Ignacio Betancourt
De gran utilidad sería entender que si muchos fenómenos sociales pudieran parecer intrascendentes, las causas invisibles, su pestífera etiología, las oscuras razones que los propician resultan de enorme interés, especialmente para las víctimas de tales procederes. Me refiero a los recientes acontecimientos en los que la Secretaría de Cultura del Estado se involucra ¿cómo podría entenderse que una instancia que emplea varios cientos de millones de pesos anualmente para, supuestamente, propiciar la actividad cultural promovida por el Estado, en lugar de facilitar tales actividades se empeñe en impedirlas con el pretexto (medieval) del principio de autoridad y la preservación del orden establecido? Cuando se piensa yo soy el único autorizado para proponer o rechazar las actividades relacionadas con el arte y la cultura, comienza a instaurarse una descarada o sutil dictadura que es capaz de las canalladas más elocuentes con tal de hacer prevalecer tan ilusoria condición.
Si porque la totalidad del planeta es una especie de juguete en manos de la llamada economía mundial se pudiese pensar que señalar las infamias que realizan algunos funcionarios culturales es cosa menor o irrelevante, ello sólo sería una lamentable y equívoca apreciación. Actualmente no es posible reducir el mundo sólo a intereses económicos o políticos, pues además de variables tan significativas existen otras necesidades igualmente ineludibles y necesarias. Ser un ser humano, un terrícola, un mexicano, implica lo diverso, lo múltiple, lo imprevisto y lo inclusivo, el olvido de tal “globalidad” pronto se vuelve el sustento ideológico de la sistemática mutilación de los intereses y las posibilidades que la mayoría de los ciudadanos padece desde que nace.
Una grave limitación en las diversas demandas de la población es su criminal reducción y escamoteo, pues todo ciudadano concebido sólo con necesidades materiales, por más significativas que estas lo sean, será siempre algo parcializado, insatisfecho, incompleto. En síntesis, tan importante es el disfrute estético como un buen sistema hospitalario; tan esencial la imaginación como el desarrollo tecnológico; tan indispensable el deporte como el respeto al voto, tan importante comer como pensar (la muerte por hambre es siempre evidente, la muerte mental es más discreta). Bien lo dijo el escritor francés Antonin Artaud (1806-1948): El hombre verdaderamente cultivado lleva su espíritu en el cuerpo.
Recuerdo la anécdota ocurrida a cierto misionero que en algún lugar de África regañaba a los nativos porque andaban desnudos. Cuando concluyó su diatriba los regañados le preguntaron por qué lo hacía si él traía desnudo el rostro. El predicador respondió: bueno, es que el rostro sólo es la cara. A esto los africanos le respondieron: pues para nosotros todo es cara. La situación resulta iluminadora y su contundencia deslumbrante; claro que todo ser social es cara, todo en el ciudadano es ciudadanía, sus sueños, sus juegos, su educación, su misterio, su rutina, su cotidianeidad visible e invisible.
Armando Herrera, “nuevo” secretario de Cultura en el Estado, quien a través de empleados suyos como Arturo Gómez, director de Gestión y Seguimiento (bien podría llamarse: Dirección de Bloqueo y Persecución) encomienda o permite la realización del trabajo sucio que ha de servirle al secretario para ser amable con los afectados y sostener una actitud diplomática (mucho más cercana a la hipocresía que a la estabilidad de la relación entre ciudadanos y funcionarios), pero el dislate no termina en eso, lo igualmente lamentable es la actitud que estimulada por la propia Secult incorpora en sus despropósitos a grupos de embozados con disfraz de contestatarios o de independientes que gustosos se prestan a agredir cualquier iniciativa ciudadana. En tal caso se encuentran burócratas como Emilio Delgado o las fantasmales agrupaciones como el denominado Colectivos Insurgentes, o el propio Pingo (caricaturista del periódico Pulso), impuesto como encargado del Centro Cultural Mariano Jiménez (el mismo que cuando iniciaron las denuncias contra el super pederasta padre Córdova, dibujó un perro furioso en cuyo collar se podía leer la palabra “comecuras”). Quien confunde un justo reclamo con jacobinismos trasnochados no sólo es un conservador sino alguien muy cercano al fascismo.
Por lo pronto y ante la desmesura de las encubiertas agresiones (orquestadas por la Secult y sus esbirros), el Colectivo de Colectivo Mariano Jiménez ha decidido responder con la celebración de múltiples actividades artísticas y académicas que realizará junto a diversas instancias, tales como la Subdirección de Cultura del Municipio, instituciones académicas locales, diversos y concretos (no inventados) colectivos, creadores de todas las edades y estudiosos de las ciencias sociales, nacionales y extranjeros, incluso con la propia Secult si en lugar de oponerse quisiera incorporarse; actividades que pronto se darán a conocer para que todos los interesados participen o asistan (y corroboren) que sin los estorbos de burócratas y lamesuelas, los ciudadanos pueden proponer y realizar infinidad de actividades necesarias y creativas.
Del poeta Ezra Pound (EUA 1885-Italia 1972), su poema titulado Comisión (1916): Vayan cantos míos, a los solitarios y los insatisfechos,/ vayan también a los de nervios destrozados,/ vayan a los esclavizados por el convencionalismo,/ lleven mi desprecio por sus opresores,/ vayan como una gran ola de agua fresca,/ lleven mi desprecio a los opresores.// Hablen contra la opresión inconsciente,/ hablen contra la tiranía de lo imaginativo,/ hablen contra las ataduras./ Vayan a la burguesa que agoniza de aburrimiento,/ vayan a las mujeres de los suburbios,/ vayan a los atrozmente casados,/ vayan a aquellos cuyo fracaso se encubre,/ vayan a las parejas infelices,/ vayan a la esposa comprada,/ vayan a la mujer entrañable.// Vayan a los que tienen delicada concupiscencia,/ vayan a aquellos cuyos delicados deseos se frustran,/ vayan como plaga sobre el tedio del mundo;/ lleven su filo contra eso,/ fortalezcan las cuerdas sutiles,/ aporten confianza a las algas y a los tentáculos del alma.// Vayan de manera amistosa,/ vayan con abierto discurso./ Empéñense en hallar perversidades y bondades nuevas,/ opónganse a todas las formas de opresión./ Vayan a quienes la madurez embota,/ con quienes perdieron interés.// Vayan al adolescente asfixiado en la familia:/ oh qué odioso resulta/ ver tres generaciones en una casa reunidas,/ como un árbol viejo con retoños/ en algunas ramas podridas y ruinosas.// Salgan a desafiar la opinión/ contra esta vegetal servidumbre de la sangre./ Opónganse a toda especie de inmovilidad.




