Federico Anaya Gallardo
En mi entrega de esta semana para RompevientoTV (Liga 1) subrayé el contexto democrático en el cual estamos discutiendo la Reforma Judicial. Existe un mandato popular a favor del principio electivo y la mayoría parlamentaria en las cámaras federales no puede ignorarlo. La oposición tampoco debe olvidar ese contexto: no se vale buscar ganar en comisiones lo que perdieron en las urnas. Mayorías y minorías deben considerar que ignorar –bajo cualquier pretexto– el mandato dado en las elecciones puede acarrearles consecuencias en la siguiente elección.
Ese es el más importante límite del mandato electoral. En Democracia siempre hay una siguiente elección. Y en esos comicios (la elección parlamentaria intermedia de 2027 y la elección presidencial de 2030) las condiciones de 2024 pueden variar. Es más, lo prudente para Morena es asumir que variarán.
Veamos. Las y los analistas del proceso electoral que está cerrando coinciden en que la oposición de derechas no entendió lo que estaba ocurriendo –que las élites tradicionales estaban descolocadas. Aparte de lo que ya describí en RompevientoTV, agregaría lo dicho por Javier Tello en la edición de Es la Hora de Opinar del lunes 3 de junio de 2024 (Liga 2, minuto 16 & ss): “La locura de la lógica del voto a favor del prian era que: Estamos donde estamos, ¿por culpa de quién? Del PRI, del PAN. Estamos [con] la situación social económica como está, ¿por culpa de quién? Por el PRIAN. ¿Cómo salimos de esto? ¡Votando por el PRI y votando por el PAN! En fin… [yo] digo [que] era muy complicado… con esa lógica, salir a votar por el PAN”. Zuckermann le recordó que esa narrativa se complementaba señalando que “Morena es en realidad el PRI”, porque López Obrador es como López Portillo, porque el obradorismo es la reencarnación del PRI autoritario del siglo XX, y un largo y falso etcétera que tú y yo bien conocemos, lectora, pues la comentocracia lleva diez años repitiéndolo.
Mauricio Merino (de quien nadie dirá que es chairo) reconoció el lunes 24 de junio de 2024, en su columna de El Universal (un medio perfectamente fifí) que lo que estamos viendo es “la instauración de un nuevo régimen político, distinto de cualquier otro del pasado”. (Liga 3.) Que estábamos ante un régimen nuevo era evidente desde hace años. De eso escribí en RompevientoTV el lunes 2 de mayo de 2022. (Liga 4.) Pero la comentocracia siguió girando alrededor de su narrativa de la “restauración echeverriísta”. Y los partidos de la derecha se compraron el discurso y alucinados se fueron con él a la campaña de 2024. Si les concedemos un mínimo de racionalidad a las derechas, no podemos contar con que en 2027 y 2030 cometerán el mismo error.
En la izquierda no debemos cifrar nuestra fuerza en los errores de la derecha; aunque nos hayan ayudado mucho y los sigan cometiendo. Por ejemplo, un reconocido profesor de Derecho de la UAM-Cuajimalpa acaba de colocar el siguiente trino en la pequeña República de Twitter: “Tiene razón @XochitlGalvez en que @lopezobrador_ usó violencia política de género contra ella y pisoteó así su candidatura. Les comparto también el primer caso conocido en la historia de un sátrapa actuando así contra una mujer digna”, agregando imágenes de la colección del Museo Británico que documentan la persecución del rey de Asiria Ashur-bel-kala en contra de una mujer en el siglo XI aC. (Liga 5.) Comprendo la metáfora, pero me parece que el público entenderá muy claramente las diferencias entre la Asiria de 1050 aC y el México de 2024 dC.
