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México SA: Pemex, frágil y exprimida

reforma energética

Por fin alguien se acordó de la primera empresa del país y principal soporte del presupuesto federal de egresos, Petróleos Mexicanos, y dio luz verde a una suerte de “rescate financiero para resolver la liquidez” de la ex paraestatal: 73 mil 500 millones de pesos que, mayormente, se destinarán a pagar pasivos, con pensiones y jubilaciones en primer lugar, con lo que se pretende aligerar sus problemas financieros.

Una buena noticia, sin duda, pero la mejor –de concretarse– sería la promesa de reducir la onerosísima carga fiscal que desde la “modernización” del país (léase de Miguel de la Madrid en adelante) pusieron sobre las espaldas de Petróleos Mexicanos, misma que en determinado momento ha representado 155 por ciento de su rendimiento antes de impuestos y derechos, algo que ninguna empresa pública o privada soporta, por sólida que sea.

Para dar una idea de qué se trata, en la primera mitad del gobierno peñanietista, en plena crisis de los precios petroleros, de los que el erario depende en grado sumo, Petróleos Mexicanos enteró a la Secretaría de Hacienda 140 mil millones de dólares, algo así como el 12 por ciento del producto interno bruto nacional. Pemex aportó todo su rendimiento, más un “plus” (que cubrió con deuda) de 25 por ciento.

Así, la bola de nieve fue creciendo a lo largo de los años. Cada vez resultaba más notorio que la ex paraestatal se acercaba a su límite, pues la voraz Secretaría de Hacienda la colocaba al borde del precipicio. Y sucedió lo que era más que previsible. Reventaron financieramente a Pemex, pues le succionaron hasta el último suspiro, amén del desplome de precios y las caídas en producción y exportación.

El gasto cotidiano de Pemex se aproxima a mil 200 millones de pesos. Ese monto consume cada 24 horas, de tal suerte que el “rescate” le representa a la ex paraestatal alrededor de dos meses de erogaciones. Si estas se focalizan al pago de pensiones, jubilaciones y otras “menudencias” probablemente el alcance sea mayor. Pero parece ridículo que una empresa de ese tamaño se vea en la penosa necesidad de aceptar “rescates”, cuando si alguien ha “rescatado” y mantenido vivo al erario es ella misma. Y todavía le recortan el presupuesto en una proporción nunca antes registrada.

Por ejemplo, entre el sexenio de Ernesto Zedillo y el de Peña Nieto, Petróleos Mexicanos enteró a la Secretaría de Hacienda 605 mil millones de dólares (alrededor de 60 por ciento del PIB a precios actuales) por concepto de impuestos, derechos y demás exigencias de la institución que ahora encabeza el “ministro del (d) año”.

En números cerrados, el gobierno de Ernesto Zedillo captó 64 mil 500 millones de dólares por el concepto referido; el de Fox 128 mil 600 millones, y el de Calderón 271 mil 600 millones. En la primera mitad de Peña Nieto el ingreso de petrodólares se aproxima a 140 mil millones, con todo y desplome del precio del barril de exportación (en 2013 fue de 66 mil 141 millones; en 2014 de 50 mil 691 millones y en 2015 de 22 mil 854 millones). ¿Dónde quedó y en qué se utilizó esa catarata de recursos? Como acicate del crecimiento económico, no; tampoco para impulsar el desarrollo social; menos para fortalecer la infraestructura y modernización de Pemex. ¿Dónde pues? ¿Cuántos de esos dólares estarán tranquilamente depositados en paraísos fiscales o en las cuentas de funcionarios, ex funcionarios y amigos de ellos?

Si bien el “rescate financiero” recién anunciado puede darle un respiro a Pemex, un tanquecito de oxígeno, la clave de su supervivencia como empresa productiva del Estado está en el renglón fiscal. Mientras no la liberen de la onerosísima carga que los gobiernos “modernos” le impusieron (de Miguel de la Madrid a la fecha), la ex paraestatal se hundirá cada día más hasta la extinción de su último tornillo. Sin duda hay otros renglones a corregir y limpiar, como la enorme corrupción imperante (Carlos Romero Deschamps, el caudillo sindical impuesto desde dos décadas atrás, destaca en esta materia, pero no es el único), pero el asunto tributario es fundamental.

En este espacio se ha comentado en reiteradas ocasiones que la creciente dependencia de las finanzas públicas del ingreso petrolero comenzó no con Lázaro Cárdenas, sino con el cambio de modelo económico, con la llegada a Los Pinos de Miguel de la Madrid y la tecnocracia, es decir, cuando el gobierno “liberó” a la gran empresa privada de pagar impuestos (por medio de la evasión legal, las exenciones, la cancelación de créditos fiscales y conexos), en medio del estancamiento económico y la crisis recurrente.

La Auditoría Superior de la Federación lo ha documentado perfectamente: “de 1938 (año de la expropiación cardenista) a 1984, el importe total anual de los impuestos, derechos y aprovechamientos pagados por Pemex y sus organismos subsidiarios no tuvo representatividad en relación con el producto interno bruto. A partir de 1985 (con Miguel de la Madrid) comenzó a incrementarse la carga tributaria (a la ex paraestatal) al igual que la proporción respecto del PIB, al pasar de 0.1 por ciento ese último año a 7.6 por ciento en 2012”, con Felipe Calderón.

Otro elemento a considerar es que los impuestos, derechos y aprovechamientos aportados por Pemex al presupuesto de egresos de la Federación se incrementaron la friolera de 404 por ciento entre 2002 y 2012, al pasar, en números cerrados, de 179 mil a 903 mil millones de pesos entre un año y otro.

Entonces, bien por el tanquecito de oxígeno (los 73 mil 500 millones de pesos de “rescate”), pero a Pemex nadie le quita el recorte presupuestal de 100 mil millones, es decir, éste resulta mucho mayor que la “ayuda” para mejorar la liquidez de la ex paraestatal. Cierto es que el desplome de precios en el mercado internacional es un factor delicado para las finanzas de la empresa, pero todo indica que el verdadero enemigo está en casa.

En fin, dice el subsecretario de Ingresos de Hacienda, Miguel Messmacher, que “hay Pemex para rato”, porque la empresa “enfrenta problemas de liquidez, no de solvencia”. Y sí, tiene razón, a pesar de los tecnócratas, Petróleos Mexicanos es el primer activo de la nación y no pueden darse el lujo de enterrarlo.

LAS REBANADAS DEL PASTEL

Elementos activos del Ejército mexicano (y otros presuntamente de la Policía Federal) fueron videograbados torturando a una mujer en el municipio de Ajuchitlán del Progreso, Guerrero, y la Sedena los ingresó a una prisión militar por el delito de… “desobediencia”. Y después la institución reclama porque nadie le cree.

Carlos Fernández Vega
Carlos Fernández Vega
Autor de la columna México SA de La Jornada. Presidente del Comité Editorial de filiales y franquicias de La Jornada.