Luis Ricardo Guerrero Romero

Tan pronto salió del baño y ella ya le tenía preparado su “foco”, ya que sentía que era su deber como su legítima pareja. Luciano no había tenido nunca a nadie a su lado y Vero se dejó seducir por el novato. Vero le ponía ganas a su relación. Un par de adolescentes que juegan a ser adultos para después llorar como niños ante el cobijo de un padre o una madre. Claro que había un interés que los unía, el consumo de opioides, la droga, el cristal, el narco. Esa moda que ni es tan nueva, ni es moda, ni es tan misteriosa. Ya que tal actividad y asimismo el concepto en acción ya desde la antigüedad helénica se vivía, aunque eso qué les puede importar o abonar a los hormonales sin gobierno de Luciano y Verónica, bien sabemos que nada. Pero yo sólo cumplo con llenar el registro de visitantes en este anexo que se sitúa frente al templo de nuestra santísima sagrada muerte, a quien tanto debemos sus favores: por la vida, por la salud de nuestras familias y por esta prosperidad que se respira dentro y fuera de las bardas que albergan y abrigan a muchos lucianos y unas tantas veros.

El narco no es un juego, y si alguien se anima a jugarlo, sépase que el terreno está minado por todos y por nadie, por los que hacen el papel de malos, por quienes ejecutan el acto de ser buenos. El narco y la droga podrían ser sinónimos pero no lo son, así como la santa muerte y la bendición de lo alto pudieran serlo, pero no lo son, pues ni sabemos qué hay en lo tan alto, y en lo bajo de este mundo.

Por eso hay que hacer las cosas bien, tratar de ayudarnos. Yo, por ejemplo, le compró bombillas antiguas a Vero, para que le prepare su cóctel a Luciano y así verlos felices como una pareja que Dios bendice con su amor.

No lo sabremos nunca, pero las drogas, lícitas o no, son, fueron y serán la inversión más jugosa de cualquier cultura. Las consumen los millonarios como los mendigos, las buscan los médicos, tanto como los analfabetas, en un porcentaje considerable cualquier humano e incluso animales no racionales se drogan.

El consumo más común es el alcohol, pero hay quienes optan por otras sustancias, y bueno que con medida y orden todo se vale para regular al cuerpo, ya con harta razón lo dijo Epicteto: “cuídate del hombre que no tenga vicios”. Pero pues aquí nos encontramos para divagar sobre el narco, tal sustantivo que ya desde hace unos años ha gobernado calles, y series televisivas y mentes débiles; la voz narco es herencia del griego antiguo: ναρκαω ˃ narcaoo˃ narcao˃ narco (estar entumecido y baldado), diríamos mexicanamente: “andar en la pendeja”. Evidente es que cualquier narcótico, sea los consumibles por Luciano, sea los que usa el obispo, sitúan en un escenario adormilado de tranquilidad o bien un agotamiento físico. Guste o no, andar en los 5 sentidos sin drogas siempre tendrá beneficios vitales que el no estarlo.

Con lo anterior sólo buscamos llegar a la conclusión de que la palabra narco, es un aliento de la Grecia antigua y que hasta hoy viene significando más o menos lo mismo que otrora. Pero lo más relevante es que por naturaleza cualquier cosa que te ponga agotado o tranquilo fuera de tu comportamiento habitual, es un narcótico, según la lengua y su historia. Por eso hasta el amor por una persona puede ser un narcótico, por eso el deporte lo es, y por eso, vicio, droga y narco, no es un área siempre ilegal, y… por eso decían los griegos: Μηδὲν ἄγαν [Medén ágan], todo con medida. Pero, ¿quién dicta la medida?

l.ricardogromero@gmail.com

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