Pensemos un poco más seriamente. ¿Qué pasaría si en 2027 y 2030 la derecha deja de comparar a AMLO con monarcas mesopotámicos o con Echeverría o con Plutarco Elías Calles? ¿Qué ocurriría si generasen un discurso razonable de derechos, responsabilidades y estabilidad a partir del nuevo consenso social creado por el obradorismo? En una de esas, terminan de entender lo que les ha estado diciendo por seis años Zepeda Patterson: que el obradorismo es la voz que representa a los que no tenían representación y quienes difícilmente se callarán en el futuro. Se los acaba de escribir, desde su propio cuartel intelectual, Mauricio Merino: el nuevo régimen –al contrario que el viejo PRI– sí tiene una ideología. A Merino no le gusta y la describe como “la confrontación y la polarización”, pero las posiciones del obradorismo son una versión bien enraizada culturalmente de la lucha de clases y la aspiración de liberación plebeya de la izquierda occidental.
Debo agregar que, en este su actual dilema, las derechas mexicanas están en magnífica compañía histórica. Los tories o conservadores británicos y Churchill estaban seguros de que el electorado les daría la victoria en 1945. ¿No había salvado Winnie a Inglaterra del terror nazi? Pero los laboristas (esos “corderos en piel de corderos” que tanto despreciaba Winston) habían trabajado durante toda la guerra desde abajo. Y habían convencido a las mujeres y a los hombres del reino que el viejo león victorioso no debía dirigir la paz y la reconstrucción. Igual que en el México de nuestros días, en aquella Inglaterra las encuestas mostraban el creciente apoyo a los laboristas. Clement Atlee ganó con 50% de los votos, dejando a los tories con sólo 36%. En el parlamento de 640 curules, la izquierda ganó 393 (61%, una sobrerrepresentación de 11 puntos) y la derecha 197 (31%, una subrepresentación de 5 puntos). ¡Una ventaja de 195 curules, el doble! (El resto se repartió entre liberales y liberal-nacionalistas que eran fuertes regionalmente.)
Y aquí es adonde este viejo ejemplo inglés es una buena y oportuna advertencia para Morena. Aunque en los cinco años de gobierno que fueron de 1945 a 1950 los laboristas establecieron firmemente el Estado de Bienestar y crearon un nuevo consenso social; en la siguiente elección general (febrero de 1950) perdieron 78 curules y los tories de Churchill ganaron 90. Pese a ese avance, el Partido Laborista aún hizo gobierno –pero su mayoría era de apenas dos votos en el Parlamento. (Es decir, ¡su ventaja cayó de 196 a sólo dos votos!) Débil, el gobierno de izquierda debió convocar a nuevas elecciones en octubre de 1951 –y allí Churchill ganó por única ocasión una elección nacional. Los conservadores obtuvieron 321 curules y los laboristas 295 (sólo 26 votos de ventaja). De hecho, desde entonces, el laborismo casi nunca ha bajado de los 250 curules –una muestra de la legitimidad de largo plazo del Estado de Bienestar británico.
El regreso conservador se explica porque los tories aceptaron el Estado de Bienestar y las nacionalizaciones laboristas. El título de su manifiesto electoral de 1950 fue muy claro: Este es el camino (This is the road). Pero, habiendo aceptado la transformación, la derecha inglesa se enfocó en la pérdida de libertades individuales frente al poderoso Estado interventor. Y se construyó un espacio en el nuevo orden social –en lugar de despreciarlo o boicotearlo.
La derecha inglesa no sólo aceptó los cambios en la estructura social, sino la renovación de su liderazgo. Winston Churchill se enorgullecía de ser descendiente del gran Duque de Marlborough (1650-1722). Margaret Thatcher era la hija de un tendero metodista de Lincoln, Alfred Roberts. ¿Será capaz la derecha mexicana de cambios como estos?
