Juan Pablo Duch

En un acto cargado de simbolismo, Maria Pontoppidan, profesora de la Universidad Lomonósov de Moscú de origen danés, hizo entrega de una pequeña pieza arqueológica precolombina de gran valor al embajador de México en Rusia, Eduardo Villegas, en representación de quien es su verdadero dueño: el pueblo mexicano.

La ceremonia, con una concurrida asistencia, tuvo lugar en la sede de la legación mexicana en Rusia y, tras agradecer la iniciativa de Pontoppidan de ceder de manera voluntaria la figurilla, Villegas aclaró que no se trata de un regalo, sino de un acto de entrega–recepción de un bien que nunca debió de salir de México al ser parte del patrimonio nacional.

Con esta entrega “gracias a personas como Maria, vemos que la justicia es posible cuando existe buena voluntad y respeto a la historia”, subrayó el diplomático.

Recordó que la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum está comprometida con la estrategia de Mi patrimonio no se vende, que ha permitido recuperar 5 mil 694 bienes de carácter cultural en los dos años recientes.

El acto también contó con la participación de Dimitri Beliayev, profesor del Centro Knorozov de Estudios Mesoamericanos y coordinador de la carrera de arqueología en la Universidad Rusa de Humanidades, quien hizo un recuento de las grandes contribuciones de las culturas precolombinas al desarrollo de la humanidad y elogió los esfuerzos del gobierno mexicano por preservar el patrimonio nacional.

Largo viaje

En palabras de Maria Pontoppidan, allá por 1991 esta joven danesa se encontraba en México como estudiante de intercambio académico y, entre sus viajes por el interior del país, tuvo la oportunidad de conocer Oaxaca.

En la comunidad de San Felipe del Agua, cuenta con una sonrisa que trasluce que ese viaje le trae mucho más que buenos recuerdos, un admirador local le obsequió una pequeña pieza arqueológica –la cabeza de una figurilla antropomorfa, estilo zapoteco– para que nunca se olvidara de su estancia ahí.

Más de 35 años después, la ahora escritora, traductora de literatura medieval y profesora de idioma danés y cultura de ese país nórdico en la facultad de Filología de la Universidad Lomonósov de Moscú, donde fijó su residencia tras defender su tesis de doctorado en filosofía con Una ética de la excarnación acerca de las enseñanzas del filósofo griego Plotino, se enteró por casualidad que la figurilla que tanto apreciaba como entrañable remembranza del tiempo que pasó en México no era una simple baratija para turistas y, en realidad, podría ser un bien arqueológico, propiedad de la nación mexicana.

Pontopiddan, quien siempre ha expresado un gran respeto por los pueblos originarios y su invaluable legado, no dudó en acudir a la embajada de México en Rusia para manifestar su deseo de restituir la figurilla, en caso de comprobarse que se trataba de un bien arqueológico de posible origen precolombino que debe pertenecer a los mexicanos.

El embajador Villegas de inmediato solicitó, por los conductos diplomáticos adecuados, que se hiciera el respectivo peritaje y, el 19 de marzo pasado, el arqueólogo Mario Ramón Flores Cardoso, adscrito a la dirección de registro público de monumentos y zonas arqueológicas e históricas, analizó en el equipo de cómputo de la institución las fotografías del objeto y, mediante el método analógico, concluyó:

“Puede establecerse que la pieza objeto del presente dictamen es un monumento arqueológico mueble, estilo zapoteco, elaborado en el estado de Oaxaca durante el periodo Clásico Tardío mesoamericano (650-850 dC)” y, por tanto, “forma parte del patrimonio cultural del país”.

La cabeza de figurilla antropomorfa plana simple –describe el experto: elaborada en barro mediante la técnica de modelado y esgrafiado, que representa a un personaje femenino de clase alta, porta orejeras circulares y un tocado en forma de pequeñas trenzas rematas con plumas, flores en los extremos y flecos al frente– podrá iniciar ahora los trámites para su repatriación y, de ese modo, volver al lugar del que nunca debió de haber salido.

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