Luis Ricardo Guerrero Romero
Todo eso era nuestro, pero las rencillas familiares hicieron de la herencia una peladez, como si nadie se conociera, así fue, con el ardid de los acérrimos bandidos, las pocas cosas de mi padre se fueron al olvido, ¿de qué le sirvió la vida, si en pelusas indignas quedó su heredad? Todos aquí pensamos en la dificultad con la que el finado papá pudo hacerse de sus bienes, pero a la vez, todos pensamos que mejor no hubiera nacido, así nos evitaríamos tragedias de generaciones, así no habría tenido tíos, ni primos, ni mi madre hubiese sufrido a mi lado, así no estaría yo y los otros que son como yo, pero de otras madres y dos más de otros padres.
Entre las muchas facturas que se deben pagar por la vida del otro, están las morales, aquellas inevitables realidades de las cuales uno se da cuenta hasta la muerte, hasta que ese ser querido falta, entonces de modo súbito brotan, sorpresivamente en forma de plaga acometen el sobresalto y dejan un sabor a cáscara amarga recién pelada. Pero en fin y al fin, este deceso tenía que pasar, el tenía que pelarse de este tiempo, de este espacio, de este nosotros, para dejarle ese espacio a otros pelados tanto cuanto como él.
Ya no lo recordaremos más, hemos conseguido hacer un trato con el olvido, hemos llegado al acuerdo de no interesarnos por las peleas, y nos quedaremos como llegamos al mudo, así, pelados sin ningún tipo de herencia. ¿De qué nos servirá el dinero, de qué las propiedades, los coches y los terrenos del viejo, si de todos modos nos la seguirán pelando?
Si el lector ha sido observador, aunque no se requiere un gran criterio para hacerlo, es el turno para divagar sobre la palabra pelar. La cual se eligió en estas fechas patrias, no sólo porque habrá muchos pelados festejando, o porque se habrá de pelar distintos alimentos para festejar las patrióticas fechas, sino porque es una de las tantas palabras que en mi opinión es muy mexicana.
Iniciamos por entender que en el texto anterior se usó tal verbo en distintos contextos, la semántica de dicha voz es diversa, en algunos casos puede ser empleada como vulgaridad o grosería: Juan Jesús me la pela; para referir que tal tipo es de poca monta. Pelar como mostrar algo al ser irónico: no me peles los dientes; la idea de pelar un fruto o cualquier objeto como cables o ramas, e incluso el corte de cabello, de este último se habla de un pelón pelado, pero si el sujeto tuviese mucho cabello entonces se convierte en un peludo. Asimismo, en el texto anterior se lee que el difunto murió, es decir, se peló y que muchos peladitos andan tras sus bienes, para ellos no quedarse pelados, sin dinero.
Según la propuesta por el Diccionario del Español de México, pelar tiene la idea de hacer caso a algo o alguien, ejemplo: por fin mi crush me peló. En la voz latina encontramos: pellitus [pel-litus]> pelitos> pelo. Tal palabra no refiere a pelo-vello-cabello, sino a la piel al lo que recubre algo, pero a la vez a cualquier envoltura, lo exterior de. De tal suerte es pelo-cabellara lo exterior de la cabeza. La palabra pelar en su mexicanidad tiene fonéticamente ataduras peludas con el inglés: peel, pelar, ya un fruto, ya descascarar. Aunque, peel, a la vez tiene nexos con lo pequeño, y eso sucede también en lenguas hispanohablantes, pues a los niños se les refiere como pelados, pues son aquellos imberbes que andan pelados de un lado a otro y el mundo se les hace fácil, peladito.