No lo harán si comparten la soberbia de Denise Dresser la noche del domingo 2 de junio de 2024 en la mesa de análisis de Latinus, cuando dijo que le “entristece saber que la mayor parte de mis compatriotas volvieron a colocarse las cadenas que les quitamos en los 80 y los 90. Volvieron a votar para que hubiera un solo partido, una sola voluntad. En nombre de la justicia social, de la soberanía de los pobres, por cualquier razón… pero políticamente es una regresión a un país que pensábamos superado…” (Liga 6, minuto 7:22:27). Tampoco les ayudará seguir la opinión de Héctor Aguilar Camín en la mesa de Es la Hora de Opinar que ya cité: “No le hace mucho servicio ni a la calidad de la causa de López [Obrador] ni a la calidad de las razones de los votantes …[que] te dan tu dinerito … entonces, la verdad, pues eres …un ciudadano … de muy baja intensidad.” (Liga 2, 19:07-19:20.) Estas posiciones las mantienen, a casi un mes de su naufragio electoral, esos comentócratas. El sábado 22 de junio de 2024, Nexos publicó una opinión de Elisa Servín en la cual, en resumen, se sigue acusando al electorado mexicano de haberse dejado comprar. (Liga 7.)
Parecería que nuestras derechas mexicanas son incapaces de renovarse. Sin embargo, las izquierdas debemos ejercer con prudencia y sabiduría nuestra actual mayoría. Porque los errores que cometamos no sólo perjudican el proyecto de una sociedad más justa y el Estado de Bienestar que apenas hemos empezado a construir. Cada fracaso será una oportunidad para que las derechas levanten una bandera democráticamente legítima. No es sólo que los victoriosos debemos “auto-contenernos”, me refiero a la obviedad de que en Democracia todos los errores se pagan.
El 5 de febrero de 2024, cuando Andrés Manuel lanzó la iniciativa de reforma constitucional para reformar los 33 poderes judiciales de nuestra República Federal, ni izquierdas ni derechas sabíamos cuál sería el resultado de la jornada del 2 de junio siguiente. Señal de que la elección fue auténtica. Por lo mismo, nadie leyó con atención la propuesta ni ponderó las consecuencias de su aplicación.
En este espacio y en RompevientoTV iré punteando cosas que deberían estar y no están en la iniciativa: ¿Por qué no se elijen popularmente los miembros del “órgano de administración judicial”? ¿Por qué no incluimos en esta reforma democrática los sistemas de justicia administrativa, agraria y militar? ¿Por qué no elegimos a las fiscalías ni a las defensorías públicas? Si el principio democrático ganó el apoyo del electorado, deberíamos profundizar en su aplicación.
Pero también señalaré algunos inconvenientes escondidos en la iniciativa. Se trata de las “contraindicaciones” de la buena medicina que eligió el Pueblo. Adelanto dos. Una: al elegir (y amarrar democráticamente) a los magistrados de circuito y jueces de distrito federales en cada circuito judicial, los equiparamos territorialmente a los poderes judiciales estaduales. Y esto los expondrá aún más al contentillo de las élites oligárquicas de cada estado. Otra: existe una tensión/oposición entre el principio electivo y una carrera judicial técnico-jurídica. ¿Queremos sacrificar esta a favor de aquél? Fuera de los tribunales supremos y superiores, ¿no sería mejor tener jueces y magistrados de carrera que sean ratificados con el voto popular? (Esas elecciones serían mucho más interesantes: la materia de la campaña serían las decisiones concretas de la persona juzgadora.)
Ligas usadas en este texto:
Liga 1:
https://www.rompeviento.tv/reforma-judicial-primero-recordemos-su-contexto/
Liga 2:
https://www.youtube.com/watch?v=BjIx5AF645M
Liga 3:
https://www.eluniversal.com.mx/opinion/mauricio-merino/no-son-iguales/
Liga 4:
https://www.rompeviento.tv/mitos-macuspana-suena-a-macondo/
Liga 5:
https://x.com/bernardobolanos/status/1805623830498435511
Liga 6:
https://www.youtube.com/watch?v=9gqE_tVJ-6Y
Liga 7:
https://redaccion.nexos.com.mx/una-sociedad-seducida-por-el-encanto-autoritario/




