• Agresión, capricho imperial
  • México: más ayuda a la isla

Carlos Fernández-Vega

Tiene razón la presidenta Sheinbaum cuando advierte que el trato que Estados Unidos da a Cuba es inhumano, caprichoso y perverso: “no puede ahorcar a un pueblo así; es muy injusto”, dijo la mandataria. El problema es que si se revisa el proceder histórico de aquella nación nunca se encontrará un capítulo “justo” en su trato con terceras naciones. En cambio, lo que abundan son acciones de expolio, invasiones, golpes de Estado, destrucción, asesinatos, violaciones del derecho internacional, de los derechos humanos y muchísimo más.

En el caso de la mayor de las Antillas, desde hace 67 años la Casa Blanca (con sus 13 inquilinos consecutivos) se niega a respetar el derecho que tienen los cubanos a decidir su propio camino, lo que para el imperio ha sido una afrenta que no puede tolerar y se aferra a liquidar a la isla, porque para los gringos eso del respeto de la soberanía de terceros no cabe en su orgullo imperial, por lo que desde 1959 Cuba permanece sitiada.

Crónicas periodísticas de la época daban cuenta de lo siguiente: “en la Casa Blanca, el primero de febrero de 1962, John F. Kennedy esperó que aterrizara el helicóptero en el que viajaba el secretario de Estado, Dean Rusk, y dijo a los periodistas que el funcionario ganó ‘gran prestigio, orgullo y satisfacción’ para sí y el gobierno de Estados Unidos. El diplomático traía en sus manos un trofeo que, aparentemente, le confería el recibimiento de héroe: Cuba, el enemigo socialista, anclado a poco más de cien kilómetros del territorio estadunidense, acababa de ser separada de la OEA. Por su parte, Rusk dijo que en el encuentro en Punta del Este, Uruguay, se ‘demostró un profundo sentido de la unidad del Hemisferio frente al problema’ de la Cuba revolucionaria. La isla ha entrado en una fase particularmente aguda y se estrecharía aún más el cerco iniciado casi tres años antes. Tenía una opción: variar el camino, pero la isla, contra viento y marea, mantendrá la vía decidida. Entonces, el bloqueo”.

Y esas mismas crónicas –recopiladas por una editorial isleña– subrayaban: “lo que Rusk no reveló a la prensa fue que los cancilleres de las naciones integrantes de la OEA fueron advertidos por él mismo que la ayuda económica que aspiraban recibir del gobierno estadunidense estaba supeditada al ‘apoyo’ que brindaran a la aplicación de sanciones en contra de La Habana, según revelaciones de The New York Times”.

Algo más: “el presidente de Cuba, Osvaldo Dorticós, asistente al encuentro de la OEA, dijo en su momento: ‘si son gobiernos del pueblo, para el pueblo y por el pueblo, que armen a sus pueblos como Cuba armó al suyo; que integren sus ejércitos con trabajadores, con estudiantes, con mujeres, con adolescentes y hasta con ancianos; que armen algunos de estos gobiernos a su pueblo y poco durarán en el poder. Quiero formular aquí una pregunta a los señores ministros de relaciones exteriores que nos acusan, pero sobre todo al señor secretario de Estado del gobierno de Estados Unidos: es cierto o no, a juicio de ustedes, que el gobierno norteamericano, el servicio de inteligencia norteamericano, bajo la jefatura de Allan Dulles, promovió, financió, dirigió y sustentó el bombardeo a La Habana y a Santiago de Cuba y la invasión de nuestro país por Playa Girón? Y por qué no se alteraron entonces, por qué no funcionó la OEA, por qué no se enfrentaron ustedes, señores acusadores de Cuba –y me refiero sólo a los acusadores de Cuba aquí presentes– a Estados Unidos; es que los Estados Unidos, dentro de las normas rigurosas y estrictas de la OEA tiene licencia excepcional de invadir un país sin que nada ocurra; ¿para qué sirve entonces la OEA?’”

Y esa ha sido la historia desde 1959: primero con golpes bajos y embargo parcial; después con un intento de invasión y sabotajes por doquier, y desde 1962 bloqueo total, agresión permanente y ampliando el cerco, porque la comunidad de naciones permanece amenazada si osa ejercer su soberanía y tener relaciones comerciales y financieras con Cuba. Pero con todo, los cubanos no se han doblegado al capricho imperial.

Entonces, sí, es totalmente injusto, pero a lo largo de casi siete décadas, con honrosas excepciones, ningún gobierno ha movido un pelo para impedirlo y obligar al gringo a respetar la soberanía de las naciones, incluida la de aquellas que han permanecido agachadas y en silencio.

Las rebanadas del pastel

Anuncia la presidenta Sheinbaum que “estamos haciendo todas las gestiones para poder enviar nuevamente petróleo a Cuba y que no tenga efectos para el pueblo de México. Y vamos a seguir ayudando con ayuda humanitaria de distinto tipo”.

X: @cafevega

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