- ¿Dónde está su “odiado hegemón”?
- “Nunca daremos paso a la traición”
Carlos Fernández-Vega
Distante quedó –no en tiempo, sino en forma y fondo– la entonces vicepresidenta de Venezuela (cuando, el 28 de septiembre de 2019 y a nombre de su país, participó como oradora en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, ONU) comparada con la actual “presidenta encargada” tras el ilegal secuestro estadunidense de Nicolás Maduro (3 de enero de 2026). Desde luego se trata de la misma persona, Delcy Rodríguez, pero a ciencia cierta no se sabe si ella tiene problemas de doble personalidad o de plano es políticamente oportunista.
Lo anterior, porque en aquella cumbre de la ONU tomó el micrófono “en nombre de la única Venezuela, de la Venezuela digna, la valiente, la que no se arrodilla ante poder imperial alguno”, y desde la principal tribuna de la Asamblea General transmitió “un saludo bolivariano en nombre del presidente Nicolás Maduro y del espíritu de nuestro comandante Hugo Chávez”; denunció las sucias prácticas “del hegemón del mundo –Estados Unidos– y sus satélites” en contra de su país, y subrayó que “el proyecto bolivariano es intrínsicamente contrario al proyecto monroísta que pretende hacer ver que toda nuestra América es un patio trasero de Estados Unidos”.
Todavía el 3 de enero de 2026 (tras el secuestro de Maduro y su designación como “presidenta encargada” de Venezuela, que rápidamente fue reconocida por la Casa Blanca) Delcy Rodríguez subrayó que su país “no va a ser colonia de nadie, de ningún imperio viejo ni nuevo, y la respuesta será unitaria, organizada y consciente, defendiendo la soberanía con dignidad; el único presidente de Venezuela es Nicolás Maduro y exijo su liberación inmediata junto a su esposa, Cilia Flores”.
No se sabe con exactitud cuál de ese par de discursos debe darse por válido (28 de septiembre de 2019 o 3 de enero de 2026), pero lo cierto es que –con Maduro ilegalmente preso en Nueva York– ambos son descartables, pues en apenas ocho meses, si no es que menos, como por arte de magia se fue apagando la retórica del “rechazo” al “proyecto monroísta”, “la defensa de la soberanía” y la denuncia del “patio trasero”, para dar paso a la acelerada cuan descarada entrega de las reservas petroleras venezolanas a su “odiado hegemón del mundo”, disfrazando el saqueo por ella autorizado de “pacto binacional que tendrá un impacto significativo en el renacimiento nacional”, con todas las de ganar para el barón Trump (para él, 71 por ciento de las ganancias por la venta de oro negro ajeno durante, cuando menos, 25 años), a quien reiteradamente denunció por su injerencismo y el cúmulo de sanciones aplicadas a la nación sudamericana que “pretenden apropiarse de todos nuestros recursos”.
En las dos décadas recientes, Delcy Rodríguez (hija del fundador de la Liga Socialista de su país y dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, asesinado por el gobierno en el primer periodo presidencial de Carlos Andrés Pérez, el mismo que en 1975 nacionalizó el petróleo venezolano, sólo para reprivatizarlo en 1990 durante su segundo mandato) de forma ascendente recorrió todo el escalafón burocrático-político –siempre dentro del movimiento chavista– hasta llegar a ser la “presidenta encargada”, toda vez que su “hegemón” predilecto secuestró a Maduro, y ya en esa posición comenzó a “desandar” el movimiento bolivariano.
Fue ministra del Despacho de la Presidencia (con Hugo Chávez en el cargo), de Comunicación e Información, de Relaciones Exteriores, de Economía, Finanzas y Comercio Exterior, así como de Hidrocarburos. Fungió de primera y duodécima presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente y de ahí a ser “presidenta encargada”, y parece que rápidamente olvidó de qué se trataba todo ello, pues más tardó en recorrer ese escalafón que en entregar el petróleo venezolano a su “odiado enemigo” (en el discurso).
¿Dónde quedaron sus denuncias y principios en aquella Asamblea General? Entre ellas, que “Estados Unidos aplica doctrinas de cambio de régimen y robo descarado de los recursos de las naciones; terrorismo económico contra Venezuela y despojo de nuestros recursos; nunca nos rendiremos ante imperio alguno; Venezuela es un pueblo digno, valiente y decididamente negado a la sumisión; el proyecto bolivariano es intrínsicamente contrario al proyecto monroísta; somos el legado infinito de la espada que heredamos de nuestro padre libertador, Simón Bolívar; nunca daremos espacio a la traición”.
Las rebanadas del pastel
¿Quién permitió que cantidades asombrosas de fentanilo mortal llegaran a territorio estadunidense? ¡Sorpresa! La “indoblegable” DEA, la misma que siempre culpa a otros de “narcotraficantes”.
Twitter: @cafevega







