Carlos López Torres
A confesión de parte… la inseguridad avanza. Aunque los funcionarios encargados de dar la cara para explicar la tardía intervención para enfrentar la “psicosis” generada en la población, dado el incesante disparo de levantones, ejecuciones, extorsiones, asaltos a mano armada y otros delitos que dijeron reconocer, lo cierto es que sus respuestas son más de lo mismo.
La incongruencia entre el decir y el hacer de los gobernantes pareciera sin embargo no tener remedio, no obstante lo apremiante de la escalada de inseguridad en los cuatro puntos cardinales de la entidad, por lo que no queda más que reconocer lo afirmado por el doctor Edgardo Buscaglia en reciente conferencia relacionada con el tema: no hay estrategia “de seguridad” en México, hay “de impunidad”.
Aunque los funcionarios del gabinete omitieron informar detalles y casos sobre la prolongada escalada de violencia, la verdad es que en el Altiplano las voces empresariales empiezan también a reclamar una intervención más coordinada y permanente con la autoridad municipal, más allá del envío de unos cuantos elementos quienes se ven superados por el accionar de los grupos que, como en los municipios de Moctezuma, Charcas y Venado, actúan impunemente extorsionando y asesinando a cuanta persona se atraviesa en su camino.
En su reconocimiento sobre la innegable presencia del crimen organizado en el estado, tácitamente se acepta que ni la participación de la Policía Federal, el Ejército y la Marina han resultado eficaces en el intento por frenar el crecimiento de los grupos delincuenciales que se disputan la plaza; por lo que hablar en general de aumentar la participación de esas fuerzas sin estrategia definida es quedarse en el mero discurso.
Más aún, cuando se omite hablar de una nueva forma de coordinación y apoyo a los municipios más afectados, donde los hechos violentos han sido lo suficientemente contundentes como son los casos de San Luis Potosí, Soledad, Valles y otros de la lista donde todo mundo reclama seguridad ante el embate permanente de los delincuentes, uno no puede dejar se pensar que, como en los pasadas administraciones, el tema de la seguridad no es prioritario y, peor aún, se pretende desvincularlo del cacareado proyecto de crecimiento económico, siendo un factor que hoy en día afecta en gran medida la economía y la política.





