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Explorar el cuerpo

Luis Ricardo Guerrero Romero

Conocí a mi padre a la edad de 14 años, poco sabía de él, y evidentemente quien fuera mi progenitor nada conocía de mí. Mi madre nunca tuvo corazón para olvidarlo, pero sí tuvo labios, brazos, sudor y gritos para tratar de borrarlo de su mente con el apoyo de otros sujetos que no eran mi padre. Pero bien, a esa edad de la adolescencia es muy fácil criticar y hacer juicios viscerales así es que cuando hubo ese encuentro entre mi padre y yo, lo único que pensé fue en abrazarlo. ¿Qué otro anhelo tiene una jovencita sin padre a esa edad? Mis amigas platicaban de sus padres como héroes y eso es lo que yo pensé que era él. Quizás por algún plan benéfico mi padre tuvo que salir de casa, sacrificando el amor a su familia por el celo al bienestar de la humanidad.

Evidentemente me equivoqué, el ser humano es una exploración, el ser humano es un grito, un lamento, es un archivo empolvado que cuando sale a la luz tira polvo añejado de vicios, Pandora en todo momento. El ser humano y no sólo el escritor como diría el maestro José Vasconcelos es semejante a la perla; puesto que la perla es producto de la irritación de la concha, de su hogar. Toda persona debe ser y actuar reaccionariamente por algo que lo irrite. Ese fue mi caso, al enterarme de la verdad olvidada: Mi padre, ese individuo fútil, había desaparecido por años forajido de la justicia por el crimen de violación. Ahora sé que mi madre es valiente, y ahora sé que explorar mi cuerpo es un estigma congénito de mi procreación.

Las líneas anteriores: salvajes, dolientes, laceradas desde antes; experiencias que el Creador no castiga pues como diría la paradoja de Epicuro: 1- Dios o bien quiere evitar el mal y no puede; 2- O puede y no quiere; 3- O no puede ni quiere; 4- O puede y quiere. O sea, no es omnipotente, ni omnisciente.

No obstante: 1- Si quiere y no puede, es débil, lo cual no es propio de Dios; 2- Si puede y no quiere, es malvado, lo cual tampoco es propio de Dios; 3- Si ni puede ni quiere, es tanto malvado como débil, claramente no es Dios; 4- Y si quiere y puede, que es lo más propio de Dios… entonces. La circunstancia es clara, al ser humano tanto como al personaje del relato anterior sólo le resta explorar.

Plorare (llorar, gritar) voz latina que indica el grito, el sufrimiento, la desdicha de no saber y saber, es decir, somos realmente un Sísifo que procurara no tropezar. Imploramos a Dios, explorando el mundo. Según Gómez de Silva, el acto de explorar se remite a la caza, el rapto, la supervivencia diría yo. En ese ayer el hombre requería una herramienta que hiciese despertar o reaccionar a la presa: el grito; al gritar el cazador las bestias con las cuales se alimentaría saldrían, pero al implorar al cielo, Dios quizá asome su ojo y vea el sufrimiento humano. Al menos que no sea Dios, o el hombre no haya logrado la plenitud de la humanidad.