Arturo Huerta González

La SHCP ha aumentado los subsidios a las gasolinas y al diésel. Si bien ello evita que el aumento del precio internacional de estos insumos repercuta en incremento de la inflación nacional, es a costa de aumentar las presiones sobre las finanzas públicas y la deuda. Ello recorta la capacidad de inversión pública que perfectamente podría canalizarse a impulsar las refinerías para avanzar en la sustitución de importaciones de estos productos y así dejar de ser sujetos a los vaivenes de los precios internacionales, lo que además reduciría el déficit de comercio exterior y los requerimientos de entrada de capitales, que permitiría reducir la tasa de interés establecida para promover dicha entrada. Es decir, al reducir el déficit de comercio exterior y el financiamiento externo, se podría bajar la tasa de interés e incrementar el gasto público a favor del crecimiento económico y del empleo.

En países asiáticos y europeos ya se están presentando alzas de los precios de los alimentos como consecuencia de la escasez de estos productos por el aumento de los precios de los fertilizantes. El gobierno inglés ha establecido control de precios del pan y huevos y ha realizado acuerdos con grandes almacenes para no incrementar precios de los bienes de la canasta básica. De hecho, el gobierno mexicano ya tiene tiempo instrumentando esta política de acuerdo con los grandes almacenes. El problema es que ello no resuelve las causas de la inflación. No se instrumentan políticas encaminadas a sustituir importaciones, a incrementar la oferta para bajar la inflación. Las empresas pueden mantener estable el precio de los bienes de la canasta básica, pero incrementan el precio de los otros bienes para no afectar su dinámica de acumulación, por lo que sigue la inflación.

Hay que considerar que México importa el 56% de los granos básicos que consumimos, por lo que, al encarecerse dichas importaciones, afectará la inflación nacional. Hasta ahora, el tipo de cambio apreciado (dólar barato), ha reducido el costo de las importaciones, las cuales han desplazado a los productores nacionales, lo que ha contraído la producción interna. La economía ha caído en un círculo vicioso al depender de importaciones y de la entrada de capitales, para lo cual se mantiene alta tasa de interés y la austeridad fiscal que actúan en detrimento de la producción nacional. El problema se presentará pronto al importar caro y además, el alza de los precios de los energéticos y demás productos aumentará la tasa de interés, desacelerará la actividad económica mundial que repercutirá en los mercados de capitales y de divisas, por lo que se presentarán presiones sobre el tipo de cambio. Ello encarecerá más las importaciones y aumentará la inflación nacional. El problema es que el gobierno no encara los rezagos estructurales presentes en la industria manufacturera y en granos básicos que nos han llevado a presiones inflacionarias, a depender de importaciones y de la entrada de capitales.

El precio de los energéticos, fertilizantes, alimentos y muchos otros insumos y productos estarán por un tiempo por arriba de los niveles que se tenían antes del 28 de febrero de 2026 y mientras más dure la guerra en el Medio Oriente, más perdurarán las presiones sobre precios, que repercuten en la tasa de interés, en la dinámica económica, como en los mercados de capitales y de divisas.

El gobierno mexicano no puede hacer caso omiso del acontecer internacional y continuar con la política de recortes presupuestales. Banxico no puede proseguir con altas tasas de interés y dólar barato, pues ello actúa contra la inversión en la industria y en la producción de granos básicos por lo que seguiríamos sujetos al contexto internacional en torno al comportamiento de los precios internacionales, como de los flujos de capitales, que nos coloca en un contexto de alta fragilidad y vulnerabilidad que nos conduce al atraso.

Para configurar un contexto de crecimiento económico con baja inflación, estabilidad financiera y alto empleo, la política económica debe dejar de actuar a favor del sector financiero y debe poner en el centro al sector productivo y al empleo, lo cual requiere bajas tasas de interés, incremento del gasto público, tipo de cambio competitivo y establecer aranceles para reducir importaciones, el déficit externo, la inflación, el desempleo y asegure condiciones de pago de la deuda.

ahuerta@unam.mx
Profesor del Posgrado de la Facultad de Economía de la UNAM desde 1975

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