del relato anterior, quizá no es nada equivocada, hoy se vive en más de una decena de hogares, sea por trabajo, por el esparcimiento, ya por falta de sueño, o una lista de etcéteras; la luz nocturna se apropia de nuestras oscuridades necesarias para descansar lo acuciante y justo. Cada quien sabe qué futuro le dará a sus ojos, cerebro, salud, cada quien sabe qué pretende con el abuso de tales dispositivos digitales.
Por otra parte, en estas líneas lo que se pretende es desmenuzar tal voz dicha reiteradas veces en este folio. Aunque hay etimologías que indican que es una composición de prefijo más radical, de donde surge: pretender, ahora planteamos que eso es sólo un falso cognado, pues la idea semántica de tal palabra es otra a la que se referiría, pues al emplear la vexata questio a lo que nos alude es: apoderarnos de, asir algo, capturar, alcanzar a; así al decir: –la luz nocturna pretende quitarme el sueño. Se entiende que ésta capturará o tomará posesión de mi descanso. De tal suerte ese significado lo encontramos en la voz latina: prehendo˃ preendo˃ prendo˃ pretendo; aquí el fenómeno de apofonía aparece con la consonante dental, oclusiva y sorda: /t/. Incluso la muy usada palabra pretendiente(a) asume la característica de quien toma a alguien, lo desea hacer suyo, o al menos eso se pretende.





