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Dádivas y populismo

Carlos López Torres

La imposibilidad para enfrentar problemas como la pobreza, el desempleo o el bajo poder adquisitivo de la población, por citar sólo parte de los efectos de la crisis en que ha entrado la economía mundial, y con ello la de los  países emergentes, que lejos de surgir plenamente se hunden más, acentúa en los gobernantes la aplicación de medidas emergentes a veces transitorias, aunque en países como el nuestro ya forman parte imprescindible del ejercicio del poder.

El control que no se tiene sobre la economía, se mantiene sobre el electorado durante la víspera y el día de las votaciones, en tanto durante los periodos de ejercicio de gobierno, la población, verdadera víctima de los efectos de las recurrentes crisis cíclicas del capital y la corrupción sistémica de los funcionarios, se pretende paliar mediante discursos, promesas y dádivas en medio de ejercicios populistas que no logran cambiar la realidad cotidiana que vive la gente.

Así las cosas, en las entidades donde la dependencia financiera respecto al gobierno central y centralista es casi absoluta, la de carencia de recursos propios invariablemente se concreta en la baja de inversión de la obra pública, sobre todo aquella destinada a mejorar el bienestar de la población pobre o marginada, mientras el endeudamiento millonario prevalece para conseguir capitales foráneos bajo las condiciones impuestas por ellos, aunque cada potosino finalmente habrá de pagar el principal y los intereses del endeudamiento, posponiendo una y otra vez sus viejas y nuevas demandas, mientras los gobernantes ejercen invariable e impunemente el presupuesto de acuerdo a sus intereses de grupo o partido.

Lejos de llamar a cuentas a los defraudadores del pueblo, la clase política hace todo lo posible por evitar el castigo de sus malos elementos o compañeros de viaje que dejaron por doquier todo tipo de pendientes. Cualquier resquicio legal, o artimaña legaloide sirve para proteger al “caído en desgracia”, hasta que finalmente el tiempo hace lo suyo y la desmemoria termina por imponerse, para dar paso a la resignación.

Sin embargo, esta antigua estratagema aderezada con dádivas planeadas y publicitadas ampliamente, permite cierto respiro y contención de la exigencia ciudadana en su lucha por buscar solución a su problemática en aumento. El resultado es mejor si el gobernante dadivoso hace acto de presencia para destacar su acercamiento circunstancial con la población.

La entidad potosina es aleccionadora en esa forma de ejercicio del poder, no obstante la alternancia en los diferentes niveles de gobierno, en medio de una fallida transición democrática que lo único que dejó en claro a los ciudadanos es que todos los partidos y gobernantes son iguales; dada la permanencia del mismo estilo de gobernar de quienes ejercen el poder.

El populismo, práctica histórica de los gobiernos tricolores en realidad no ha desaparecido como consta a todos. Más aún, ha sido retomado por otros partidos “opositores” a ese tipo de ejercicio político. En la lucha por conservar y aumentar el electorado, los gobernantes no se miden. Algunos hasta hacen realidad la vieja conseja que dice: lo que en el pobre es borrachera, en el rico es diversión. El adelanto de la celebración del Día de la Candelaria, donde el reparto de despensas y cobijas fue la tónica, es un acto de populismo como lo es el reparto de tortillas gratis, por ejemplo.