Clara Zepeda
Las presiones fiscales en México aumentarán, debido a la intervención del gobierno federal para amortiguar el alza de los precios de los combustibles, por lo que el país enfrenta efectos negativos derivados del alza de los precios del petróleo, debido a su dependencia de productos refinados y gas natural importados, afirmó un estudio del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés).
Los efectos fiscales son mixtos. Un aumento de 10 dólares por barril en los precios del petróleo incrementa los ingresos relacionados con el petróleo, a través de las exportaciones de crudo y los ingresos de Petróleos Mexicanos (Pemex), en aproximadamente 0.5 puntos porcentuales del PIB. Sin embargo, estas ganancias suelen verse contrarrestadas por medidas políticas destinadas a limitar la transmisión de la inflación, incluyendo ajustes al impuesto especial sobre los combustibles (IEPS).
Y es que el aumento de los precios del petróleo en México afecta la actividad principalmente a través del incremento de los costos de combustible y electricidad, lo que erosiona el poder adquisitivo de los hogares y eleva los costos de los insumos para la manufactura y los servicios, añadiendo riesgos a la baja en un entorno de crecimiento ya moderado.
“A pesar de seguir siendo exportador de crudo (México), su creciente dependencia de productos refinados y gas natural importados lo ha convertido en un importador neto estructural de energía. En consecuencia, la actual crisis petrolera, –que se produce en medio de crecientes tensiones geopolíticas y condiciones financieras globales más restrictivas–, acentuará la divergencia entre las mayores economías de la región en lugar de generar el beneficio generalizado por materias primas que suele asociarse con América Latina”.
De acuerdo con el estudio: “Aumento de los precios del petróleo: Divergencia en los tres principales países latinoamericanos”, elaborado por el Institute of International Finance, el alza de los precios del petróleo no genera un impulso uniforme para América Latina; por el contrario, amplifica la divergencia entre países.
Tradicionalmente, explicó el Instituto, el aumento de los precios del petróleo se ha considerado un factor favorable para América Latina, dado el perfil de materias primas de la región. Sin embargo, esta narrativa se ha vuelto cada vez más engañosa.
En la última década, el panorama energético de la región ha cambiado sustancialmente, alterando la forma en que sus mayores economías responden a las crisis petroleras. Por ejemplo, Brasil y Argentina han resurgido como exportadores netos de energía, beneficiándose de mayores ingresos por exportaciones y una mejora en sus balanzas externas cuando suben los precios. México, por el contrario, ha tomado el camino opuesto, se ha convertido en un importador neto estructural de energía.





