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Federico Anaya Gallardo

Sólo elevando el zoom de nuestro análisis podemos racionalizar los textos de Beatriz Pagés Rebollar que comenté la semana pasada. Por eso traje a cuento el relato de la tía católica anti-comunista en la casona de San Cosme. La tonada de Pagés Rebollar está en la misma armonía de la matriarca que imaginaba machos cabríos dirigiendo las reuniones de liberales y comunistas. Pagés espera lo peor del obradorismo e imagina a los obradoristas como agentes subversivos al servicio de una agenda ajena, foránea, intrusa. Pagés Rebollar está en el mismo campo social (Bourdieu) que la anciana tía de mi amigo. No están solas. Las acompaña el primer obispo de Huejutla, José de Jesús Manríquez y Zárate, quien escribió en 1936 un libro titulado El Socialismo en el que argumentaba en contra de la Revolución mexicana. No es raro, tomando en consideración que José Pagés Llergo, el padre de Beatriz, poco antes de cumplir treinta años, realizó una serie de entrevistas a los jefes europeos del fascismo entonces triunfante (Hitler, Mussolini, Franco, Hácha).

La entrevista a Hitler habría ocurrido al entrar el Führer a Varsovia a mediados de septiembre de 1939. (Enrique Krauze ha puesto en duda que la entrevista haya realmente ocurrido.) Fue publicada en México en octubre siguiente por Hoy, que era entonces la revista de Pagés. (“Yo hablé con Hitler”, Liga 1.) Pagés Llergo no se limitó en sus elogios al canciller teutón: “Ataviado majestuosamente con su capote de campaña, Hitler da cuatro pasos al frente y se para ante mí en seco. Sus ojos azules de color de acero se clavaron en los míos. … con parsimonia, fue zafando, uno a uno, los dedos de sus guantes grises que cubrían una mano blanca fina, delicada: manos de artista, manos de lirio que parecen dar la clave de la extraordinaria sensibilidad de este hombre que realizó en diez años lo que Napoleón y Julio César; lo que Carlos V y Bismarck no pudieron consumar en una vida.” Para el mexicano, en las tropas que rodeaban al líder alemán “brilla(ba) una mística extraña”. El canciller alemán era “una figura viviente de la vieja mitología germana. Una sonrisa suya haría dichosos a cualesquiera de sus hombres. Una mirada de reproche sería motivo suficiente para justificar un suicidio. … ¿Quién es Hitler? Envuelto en la bruma de las leyendas nórdicas, su figura material surge al mundo confusa en sus perfiles. Con la fuerza de una catapulta saltó a la historia para escribir, con fe de iluminado, una de las páginas más sorprendentes que registra el siglo. … Rodeado por la aureola misteriosa de los ídolos, sólo trascienden sus actos y sus pensamientos. … rige con dulzura de apóstol y fiereza de agitador a media Europa. Su solo pensamiento conmueve a cuatro continentes; su simple deseo es orden que un pueblo, a los pies del ídolo, ejecuta inspirado por la chispa divina.”

Discúlpame, lectora, por la extensa cita. Pero es relevante recordar los varios tonos de los discursos que estamos analizando. Por si lo anterior no fuera suficiente, el mexicano aseguró a sus lectores que el líder alemán “tiene la visión de Bismarck; la energía de Federico. En él encarna toda la grandeza de un pueblo al que el mundo no pudo sojuzgar. … Jamás un hombre ha podido identificarse tanto a un pueblo; jamás un pueblo ha podido identificarse tanto a un hombre. Bonaparte no fue Francia; César tampoco fue Roma; Carlos V no fue síntesis de España. ¡Hitler sí es Alemania y Alemania es Hitler!”

Ante las ruinas de Varsovia, Hitler habría explicado a Pagés Llergo que la destrucción fue culpa de los polacos, quienes ilusamente creyeron poder convertir su capital en “una cosa parecida al Alcázar de Toledo” –en referencia a la resistencia que allí dieron los fascistas a las tropas republicanas españolas en 1936. Hitler concluyó su brevísimo diálogo con el mexicano diciéndole “¡Aquí debían de estar aquellos estadistas provocadores de guerras para contemplar el fruto de su obra…!” Era octubre de 1939, Pagés Llergo terminó su supuesto reportaje para los lectores mexicanos de Hoy preguntándose “¿Cuál será el destino de este hombre que de simple obrero se convirtió en amo del más poderoso pueblo del mundo? Nadie sabe. Nadie puede señalar cuál es la tumba de los vientos…”

El texto que he citado era parte de la propaganda distribuida por el agregado de prensa en la embajada del Reich en México, Arthur Dietrich. Por ello es probable que la entrevista nunca haya ocurrido –como sugirió Krauze en 1998. Pagés Llergo simplemente trasmitía la visión nazi-fascista de la caída de Polonia. Acciones de propaganda nazi en México como esta han sido documentadas por Emilia Paz Salinas en su libro Strategy, Security, and Spies: Mexico and the U.S. as Allies in World War II (Penn State Press, 2010). A través de la publicidad de las empresas alemanas en México, Dietrich se aseguró que la versión nazi de la guerra llegase a los lectores mexicanos. No solamente se usaba para este propósito la revista de Pagés Llergo (Hoy) sino también Excélsior y El Universal. A partir de abril de 1940, Dietrich financió Timón, una revista dirigida por José Vasconcelos. Yo mismo he comprobado –en la Hemeroteca Nacional– cómo, en las primeras semanas de junio de 1940, cuando en Londres ocurría la Darkest Hour que hemos visto en la película de Joe Wright (2017), Excélsior publicaba casi diariamente un anuncio invitando a sus lectores a leer Timón. Desde las páginas de esta última publicación un José Vasconcelos enajenado aseguraba a los mexicanos que una Alemania triunfante no pretendería crear protectorados en nuestro continente, como sí lo había hecho la conspiración masónica liderada por Maximiliano (6 de junio de 1940).

Regresemos a nuestros días, poco a poco. Beatriz Pagés Rebollar republicó la supuesta entrevista de 1939 en el número 1932 de Siempre!, del 4 de julio de 1990 –cuando el neoliberalismo había ganado su primera batalla contra la izquierda mexicana. No es casualidad, diría un observador atento. Ahora, casi tres décadas más tarde, Pagés Rebollar nos dice que en el Palacio Nacional obradorista hay una “oficina chavista” y que una conspiración totalitaria se incuba con el avieso objetivo de destruir nuestra democracia. No nos engañemos. La tonada de Pagés Rebollar en 2018-2021 es la misma que la de Pagés Llergo en 1939. Cuidémonos de esa música. En 1939-1940 Hoy y Excélsior execraban el izquierdismo del General Cárdenas, al tiempo que denunciaban la presencia de extranjeros comunistas en el gobierno federal y exigían que la migra mexicana expulsara a esos “agitadores”. Ayer, el verdadero enemigo de México era el fascismo y tanto los EUA como la URSS eran nuestros aliados. Hoy, Siempre!, El Financiero y El Universal denuncian el obradorismo y nos alertan acerca de un supuesto “catecismo chavista”, denunciando un totalitarismo que sólo existe en sus mentes febriles.

agallardof@hotmail.com

Liga usada en este texto:

Liga 1:
http://conversacionesperiodisticas.blogspot.com/2008/12/yo-habl-con-hitlerartculo-escrito-por.html