Luis Ricardo Guerrero Romero

Ya nos habíamos cansado de caminar en el valle, y varios de nosotros estábamos por claudicar de la esperanza que planteamos hace una semana y media, en que nuestra Range Rover Evoque patinó sobre el asfalto y nos dejará varados en la niebla y en la nada. Pero justo cuando la mitad del grupo se recostó sobre las piedras y el musgo, él, comenzó a decir: Entre las mil formas en que representamos las cosas, se eligió un par de líneas verticales y paralelas para indicar que algo está en pausa, un par de barreras que impiden avanzar, es de suerte una retención necesaria antes de actuar, pero la pausa no es un stop¸ es más bien un espacio breve de nada que está dispuesto a continuar. Punto se escribe y no más bien coma, porque el punto detiene el hecho y la coma es la pausa, es la suavidad que cae como un sutil rasguño en la hoja, y permite respirar-reaccionar. La pausa intrépida señal, reloj de arena, segundero y péndulo, espacio en donde habita el silencio. Toda pausa es silencio, no hay pausa de ruido o de griterío, y entre palabra y palabra reside en la pureza todo el ser pausado.

Es complejo describir el trascurso de un minúsculo silencio, quizás en el susurro de un par de enamorados, tal vez en el viaje apacible de una burbuja en el aire, o en el trayecto de muerte que hace una daga en el cuello del enemigo. Sin dudas ocupamos de la pausa para todo y en todo está sin estar, por eso es un camino paralelo en razón de lo que se continúa. Pausa es una palabra tan necesaria, que incluso se presenta sin muchas variaciones en distintos idiomas, los alemanes la enuncian con fuerza y los franceses reflexivos, pero está allí con idénticas tipografías como parando las desigualdades lingüísticas entre una nación y otra. Esperarse y pensar un poco el siguiente discurso es sano, pero pararse y cambiar totalmente de discurso es idiota, es locura. Detenerse jamás, tenerse siempre, y, ¿cuánto tiempo dura el detener?, y, ¿cuánto tiempo nos tenemos? Sólo nos tenemos mientras vivimos, y en entonces, para qué detenernos, si podemos hacer pausa.

Hacer pausa, suena tan común que los viajeros del relato anterior con seguridad creerían que la zozobra se adueñaba del sujeto que empezó a discurrir sobre esperar un momento. No obstante, las ideas de quien nos habla en el relato, es importante redondear bien el asunto de la pausa, y bien que comenzamos con identificar a esta palabra a partir de las voces helénicas παυρος (pauros) y παυστηρ (pauster), las cuales ofrecen el significado de breve y corto; reposo y cesación (respectivamente), tales acepciones dotaron de elementos semánticos y de suerte algunos fónicos para que al latín llegara la conformación de la palabra: pausa, la cual parece no haber sufrido variaciones tipográficas al llegar al español, sin embargo, tuvo un cambio semántico, ya que mientras para los griegos la idea era reposo, en la antigua Roma se adopta como tregua; aunque invariablemente el sentido de tregua resulta de igual modo un ejercicio de cesación.

Cabe resaltar que la voz pausa, o más bien, el sentido que enmarca dicha voz, está emparentada con otras palabras de uso tan trillado que parece escapar a la vista, como lo son: posar, posada, menopausia; en las primeras parece obviarse el sentido de esperar o pausar el cuerpo en un sitio, y en el tercer ejemplo es enfático al indicar que la menstruación cesa. Destacamos que hay otras muchas palabras o grupos que la voz pausa ha dado play.

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