Arturo Huerta González

El pasado 14 de septiembre de 2026, la presidenta de la República dijo que lo importante es la distribución de la riqueza y el bienestar por encima del crecimiento económico. Afirmó que más allá de buscar un mayor crecimiento financiero, la prioridad del modelo actual es la distribución justa de los ingresos. Y además señaló que los expertos en ecología advierten sobre los límites del crecimiento, debido al alto impacto negativo en el medio ambiente.

Al respecto cabe señalar que sin crecimiento económico no hay condiciones de distribuir el ingreso, debido a que para conseguir esto se requiere generación de empleos formales bien remunerados, así como crecimiento de la producción de bienes de consumo asalariado que permitan satisfacer la demanda derivada del mayor empleo, como del incremento de salarios que tiene que realizarse para la mejor distribución de ingreso. Si no hubiera crecimiento, no se incrementaría el empleo formal bien remunerado ni se podría incrementar salarios, ni la producción para evitar presiones inflacionarias y sobre importaciones que generaría la mayor demanda que se derivaría de la distribución del ingreso. Sin crecimiento económico no se incrementaría el ingreso de empresas y familias y del propio gobierno, debido a que la recaudación tributaria está en función del crecimiento del ingreso nacional. Si no crece el ingreso de empresas, individuos y del gobierno, en incrementada su deuda, así como las condiciones de pago de la misma, por lo que tienen que disminuir consumo e inversión para pagar la deuda y menos crecemos, y menos viabilidad hay para generar empleos formales bien remunerados para mejorar la distribución de ingreso.

Efectivamente, no hay que buscar el crecimiento financiero, que es lo que las políticas actuales de desregulación del sector financiero (donde la banca gana lo que quiere) y las altas tasa de interés, la austeridad fiscal y la apreciación de la moneda actúan a favor de dicho sector en detrimento del crecimiento económico y del empleo formal.

Si en verdad se está por la distribución de la riqueza y el bienestar de la población se tiene que cambiar la política económica actual. Se debe replantear el T MEC, como la libre movilidad de capitales. Se debe bajar la tasa de interés, incrementar el gasto público, tener un tipo de cambio competitivo que encarezca importaciones y beneficie a la producción nacional y la generación de empleo, lo que no pasa por la mente de los tomadores de decisiones en el país.

En efecto, expertos en ecología tienen tiempo señalando que el crecimiento económico ha tenido un alto impacto negativo en el medio ambiente, pero ello no implica que hay que frenar el crecimiento económico, sino el Estado debe evitar que el crecimiento contamine. El gobierno debe regular y reorientar el crecimiento económico para que no actúe contra el medio ambiente. Debe impulsar la energía alternativa, limpia, así como reducir el consumo y generación de productos que usan recursos contaminantes para preservar los ecosistemas naturales. Para avanzar en tal dirección se requiere de recursos financieros por lo que debe cambiar la política monetaria y fiscal y que estas no sigan actuando a favor del sector financiero que han limitado su uso para los objetivos nacionales donde el cuidado del medio ambiente, junto con el crecimiento del empleo bien remunerado deben ser el centro de la política económica.

Hay que limpiar ríos, lagos, calles, parques, bosques. Utilizar fertilizantes no contaminantes. Rechazar los cultivos transgénicos. Generar cultura de reciclaje. Impulsar el transporte público y reducir el uso de autos con energía contaminante. Que el consumo no sea determinado por el consumo de los países desarrollados, sino rescatar la cultura nacional que preserve el sistema ecológico.

ahuerta@unam.mx
Profesor del Posgrado de la Facultad de Economía de la UNAM desde 1975

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